JORGE BOLANI

Siempre se vuelve al primer hogar

El actor estrena mañana en el Teatro Circular, el lugar en donde realizó sus primeras armas.

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Su debut actoral fue a los 9 años como un figurante en el Teatro El Galpón. Foto: A. Colmegna

Jorge Bolani regresa al Teatro Circular de Montevideo después de 14 años. Y con esa excusa recibe a El País en su casa. Y también para hacer un repaso sobre su carrera, que abarca teatro, cine y televisión, dedicación y notoria pasión. Cuando habla sobre su trayectoria recuerda cada detalle con precisión y se entusiasma con cada recuerdo.

"Para mí es una fiesta estar otra vez en este teatro, caminar por esos pasillos, ver el salón de escuela que está en el mismo lugar que estaba cuando yo estuve hace 42 años", cuenta Bolani en su casa. "Todos esos recuerdos que están adentro empiezan a aparecer y me ponen muy feliz".

Mañana el Circular estrena La marihuana de mamá es la más rica, un texto del italiano Darío Fo (Premio Nobel de Literatura), dirigido por Alberto Zimberg. Bolani confesó que está "copado con el personaje" que interpreta. "Ya me conquistó totalmente", dice.

Escrita en 1976, la obra trata el tema de la droga y todo lo que ocurre alrededor de ella desde el seno de una familia de clase media baja. "Creo que es importante saber que esta obra transcurre en la Italia de los 70, no hubo una voluntad de traslado al aquí y al ahora", aclara el actor.

Sin embargo, aunque la génesis actoral de Bolani se encuentra en el Circular, institución en donde se formó y en la que militó activamente durante años, para hablar de sus primeras experiencias en las tablas recurre a su infancia.

El actor tenía nueve años y vivía enfrente al teatro El Galpón. "Un día alguien del teatro convocó a cuatro niños para participar en Sueño de una noche de verano de Shakespeare, en lo que era una muestra de la escuela de los alumnos", recuerda. "Hacíamos de duendecitos y me pintaron la cara y los ojos en tonos de verde con unas líneas que me alucinaron", dice mientras se señala la cara, como si se estuviera pintando. "Me escapé en medio del ensayo y crucé a mostrarle a mi vieja y a mi abuela cómo estaba vestido y pintado, después me metía por una puerta lateral. Tenía todos los piques del teatro, pasé mi infancia en ese lugar".

Después de esa experiencia, empezó a hacer teatro en inglés, en el instituto Anglo, donde estuvo cuatro o cinco años "tratando de que fluyera el idioma y a la vez haciendo teatro: era como un sueño increíble", dice.

En 1971, ya un veinteañero, ingresó en la escuela del Circular de la que egresó en 1974. Sus primeros años como actor del elenco fueron en medio de la dictadura, y Bolani recuerda "así como un recuerdo de piel, de ir un sábado de noche, cambiarnos y estar ahí pero con aquella preocupación de ¿podremos terminar la función?".

Sin embargo, pese a lo difícil de la época, el actor dice tener recuerdos maravillosos de esos años ya que entiende que la responsabilidad y la conciencia de lucha que tenían los actores era muy fuerte.

"El teatro era un lugar de reunión", dice. "Entonces el desafío era hacer títulos de distintos autores, tratando de reivindicar los valores de la libertad, la justicia. Pero tampoco lo podías hacer muy abiertamente porque corrías estos peligros de la censura, entonces había que ingeniárselas".

Cuando la dictadura terminó, el ingenio y la lucha disminuyó, la oferta de espectáculos teatrales creció enormemente y se podía ver a cualquier autor y cualquier tipo de obra.

"Esto obró un poco en contra, porque como ahora está todo permitido, nos aflojamos y en esto me incluyo porque yo también soy parte del medio", dice Bolani.

—¿Cómo analiza la oferta tan grande de espectáculos teatrales?

—Con tanta oferta empezás a diversificar tu gusto con las cosas, que no está mal. Y tampoco está mal que haya un espectáculo que sea solamente un puro entretenimiento, yo diría mal llamado comercial —a veces se dice comercial tratando de denigrar algo y yo creo que lo comercial no es exactamente algo negativo— lo que está mal y es negativo es cuando se bastardea, se banalizan las cosas. Hablando en términos televisivos, se "tinellizan", cuando todo vale, cuando no hay rigor, no hay análisis, no hay reflexión sobre qué le voy a dar al que me viene a ver y todo es lo mismo.

Comedia y despedida.

En el 2005, Bolani ingresó a la Comedia Nacional y fue parte del elenco estable por 10 años. En una de las paredes de su casa hay un mural que le regalaron sus compañeros cuando se retiró, en 2014, con fotos de cada una de las obras en las que estuvo. Bolani señala cada foto y habla de cada espectáculo, piensa y sonríe.

Una de las obras que recuerda con más satisfacción es El viento entre los álamos, con Pepe Vázquez y Julio Calcagno como compañeros de elenco, dirigida por Mario Ferreira.

El año pasado, los tres actores se juntaron para hacer una vez más la obra, en el Teatro Alianza. Este año, el 2 de junio, harán una nueva función como despedida, en el Solís. "Nunca digo es la última función de una obra, para mí, por más despedida que sea, siempre es la penúltima", dice Bolani.

Y está el cine. Su protagónico en Whisky (ese uruguayo emigrado a Brasil, un chanta encantador), significó "un mojón en mi carrera" y en el cine nacional. Además, el mismo año en que rodaba la película fue protagonista de una ficción para la televisión, Constructores: "el 2003 fue un año demasiado loco", dice sacudiendo la cabeza y sonriendo, casi con nostalgia.

A Bolani le gusta hablar de teatro. Habla sobre directores (Jorge Curi, Héctor Manuel Vidal y Sergio Renán); sobre autores que le quedan pendientes (Samuel Beckett, Edward Albee); sobre la alegría que le generan las ficciones nacionales que se estrenaron recientemente y sobre el espectáculo en el que se sintió pleno como actor.

Fue "en la función de despedida que hice en el Circular, después de mi retiro de la Comedia, de la obra Variaciones Meyerhold, sentí que bajó el ángel, y el ángel no baja todos los días".

Darío Fo: un dramaturgo provocador que acompañó a la escena uruguaya por décadas.

Hay un proyecto, casi un sueño, que la Embajada de Italia en Uruguay estuvo barajando con insistencia: una visita de Darío Fo a Montevideo. Pero el gran dramaturgo italiano, ya nonagenario, no está para estos viajes transatlánticos, y el proyecto fue quedando en un deseo prácticamente irrealizable. La presencia de Fo en Montevideo hubiera sido removedora, no solamente por el lugar destacado que ocupa el actor y escritor de teatro (ganador del Premio Nobel de Literatura de 1997), sino por su fuerte vínculo con Uruguay, país al que siempre cedió sus derechos de autor con una generosidad poco frecuente en un autor tan representado.

Repasar algunas puestas en escena de la obra de este urticante autor dramático en Montevideo implica remitirse al director teatral Marcelino Duffau, y su recordado montaje de Muerte accidental de un anarquista, que puso en escena en el viejo teatro La Candela, de la calle 21 de Setiembre, en 1985, cuando el entusiasmo de la apertura política hacía más que bienvenido el mensaje libertario del texto.

También Duffau llevó al escenario otro texto fundamental del egregio italiano, Misterio Bufo, que puso en escena en otro escenario que hoy no está, el Teatro del Mercado, en el Mercado de la Abundancia, en 1997.

Saltando otra década hacia adelante, otro título de Fo que dejó su huella en la escena local fue Leyéndome en tu boca, que el dramaturgo compuso junto a su esposa Franca Rame, y que Sergio Lazzo llevó al escenario de la Sala Atahualpa, de El Galpón, en 2003. Saltando otra década más adelante, actualmente en La Candela está Pareja abierta, texto de Fo que lleva a escena Carlos Muñoz, los sábados a las 21:30 y los domingos a las 19:30. Son algunos ejemplos de cómo la dramaturgia de este autor ha estado siempre presente, además de sus buenos libros sobre teatro.

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