crítica: El chico de la última fila

Cuando el teatro genera misterio

Ariel Caldarelli protagoniza un gran texto de Juan Mayorga, bajo dirección de Eduardo Cervieri

El chico de la última fila
El chico de la última fila, un espectáculo recomendable. Foto: María Fernández Russomagno

Un argumento notable, muy bien trenzado en el escenario, a través de dos historias. Por un lado un profesor de literatura, y su alumno dilecto, perfecto, que parece estar por encima del profesor. El docente comparte las historias que su alumno escribe con su esposa, y ahí se dan tres vínculos significativos.

Los nexos se multiplican con otra familia, de la que el alumno escribe, a través de composiciones duras, llenas de maldad, de descarada mirada hacia la vida diaria de gente corriente. El autor, el reconocido dramaturgo español Juan Mayorga, juega con esos dos mundos, el de la creatividad con una buena cuota de malicia, y el de la vida común y corriente. Y la creación de textos como puente entre ambos universos, el texto como vínculo y como elemento demoledor.

Y la mayor belleza de esta obra, que la puesta en escena de Eduardo Cervieri conserva muy bien, es toda la dinámica de cómo están articuladas las distintas escenas. Y cómo otros elementos aparentemente azarosos (como una estatuilla de un dragón chino, o el idioma alemán) van cruzando los sentidos de esta obra, muy interesante de ver.

No fue asombroso encontrar a Ariel Caldarelli explotando los muchos matices de ese profesor de literatura, aunque sí fue una buena sorpresa lo compacto del trabajo del elenco. Y cómo eso ayudó a crear ese clima de misterio, bastante enfermizo, algo felisbertiano, que Mayorga propone y Cervieri explota.

El año pasado la Alianza americana había estrenado La tortuga de Darwin, de Mayorga, una obra genial que articula lo fantástico y lo cotidiano. Ahora, con El chico de la última fila se puede ver otro gran texto del dramaturgo madrileño, que sin apartarse un pelo de la realidad, conjuga una representación misteriosa, perversa, imaginativa, que entretiene mucho como espectáculo, y que estimula la mente del espectador, lo provoca, le hace pensar.

El  chico de la última fila
Cecilia Patrón, otra de las figuras destacadas de esta obra de Juan Mayorga
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