ENTREVISTA

Soledad Silveyra: "No creo que Tinelli quiera ser presidente”

La reconocida actriz se presenta junto a Facundo Arana desde el viernes en Teatro Metro

Soledad Silveyra
Soledad Silveyra, en Montevideo. Foto: Marcelo Bonjour

Son cartas, pero no serán leídas, sino interpretadas. De eso va Cartas de amor, que desde este viernes se presentará en Teatro Metro, reuniendo a dos figuras de la vecina orilla: Soledad Silveyra y Facundo Arana. Reconocida comedia romántica del dramaturgo norteamericano A. R. Gurney, tiene como protagonistas a Melissa y Andrew, quienes a través de cartas intercambiadas durante casi medio siglo, repasan una profunda amistad pautada por una fuerte atracción mutua. Esperanzas, ambiciones y sueños, pero también decepciones y fracasos, irán marcando los climas de un trayecto ficcional que promete ser altamente emotivo. Va el viernes a las 21.00, el sábado a las 20.30 y el domingo a las 20.00, y las entradas están en Abitab, a $ 990, $ 1190, $ 1490 y $ 1690.

Cartas de amor es una obra que se presta para dos grandes protagónicos: en Uruguay la interpretaron China Zorrilla y Taco Larreta, en la Alianza Uruguay-Estados Unidos, en 1990, bajo dirección de Oscar Barney Finn.

“El personaje de Facundo es muy conservador, y está muy metido en política, en ser honesto a su pueblo. Y mi personaje es un torbellino. Tanto que ella en un momento le dice que él buscaba una amiga y ella buscaba un amante. Mi personaje es una loca linda, pero a la vez es una mujer autodestructiva, con una enorme ironía y un gran sentido del humor. Yo amo este personaje. Graciela Borges, que hizo este personaje durante 10 años, un día me llamó por teléfono y me dijo, ‘Solita, sacá a tu niña que tenés adentro, para que te cuide de Melissa. Porque Melissa te puede hacer daño’. Y es verdad. Yo además, al hacer este personaje, mi vieja me vino mucho a la cabeza. Tiene que ver con un ser que no puede resolver su vida. Que intenta y no puede”, contó la actriz.

-¿En qué registro actoral te sentís más cómoda?

-En todos, pero me gustan las obras que trabajan la emoción y que también te sacan una sonrisa. No me gustan las obras con una densidad oscura. Y tampoco soy una comediante, en la línea de saber hacer muecas. Creo que  soy una buena cómica, en el sentido de la comicidad. Soy una actriz que se maneja bien en la emoción, en la transmisión de emociones. Y siempre me gustaría poder hacer textos que transmitan valores, que nos hagan reflexionar, pero buscando también que te puedas reír en algún momento.

-¿Cómo fue el trabajo mano a mano con Facundo Arana?

-Fue difícil porque tuvimos la dirección de Selva Alemán cinco días. Luego ella se fue y quedamos solos. Cuando A. R. Gurney escribe esta obra propone que se hagan tres lecturas, y que después los actores la hagan. Y eso es porque generalmente se hace leída. Pero al soltar Facundo y yo el libro (aunque lo tenemos en escena porque estamos hablando de cartas), el registro tuvo que ser otro. Yo no puedo en esta obra dejar de mirar al público, porque me parece que es la mejor manera de comunicar el texto. Entonces, nos llevó un tiempo ordenarnos en todo eso con Facu. Y al hacer la obra interpretándola, no leyéndola, pasamos por momentos donde tuvimos que afinar mucho el asunto, y hacerlo solos. Hubo momentos de encuentro y de desencuentro. Fue duro, porque estábamos solitos.

Soledado Silveyra y Facundo Arana
Soledad Silveyra y Facundo Arana, en Cartas de amor. Foto: Difusión

-¿Encontrás que la dramaturgia argentina se renueva?

-Ahora está costando escribir más. Pero creo que esto está pasando en todo el mundo: se estrenan menos obras, y se reponen muchas. Noto que hay como una crisis de autores, en este mundo moderno, tecnológico. En ese panorama muchas veces no se sabe bien a donde ir, y siempre se vuelve a caer en los autores que siendo contemporáneos son consagrados, Arthur Miller y esos que se hacen siempre. Yo siempre busco, y tengo obras, pero muchas son monólogos. Y a mí me gusta compartir el escenario, tener la mirada del otro actor. Trabajar juntos en una verdadera construcción entre varios. Hoy la malaria hace que cada vez las obras tengan menos personajes.

-¿Sentís que hay buenos papeles para tu edad?

-No es fácil encontrar obras para mi edad, se te achica el paño. Los hay para gente con más edad: pero yo estoy justo en una edad en la que no es fácil encontrar obras que te completen. Y cuando la encontrás, son ocho, nueve personajes. Estoy en una edad difícil, porque no tengo ni 50 ni 80. Entonces la búsqueda que tengo que hacer es mayor. Pero por suerte algo siempre aparece.

-Justamente en “Cartas de amor” hay una distancia generacional entre los actores que no se condice con la edad de los personajes. ¿Hacen una caracterización para salvar esa distancia?

-No, para nada. Cuando me convocó Javier Faroni yo le dije que Facundo podía ser mi hijo. Yo tengo un hijo que es un año mayor que Facundo. Y luego de un tiempito trabajando en la obra, Facundo me dijo que como los personajes van desde los siete años hasta sus últimos días, ellos atraviesan todas las edades. Facundo me reta cuando digo que él podría ser mi hijo. Pero curiosamente, nadie hizo referencia a eso. Nada, soy yo y es él. Y la gente entra en el código, al menos en Argentina. Es muy hermoso eso, lo pasan por alto. No sé qué pasará acá en Montevideo. Pero yo a veces en el saludo final, le digo al público, “ahora yo me lo llevo”. O sea que hago la broma, como que se lo lleva la veterana.

-Vos a Montevideo hace años que venís con tus espectáculos.

-Sí, la última vez estuve en el Solís, con Nada del amor me produce envidia. Pero he venido con muchas cosas: me acuerdo mucho del Teatro Stella, donde traje varias obras. Vine con Perdidos en Yonkers, con Made in Lanús. Con esta última obra, que tiene que ver con el exilio político pero también con el económico, viajamos a España en 2001, a Madrid. Creo que fue uno de los momentos más emocionantes de mi vida teatral: ver cómo les pegaba la obra a esos pibes que se habían ido del país. Y los pibes venían hasta el proscenio y nos gritaban “vamos a volver”.

Soledad Silveyra y Facundo Arana
Soledad Silveyra y Facundo Arana, juntos en escena. Foto: Difusión

-¿Cómo ves al colectivo Actrices Argentinas?

-Me parece bien, lo apoyo. Yo no formo parte de ese colectivo, porque ya estoy grande para formar parte de colectivos. Porque en los colectivos, a veces estás de acuerdo en algo, y no estás de acuerdo en lo otro. Entonces por eso no participé. Pero me parece bien que lo hagan. Y cuando sucede algo que apoyo, lo pongo en mis redes. También creo que este es un momento en que la marea sube, pero luego baja y se estabiliza. Hay gente que dice que no puede ser que a una mujer no se le pueda decir “qué linda que sos”. Pero creo que eso tiene mucho que ver con el tono en que se diga. No es que no queramos escuchar cosas bellas de los hombres. Pero decímelas cuando yo esté dispuesta a escucharlas.

-¿Te imaginás a Marcelo Tinelli presidente de Argentina?

-No, no me lo imagino presidente. No creo que Tinelli quiera ser presidente. Es más el periodismo que busca que Marcelo sea presidente, que el propio Marcelo. Él tiene muchos años metido en esto, y creo que sí está dispuesto a tratar de unir al peronismo alternativo. Y me parece muy bien que lo haga. Pero no creo que las intenciones de Marcelo sean ser presidente. Para nada. Me puedo equivocar, porque no lo conozco tanto. Pero es mi opinión.

Facundo Arana
Facundo Arana, llega a Teatro Metro. Foto: Marcelo Bonjour
recuerdos

Una tarde junto a China Zorrilla en Venezuela

 “Siempre he estado cerca de Montevideo, y tengo gran respeto por los actores uruguayos. Tengo recuerdos maravillosos de toda una época, en la que vi actuaciones extraordinarias. Y tuve una madre postiza que fue China Zorrilla. Me acuerdo que una vez con China, en 1977, estábamos en Venezuela, haciendo teatro. Y recién se inauguraba el Teatro Teresa Carreño, y ella me invita a ver una exposición de Antonio Berni. Y llegamos, y China se pone a sacar fotos, y un señor de seguridad vino a decirnos que no podíamos sacar fotos con flash. Y recuerdo que China pidió para hablar con el director. Y al final consiguió que el director del teatro le pusiera un fotógrafo, sin flash pero con una cámara mucho mejor, para sacar las fotos que ella quería”.

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