un fenómeno del teatro en enero

Sala Verdi: cuando un teatro estalla en público

Todos los días, centenares de espectadores acuden a ver teatro gratis, pero no todos lo consiguen

Montevideo de las Artes
Montevideo de las Artes, en Sala Verdi. Foto: Gustavo Castagnello

Diariamente, en Sala Verdi, al final de la tarde, centenares de personas buscan su butaca en la antigua sala de la calla Soriano. El festival Montevideo de las Artes está teniendo una enorme convocatoria, tanto que las funciones se agotan y mucha gente queda afuera. “Estos días pasados, quedan 200, 250 personas afuera de la sala. Casi se podría llenar de nuevo la sala con la gente que no puede entrar. La gente se desespera un poco por entrar, y es lógico, porque tenés la posibilidad de ver de lo mejor del teatro uruguayo, a través de una veintena de obras. Y la gente quiere entrar como sea”, explicó a El País Carlos Viana, quien es el coordinador del programa de la IM que lleva adelante el festival, y quien al final de la tarde se va a echar una mano en la puerta, ante la gran afluencia de público.

Al igual que otros entre entrevistados para esta nota, Viana señala que el público es heterogéneo, abarcando gente que ve teatro en el año y otra que nunca va. “Mucho turista, del interior y extranjeros. Y actores que no pueden ver las obras durante el año, y en enero tienen posibilidades de verlas”, puntualiza Viana, aconsejando que para conseguir lugar hay que llegar una hora antes. La puerta se abre hacia las 20.15, y conviene ya estar en la fila a las 19.15, para asegurarse una butaca.

La sala tiene algo más de 250 localidades, y se accede por orden de llegada, de ahí que diariamente se forme una larga fila que baja por la calla Convención, y a veces llega casi hasta Canelones.

Graciela Pereyra, asistente de dirección de Sala Verdi, también está todos los días antes de la función en el hall del teatro, ayudando a ubicar en la sala al gentío. Cuando alguien entra con mate y termo, se le pide que lo deje en el hall, sobre una mesa, y que a la salida lo levante. “A veces la gente piensa que esto es el Teatro de Verano, porque vienen como con otros códigos”, comenta Pereyra con humor, indicando que cada espectador tiene la libertad de sentarse en la butaca que quiera, siempre que no vayan quedando butacas libres.

“La gente a veces empieza a llegar a las seis y media de la tarde. Este año implementamos empezar a darle un papel a cada espectador, para contabilizarlos. Vamos dando tantos papeles como capacidad tiene la sala. Y los que quedan por fuera de eso, ya saben que no pueden entrar”, explica Pereyra, señalando que hasta a las obras infantiles está acudiendo mucho público adulto. 

Montevideo de las Artes
Montevideo de las Artes, una gran convocatoria. Foto: Gustavo Castagnello

Consultada Pereyra sobre si toda esa convocatoria tiene que ver con que las obras sean gratis, respondió: “Un año hicimos la experiencia de cobrar, algo simbólico, 50 pesos, y no fue tan abundante el público. No se llegaba a llenar, creo que porque no conformó al público ese cambio de estrategia. Por eso se volvió a que fuera gratuito”.

Por otro lado, algunas personas que quedan afuera, cuando ven que ya no tiene posibilidades de entrar, se pueden tomar el ómnibus gratuito, que sale a las 19.30 de Sala Verdi, rumbo al Teatro Florencio Sánchez, del Cerro, donde el festival tiene su segunda sede. “Sala Verdi está en el Centro, y tiene más accesibilidad. El Cerro es un barrio particularmente alejado, por eso el nivel de convocatoria en Sala Verdi puede ser mayor”, explica Gustavo Zidán, director de Sala Verdi.

Stella Serrano es vecina de la sala, y es frecuente verla allí. “Soy habitué, soy del barrio”, dice esta señora mayor, que vive en la esquina de Soriano y Convención. De la programación del festival, sus favoritos son los espectáculos que tienen que ver con figuras nacionales, como la obra sobre Idea Vilariño, o sobre Cabrerita, el pintor. Y evita un poco cuando las obras son de problemas familiares medio pesados.

“Yo cruzo, como vivo en frente. El primer día del festival, hubo una cola que llegó más allá, hasta la calle Canelones, y quedó mucha gente sin entrar. Pero yo noté que como las obras las están dando casi siempre dos días, el primer día viene más gente. Yo miro desde mi ventana, y veo cuánta gente hay. Yo ya vi que si la fila llega hasta el árbol que está en frente a la ferretería, sobre la calle Convención, hasta ahí se puede llegar a entrar”, pasa el dato Serrano.

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