BALLET

Refinada estilización de la pasión y el sexo

La coreografía que la artista brasileña de proyección internacional Marcia Haydée aportó al Ballet Nacional del Sodre presenta una serie de equilibrios que la hace tan atractiva para el público especializado como para el menos conocedor.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
La versión de "Carmen" del BNS sobresale por su armonía, buen gusto y talento. Foto: Auditorio del Sodre

El estreno de Carmen, el pasado jueves, brindó un trabajo escénico integral, que satisfizo tanto los aspectos visuales como los netamente coreográficos.

El aporte de Haydée se manifiesta en todos los órdenes: la concepción general del espectáculo, el uso de la planta escénica, la originalidad en los movimientos de los bailarines, y el trabajo de conjunto de los mismos. Hay tramos de una sofisticada y elaborada concepción dancística, que asombran por lo poco común, recordando incluso lo que fue aquel Hamlet ruso que se vio en ese mismo escenario en 2013.

Ese carácter para pautar los movimientos de los bailarines se expresa también en los cambios de climas del espectáculo, en su paleta armoniosa, en su belleza.

A diferencia de lo que tantas veces ocurre, en este caso el vestuario parece cobrar más presencia que la escenografía en sí. La indumentaria es realmente exquisita, compuesta de texturas y tonos que son un placer para la vista. Y si bien se pliega al temperamento colorido de la historia, también tiene una homogeneidad cromática nada común. En ese renglón, este montaje supera a muchos anteriores.

A su vez el vestuario, así como el tono general de la estética del escenario, compagina muy bien pasado y presente. No se trata de una Carmen de época. Tampoco de un montaje traído a los tiempos actuales y desanclado de su origen.

La puesta se ubica mágicamente con un pie en el presente y otro casi dos siglos atrás, capitalizando ambos aspectos. El encanto del tono de época, obviamente fantaseado, y cargado de fantasía, desde recursos actuales que dialogan con facilidad con el espectador de hoy.

También la escenografía tiene elementos muy destacables, con una factura que si bien remite a lo artesanal, logra unos efectos ópticos de interés. Las luces juegan con ella y con el vestuario, en una travesía estética que es de por sí encantadora.

La sensualidad y el desenfado son elementos que impregnan este espectáculo, y siempre con un cuidado enorme para no caer en el exceso o la vulgaridad. La estilización que se hace del sexo está entre lo más notable de la obra. Y María Noel Riccetto vuelve a estar impecable.

Haydée también carga de sentidos a los objetos, juega muy bien con la utilería, consiguiendo comunicar a través de ella, en tramos en los que la teatralidad y hasta la mímica entran a tallar.

No es este un ballet de tutú blanco, ni de grandes alineaciones que evolucionan matemáticamente, ni de formas geométricas que se dibujan sin parar sobre el escenario. Es un espectáculo en el que la pasión del argumento estructura el montaje, ofreciendo un programa que conviene no perderse.teatro, Ballet Nacional del Sodre, "Carmen", Marcia Haydée, María Noel Riccetto

Carmen [*****]

Coreografía: Marcia Haydée. Música: George Bizet, con la Orquesta Sinfónica del Sodre, dirigida por Martín García.

Lugar: Auditorio Nacional Adela Reta. Funciones: de martes a viernes a las 20:00, y sábados y domingos a las 14:00 y 18:00.

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