OBRA

El teatro como acto provocador

Hoy Rogelio Gracia presenta “Tom Pain” en Teatro Circular.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Rogelio Gracia viene de un año intenso a nivel teatral. Foto: F. Flores.

Tom Pain, un poco común monólogo que realiza el actor Rogelio Gracia, vuelve hoy a la cartelera de teatro, para dar solamente seis funciones. Estará en Teatro Circular (Rondeau 1388), los sábados a las 21.00 y los domingos a las 20.00.

El subtítulo de la obra, Basado en nada, habla a los gritos del carácter rupturista, anárquico, del texto, obra del reconocido dramaturgo norteamericano Will Eno. En él, un hombre al parecer corriente, está dispuesto a compartir su historia con el público. Y como tantos monólogos, tiene como argumento la propia biografía del personaje, quien repasa aspectos de su infancia, sus recuerdos, sus buenos y malos momentos. Pero el fuerte del asunto no está tanto en el contenido de la trama en sí, sino en la forma que el asunto se desarrolla en escena.

De ahí que la dramaturgia de Eno haya sido considerada con puntos de contacto con la de Samuel Beckett. Porque el protagonista relata su vida en tres etapas biográficas, yendo una y otra vez de una a otra. Está la historia de algunos episodios en principio menores, como una picadura de abeja, o el recuerdo de un perro. Y también la experiencia con una mujer. Saltando de un tema a otro, el espectáculo parece plantear muchos más temas de los que se narran en el escenario.

El autor busca que su personaje se exprese con una honestidad que trascienda las convenciones escénicas. Y es por eso que una y otra vez rompe la linea divisoria entre actor y personaje, haciendo dudar al público sobre el lugar de enunciación de Gracia. El personaje juega a perder el hilo de la historia, finge lagunas, crea largas pausas, lleva al extremo el código teatral. Todo con el objetivo de confrontar a cada espectador consigo mismo.

En 1966, hace ya un poquito más de un siglo, se estrenaba un texto que fue clave para el teatro de los años 60: Insultos al público, de Peter Handke, que de alguna manera es un antecedente de este texto de Eno. El dramaturgo austríaco jugaba con todo tipo de convenciones escénicas, buscando incluso desafiar al auditorio. El trabajo del autor norteamericano toma el camino de convertir el dolor del personaje en provocación, lanzando a la platea más de una frase sarcástica.

Desde la dirección, Lucio Hernández crea también situaciones visuales de interés, en el marco de un panorama escénico austero, dominado por un sillón y poco más. La traducción de Stefanie Neukirch, la iluminación de Rosina Daguerre, y la ambientación sonora de Federico Moreira conjugan con la propuesta del planteo, redondeando un espectáculo de interés, y poco frecuente.

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