FRANKLIN RODRÍGUEZ

"Nos reímos de lo que nos duele"

Entrevista al actor, director y escritor que estrena "La gotera" en marzo.

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Franklin Rodríguez. Foto: Marcelo Bonjour

Un sanitario va tomando confianza con una clienta, hasta que de a poco se instala en su casa, haciéndole la vida imposible a ella. De eso va La gotera, que en marzo se dará en Espacio Teatro, la sala del actor, director y escritor Franklin Rodríguez.

A partir de allí, le espera mucha actividad a este comediante y hombre de teatro, que ganó un fondo de Iberescena para representar, aquí y en España, una semblanza escénica sobre la biografía de Lope de Vega. “Estoy trabajando sobre una foto maravillosa del encuentro Luis Batlle Berres y Juan Domingo Perón en el Río de la Plata”, adelanta el actor sobre sus planes de futuro.

¿Qué planes tenés para Espacio Teatro para este 2017?

—Estrenamos ahora el 3 de marzo La gotera, y el 18 de abril se estrena una obra de Fernando Butazzoni, La heladera sueca, con dirección de Álvaro Ahunchain y las actuaciones de Leonardo Lorenzo y Álvaro Armand Ugon. En agosto Congo Beach, de mi autoría, dirigida por Lila García, y una semana después La cachetada, obra también de mi autoría sobre la violencia en la escuela uruguaya. Sobre finales de setiembre se estrena Lope de Vega, una obra escrita por mí sobre los últimos días del gran dramaturgo español. Esta obra la presentamos y ganamos Iberescena 2017 para representarla acá, y en marzo 2018 en España. La escribí en un castellano neutro y pensé que me iban a decir, ‘pero qué se cree éste, escribiendo del gran Lope de Vega’. Pero no.

—¿Y para fuera de tu sala?

—Estrenamos Stop. Alguien tiene que parar, obra de mi autoría y dirección con Graciela Rodríguez en el Notariado en abril de este año, en la que también actúo.

—Y en el caso de La gotera, ¿qué recursos usás?

—La historia es sencilla, pero esconde la fragilidad de la gente con el tema de la soledad. Muchos tratan de zanjar sus temas metiéndose en la vida de los demás, llámese pareja, compañeros de trabajo, o quien fuera. En clave de comedia negra, esta obra intenta comprender porqué hay gente que vive a través de la vida de otros. Escenificar una obra naturalista con toques de comedia negra, absurdos, y por si fuera poco, con toques de terror es el gran desafío.

—¿Y a nivel escénico, qué camino toman?

—Trabajar sobre el misterio, con toques de música construidos para este fin. Y que haya personajes con miedo, que no es lo mismo que aparenten miedo: hacer que la actriz sienta que la situación busca la sorpresa en el espectador. Además hay un montón de símbolos que toman importancia: los caños del sanitario, las canillas. No son solo caños: son instrumentos para dar miedo, para generar caos, para hacer que la dueña sea un mujer dependiente, que sufre un verdadero acoso.

¿Qué necesita una comedia para ser eficaz en escena?

—Que esté bien escrita y que cuente una historia atrapante sobre un drama que nos cause gracia. Esto es raro, pero es así: nos reímos de lo que nos duele. Esa es la forma que ha encontrado el ser humano para exorcizar sus desgracias y sus dramas. La comedia es dolor. Y se revierte si vemos ese drama como algo insólito, que nos sorprende, que no podemos creer.

¿La comunidad teatral local es muy proclive a la envidia, a desear que al otro no le vaya tan bien?

—Sí, lo es. A mi me tachan de comercial muchas veces. Y yo digo, ¿vos vendés entradas? Entonces sos tan comercial como yo. Esa teoría de que lo comercial no es artístico es demodé. En ningún lado del mundo se considera eso. Y como a uno le va bien, y a otros no, lógicamente el hablar mal, la envidia, es el primer síntoma de una colectividad cultural enferma. Pero el remedio contra eso es trabajo, trabajo, trabajo.

—¿Qué diferencia ves entre los estudiantes de teatro de cuando tú empezaste, y los de hoy, los que van a tu escuela?

—Antes corríamos para ver un libro que traía una obra de Dario Fo. Hoy la bajan de internet. Pero la pregunta es: ¿la bajan de internet? Creo que tanta información no ayuda para nada. Cero esfuerzo en eso. Sin embargo, debo decir por mi experiencia, que a los alumnos en Espacio Teatro les damos todo los materiales necesarios para entender el quehacer teatral. Tanto Laura Sánchez como Carlos Rodríguez y yo, tratamos de que respeten y se respeten como artistas, y eso solo se consigue con el sacrificio, con la entrega, y con la búsqueda.

¿Sentís que tu carrera crece, que es estable? ¿Tenés aspiraciones de ser más conocido, ser famoso?

—Uno siempre tiene aspiraciones. Pero por encima de todo, solo deseo seguir haciendo lo que hago hasta ahora: actuar, escribir, dirigir. ¿Qué más puede pedir un muchacho que nunca había soñado con actuar y que este noviembre pasado se fue de gira con su monólogo a Suiza, Italia, Alemania, Austria y España? Sería un desagradecido si hiciese eso, ¿no?

—¿Cuál fue tu peor momento sobre un escenario?

—Una obra, Espectros de Ibsen. Nunca entendí porque hacía algo que no quería hacer. Hay cosas que si no estás convencido, no la hagas. Claro que cuando uno quiere adquirir bagaje en el escenario, no mide consecuencias. Pero aquella fue demasiado, porque no la pasé bien.

¿Sobre qué tema te gustaría escribir y no lo hiciste todavía?

—Sobre mi madre y mi padre: sin consideraciones, sin hostigamiento al sentimiento, sin perseguir idolatrarlos, sino una mirada directa sobre ese hecho. Me lo merezco, creo.

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