ELISA CONTRERAS

"Siempre trato que las cosas salgan adelante"

El viernes próximo se estrena un clásico del siglo XX, Querido mentiroso, que irá en el Teatro del Centro Carlos E. Scheck, los viernes y sábados a las 21:00 y los domingos a las 18:30. Este es el primer trabajo de Elisa Contreras luego de su retiro de la Comedia Nacional, a la que dedicó más de tres décadas. Ahora se presenta junto a Augusto Mazzarelli, dirigidos por Sergio Dotta.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Una actriz que transitó por el teatro independiente y por el elenco oficial . Foto: F. Ponzetto

—¿Qué fue lo que más te atrapó de Querido mentiroso?

—Bueno, son 40 años de relación, entre Stella Campbell y Bernard Shaw, y cuando empieza la obra ya son maduros los dos. De manera que ese abanico de situaciones vitales, dadas por el tiempo y por la edad, es riquísimo. Creo que lo que más me interesó de esta obra es el vínculo de amor y de profunda amistad a través del tiempo.

—Contame un poquito de tus antepasados actores...

—Esa historia. Cuando yo empecé a hacer teatro, esa historia no se la contaba a nadie. La fui reelaborando. Para mí fue sorprendente saber que mi abuelo, Alberto Contreras, formó parte de la compañía de Margarita Xirgu, y estrenó las obras de García Lorca. Hay una foto, tomada en el teatro romano de Mérida, en la que están Xirgu, Unamuno y mi abuelo. Y toda esa historia, que de alguna manera quedó trunca, se reconstituyó cuando entré a la Comedia Nacional y estuve en el Teatro Solís, junto a varios alumnos de Margarita. Yo sentía que había reconstruido una historia. Había echado un puente en ese silencio de tantos años.

—¿A lo largo de tu carrera en la Comedia Nacional, sufriste las rispideces entre el elenco y el Departamento de Cultura de la Intendencia?

—Siempre hubo, y siempre se trataron de superar, concentrándonos en nuestro trabajo. La Comedia Nacional existe por cómo sus artistas se entregan al trabajo. Ese es el secreto y el milagro de la Comedia.

—¿Hubo momentos especialmente difíciles, como cuando Mauricio Rosencof estaba al frente del Departamento?

—No quiero hablar de eso.

—¿La Comedia Nacional tendría que salir más al Interior?

—Por supuesto, y al exterior también. Cualquier elenco puede viajar más de lo que viaja la Comedia en este momento. Hubo momentos en que la Comedia viajó mucho, yo hice varias giras. Pero en este momento está muy acotado eso, por la cuestión económica.

—¿Te ocurrió alguna vez de tener que trabajar en una obra con la que no estuvieras muy alineada ideológicamente?

—Probablemente. En este momento no te podría dar un ejemplo, pero siempre pasa. O no estar de acuerdo con el punto del vista del director. Me acuerdo que Maruja Santullo siempre decía, cuanto menos resistencia hagas, es mejor.

—Tú participaste de aquel polémico montaje de Bodas de Sangre que hizo Mariana Percovich. ¿Cómo lo viviste?

—Yo de alguna manera hice un paréntesis en las cosas que ella fue más audaz, por llamarlo de alguna manera. Yo trato de que las cosas salgan adelante. Yo lo veo desde el compromiso de sacar un espectáculo adelante. Tenés que ser así, si no no sobrevivís. O hacés otra cosa: te sentás a ver los espectáculos, como espectador. Pero desde adentro, tenés que ser muy dúctil.

—¿Sentiste alguna vez que la Comedia era resistida desde parte del ambiente teatral?

—Mirá, no hay como estar dentro de la Comedia para que se les pase todo. Los actores que la han criticado, los directores que la han criticado, cuando llegaron a la Comedia se dieron cuenta de lo que era, de su seriedad y su esfuerzo.

—¿Desde el teatro independiente a veces se ha hablado con sorna de la Comedia?

—Sí que hablan. Se les pasa después. No hay más que los llame la Comedia para trabajar y se les pasa.

—¿Tuviste alguna vez algún imprevisto en el escenario?

—Una vez, haciendo El jardín de los cerezos, con dirección de Júver Salcedo; yo hacía un personaje con mucho desparpajo, y entraba con una escopeta al hombro. Y un espectador empezó a gritar ¡asesinos de los clásicos!. Y yo me quedé quieta, a ver cómo se salía de eso. Entonces en la platea se armó una especie de discusión, en la que los espectadores defendían nuestro trabajo. Hasta que al final el señor se fue. Pero fueron los espectadores los que pusieron fin al entredicho. No tuvimos que intervenir los actores.

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