GONZALO HALTY

"En el Sodre conviven dos modelos"

Seguramente una de las figuras de la cultura que este año saltó a la palestra, al hacerse cargo de la dirección artística del Auditorio Nacional Adela Reta, desde agosto último.

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Gonzalo Halty. Foto: Francisco Flores

Gonzalo Halty tiene un apellido que se repite en varios artistas uruguayos. Sobrino del actor Armando Halty (1939-2003) y sobrino nieto del pintor y escenógrafo Adolfo Halty (1915-1974), él mismo se dedicó en un tiempo al canto, integrando el coro Upsala. Ahora su vínculo con la cultura es doble, desde la gestión y desde lo político.

—¿Está costando convocar público al Auditorio Nacional Adela Reta?

—Sí, este semestre fue un poco raro, con espectáculos muy buenos y otros que fueron flojos. Pero eso va con una lógica de mercado que a veces está complicada. Es lo que pasa en todas las salas. Hablando con colegas, me dicen que les ha sucedido lo mismo. Incluso en espectáculos valiosos en lo artístico, no ha respondido el público. Al Ballet Nacional Sodre también le pasó: Onegin no completó como se esperaba. Imagino que el tema económico es clave: la gente, cuando no puede pagar dos o tres entradas en el mes, prioriza un espectáculo entre otros.

—¿Tampoco está fácil traer figuras internacionales de primer nivel?

—Tenemos un problema importante con la inestabilidad de Brasil. Cuando se organizan giras internacionales por la región, el principal consumidor es Brasil. En general se arman cuatro o cinco conciertos en Brasil, uno en Uruguay, dos en Buenos Aires y uno en Santiago. Al estar tan inestable Brasil —por razones políticas y económicas—, muchas giras resultan inviables. Y se cae para toda la región. Nuestra plaza por sí misma no tiene un peso específico para justificar una gira de Europa para acá de un artista internacional de peso. Siempre tenemos que engancharnos a una gira por la región.

—¿Sentís que hay un Sodre nuevo dentro de un Sodre viejo?

—Sí, en el Sodre conviven dos modelos. Es rara la conformación del fideicomiso que gestiona el Auditorio Nacional Adela Reta y una parte de otras áreas, con la estructura anterior del Sodre estatal. Pero bueno, es lo que tenemos y con lo que tenemos que jugar. De nada sirve ir al choque de los dos modelos, porque es un choque de trenes. Lo que tenemos que encontrar es el mejor camino de la convivencia. Algún día el sistema decantará.

—¿Creés que la renuncia de Gerardo Grieco tuvo que ver con sus diferencias con el Consejo Directivo del Sodre, por esas tensiones entre los dos modelos de Sodre?

—Hay etapas para todas las cosas. Él cumplió una etapa importante en construir lo que hoy es el Auditorio. Este lugar es muy exigente, desgastante. Pueden haber pasado las dos cosas: él sentir que había cumplido un determinado ciclo. Y también un pequeño desgaste de relacionamiento entre la institución Sodre y la dirección del Auditorio.

—Hubo una crítica de Héctor Guido a Grieco, por haber programado a Piñón Fijo en el Auditorio del Sodre. ¿El payaso mediático argentino tiene que integrar la grilla del Sodre? ¿Dónde poner ese límite?

—Piñón Fijo en el Auditorio, no. Por dónde cortar es algo muy subjetivo, pero creo que Montevideo tiene una plaza de salas públicas y privadas bien interesante. Y ese sistema de salas tiene que funcionar para que sobrevivan en el tiempo, y que sea autogeneradoras. Por eso creo que hay algunos espectáculos que tienen que ir a las salas privadas, para que estas tengan mayor recaudación y puedan reinvertir. Nosotros, por querer darle una hiperactividad al Auditorio, no podemos fagocitar al resto del sistema. Ya a varias producciones les hemos dicho que creíamos que ese tipo de propuesta no era para el Auditorio. Para fijar el límite, uno, con todo el equipo, se transforma en una especie de curador de sala.

—¿Les Luthiers fue otro de los puntos en discusión sobre la programación del Auditorio Nacional Adela Reta? ¿Volverán durante tu gestión?

—Les Luthiers es más complejo, es más vidrioso tomar esa decisión, porque es un grupo con una estética muy elaborada. Pero también es cierto que es un producto que bien puede alimentar al sistema privado. Todavía no me lo han propuesto, si llega la propuesta de Les Luthiers la analizaremos desde esa lógica.

—El cargo de director artístico del Auditorio tiene un componente de gestión y otro político...

—Tiene una mezcla importante de ambos aspectos. Este cargo tiene que estar muy alineado a la lógica de la política pública del Ministerio de Educación y Cultura, y en particular del Sodre. Más allá de lo que suceda en los escenarios del Auditorio, podemos cumplir un rol, por ejemplo, en lo que tiene que ver con la descentralización cultural. Por ejemplo, en capacitación de técnicos: ayudar para que no todo suceda en Montevideo.

—Siempre se dice que hay falta de técnicos de sala en Uruguay, principalmente en lo que tiene que ver con el uso de tecnología aplicada al escenario.

—Técnicos hay, ha crecido mucho la cultura del espectáculo en Uruguay y eso ha generado gente acostumbrada a generar grandes espectáculos. Tal vez se podría profundizar en la especialización. Y generar masa crítica a nivel nacional, no solo al sur del país. Y abrirles las puertas a otras zonas donde hay teatro y no hay técnicos. Porque están todos acá, en Montevideo, Canelones, Maldonado.

—¿Cuesta desarrollar espectáculos de tango de gran despliegue?

—Sí, el tango espectáculo, el tango escenario, como se desarrolla en Argentina, todavía no está muy instalado acá. Nosotros somos más de la milonga, del tango más arrabalero. Es cuestión de tiempo. Nosotros somos muy conservadores en los cambios culturales. Y tenemos que aprovechar la oportunidad de los 100 años de La Cumparsita para procurar instalarlo más en nuestra cultura. Que forme parte de lo cotidiano, no hacer de eso algo que solo los turistas vengan a verlo.

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