ENTREVISTA

Soledad Silveyra: "Hayan sido ellos o yo, fue una buena decisión irme de Showmatch"

La actriz repasó junto a El País algunos hitos de su carrera, antes de su presentación en Montevideo junto a Facundo Arana en Cartas de amor

Soledad Silveyra
Soledad Silveyra, un repaso por su gran carrera. Foto: Leonardo Mainé

Desde su rol como jurado en Bailando, en Showmatch, hasta El amor tiene cara de mujer, la gran telenovela argentina de los años 60, la carrera de Soledad Silveyra recorre medio siglo de la televisión argentina. Y sigue adelante: para enero próximo ya firmó contrato con Sebastián Ortega, para su siguiente papel televisivo. Y también sigue al firme en los escenarios. Ahora, el viernes 13 y sábado 14 de setiembre volverá al Teatro Metro con Cartas de amor, comedia romántica que ella lleva adelante junto a Facundo Arana. Entradas en Abitab, desde $ 1690 a $ 990.

Bajo dirección de Selva Alemán, la obra se centra en dos personajes, que leen las cartas que han intercambiado durante casi 50 años. El texto del dramaturgo norteamericano A. R. Gurney (que se estrenó en 1988) recorre esperanzas y ambiciones, decepciones y victorias, de estas dos personas que a lo largo de sus vidas transitan por diferentes formas de amor. 

Soledad Silveyra y Facundo Arana
Soledad Silveyra y Facundo Arana, juntos en escena. Foto: Difusión

Para una parte del público, sin embargo, el nombre de Soledad Silveyra está unido a Gran Hermano. “Vos me decís Gran Hermano y lo primero que me viene a la cabeza son las Torres Gemelas. Me tocó todo adentro de esa casa, porque arranqué en 2000. Y lo que más quedó en la gente fue aquella frase, ‘adelante mis valientes’. La verdad es que la primera vez que lo dije, me salió del alma. Y de verdad que los participantes me parecían muy valientes. Yo vivía en esa casa, y era una locura. Me enteré de cosas que pasaban en la casa de Gran Hermano, que no se enteraron ni los guionistas. Y un día se me ocurrió decir ‘adelante mis valientes’, y Claudio Villarruel me acuerdo que me dijo que cómo se me podía ocurrir llamar valientes a todos esos vagos. Y quedó la frase para siempre. Esas cosas que pasan”.

Soledad Silveyra
Soledad Silveyra, regresa a Montevideo. Foto: Leonardo Mainé

-Esta obra habla sobre el amor. ¿Tuviste alguna experiencia autobiográfica que te remita a la obra?

-Sí, yo trabajo en esta obra mucho desde mi relación con mi madre. Mi personaje es mi madre. Tiene todo el torbellino de mi madre, las depresiones de ella, sus alegrías. Te diría que es como un homenaje a mi vieja. Mi madre se quitó la vida, y yo desde muy chiquita vi que mi madre se quería quitar la vida. Hay que saber crecer con eso. No es fácil. Y mi personaje también, aunque no lo puedo contar para no desvelar el final. O sea que hago una actuación muy basada en mis emociones.

-A veces en Showmatch hay concursantes que se quejan porque son discriminados por el jurado. Son situaciones que parecen pequeñas al lado de esas verdaderas tragedias.

-Sí, sí, es un poco mucho. Es que se pierde el valor de las palabras, la dimensión de las palabras. Como que toda palabra se usa para cualquier cosa. Y no: hay un valor en la palabra que siempre tendría que estar presente. Hoy más que nunca las palabras deberían tener valor. Sobre todo en momentos de crisis. 

Soledado Silveyra y Facundo Arana
Soledad Silveyra y Facundo Arana, en Cartas de amor. Foto: Difusión

-¿Extrañás estar en Showmatch?

-No, quiero estar en el teatro. Me ha dado mucho el Bailando por un sueño, lo pasé bien. Aunque tuve momentos en los que pasé mal. Guardo un hermoso recuerdo de todo eso, pero quiero actuar. Fueron cuatro años sin actuar, y para mí es mucho tiempo. Sin actuar se desafina el instrumento. Después del Bailando volví a actuar y tuve grandes satisfacciones. Este año de gira por todo el país con Cartas de amor, hice un laburo en Monzón que fue muy elogiado. Ahora hago la novela nueva de Sebastián Ortega, a partir de enero, en la que tengo un hermoso personaje. No puedo contar porque me pidieron que no diga: ya la van a ver.

-¿Por qué dejaste el jurado del Bailando?

-Creo que fue mutuo, que ellos no me quisieron y yo también sentí que cumplía mi ciclo. Yo no estaba bien por el accidente que tuve: yo tuve un accidente muy grave que me rompí la apófisis odontoides, que es el huesito que te permite rotar la cabeza. Y eso me tuvo muy mal. Pero hayan sido ellos o yo, fue una buena decisión irme de Showmatch. Yo no estoy acostumbrada a la pelea, no sé pelear en público. Tal vez en la privacidad sí soy peleadora. Pero Moria y Nacha me ayudaron mucho cuando yo estaba en el jurado. Ellas me peleaban un poquito, para que hubiera una cuota de pelea. Y después traté de poner lo del Negroni, y me salió mal. Porque una vez me gritaron por la calle “borracha”, y casi mato. Aunque es increíble lo que te da a nivel de popularidad, sobre todo en las nuevas generaciones. Eso es lo más atractivo de todo.

Soledad Silveyra
Solita Silveyra, una gran actriz. Foto: Leonardo Mainé

-Te voy a pedir que evoques los inicios de tu carrera, cuando trabajaste con Palito Ortega.

-Sí, Palito Ortega me regaló el primer ramo de rosas rojas de mi vida. Porque yo cumplí 15 años cuando filmé con Palito Un muchacho como yo, en Mar del Plata. Yo cumplo el 13 de febrero y él me hizo llegar a mi habitación un ramo enorme como nunca había visto. Lo de Palito era una locura: me acuerdo que en el estreno había mujeres con Gillette entre los dedos, para llevarse un pedacito de Palito. No me olvido más, qué horror, qué horror.

-También trabajaste con Sandrini.

-Yo trabajé con Luis Sandrini a los 14 años, a los 15 con Palito y a los 16 con Sandro. Sandrini era un sol. Cuando uno es tan grande, qué sentido tiene no ejercer la humildad. Era gente muy generosa, porque tenían tanto, que no les costaba nada dale un poquito al más joven. Sandrini era una persona de un nivel increíble. Siempre estaba preguntando por la nena, como él me decía. 

Soledad Silveyra en Showmatch, 2016
Soledad Silveyra en Showmatch, 2016

-Tú fuiste como el modelo de la adolescente argentina de los años 60.

-No creas, porque yo no tuve infancia, y empecé a trabajar a los 12 años. Fui una niña sin infancia, por eso no me quiero sacar de encima a esta niña que llevo adentro. Nunca tuve una vida de niño, entonces ahora me desquito con el abuelazgo. Y me pongo a la altura de mis nietas. Y juego y me entretengo con ellas como si tuviera 10 años.

-¿Pero en la adolescencia no te tomaste la revancha?

-No, yo siempre laburé, amor. Estaba al lado de los más grandes, pero trabajando, con responsabilidades. No fui hippie. No tuve tiempo para el hippismo. Había que ganar el mango. Sí es cierto que fui una joven que representaba independencia. A los 20 años yo ya producía teatro. A los ocho años de haber empezado a trabajar ya era empresaria. O sea que fui una chiquita que creció de golpe. Y siendo la responsable de la casa. En ese sentido me siento orgullosa, porque siempre que un padre, o una madre, te abandona, siempre hay marcas que quedan. Son cicatrices. Y esta profesión me ayudó muchísimo a sobrellevar los dolores de la vida. El teatro fue mi gran terapeuta.

Soledad Silveyra protagonizó la telenovela Rolando Rivas, taxista en 1972.
Soledad Silveyra protagonizó la telenovela Rolando Rivas, taxista en 1972.

-Antes la fama no se conquistaba así como así.

-Hoy en día es famoso cualquiera. Antes había que ganárselo, unos con más suerte, otros con menos. Pero había que pararse frente a las autoridades de los canales, frente a Nené Cascallar, a Alberto Migré. Y había otra educación. Gracias a Dios no he vivido ningún episodio de violencia hacia la mujer, nunca tuve un ataque de un varón. En ese sentido fui muy cuidada en el mundo del espectáculo. Estoy muy agradecida, porque estuve rodeada de los mejores. Estaba rodeada de arte, y de artistas maravillosos. Hoy, con lo mediático, eso ha cambiado. Hay mucha más frivolidad. Pero también tenemos una juventud maravillosa, con muy buenos actores jóvenes.

-¿Qué te acordás de El amor tiene cara de mujer, aquella exitosa telenovela de los años 60?

-Todo. Me acuerdo cuando me llevaron a tomar el té con Nené Cascallar, y del terror que yo tenía. Y de cómo agradecía cuando Evangelina Salazar decidió casarse con Palito, y dejar de trabajar. Porque ahí yo empecé a ocupar el lugar de Evangelina. El otro día le contaba a Sebastián Ortega, cuando él me estaba contratando, que su padre fue el primero que me regaló rosas rojas. Y también le contaba todo lo que yo festejé en mi casa el día que Evangelina dijo que no trabajaba más, para dedicarse a ser madre. Yo decía para mí “bien, Evangelina”. Y ahí empecé a tener más trabajo yo.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)