Entrevista a Virginia Lago

“Las redes sociales no me gustan”

La destacada actriz argentina dará cuatro funciones en El Galpón

Virginia Lago
Virginia Lago en Montevideo. Foto: Fernando Ponzetto

Desde hace décadas la reconocida actriz Virginia Lago se viene presentando en los teatros montevideanos, a los que ha traído algunos de sus exitosos trabajos. Y este jueves en Teatro El Galpón la intérprete retoma ese largo vínculo con el público uruguayo, para ofrecer La panadera de los poetas. Escrita por María de las Mercedes Hernando y dirigida por Mariana Giovine, la obra invita a viajar a la difícil España de mediados de los años 30, para contarle una historia que alterna lo fantasioso con lo político. El elenco lo completan Francisco González Gil y Jorge Seleme, mientras que Marcelo Álvarez está a cargo de la música en vivo. Va desde el jueves al domingo. Tickantel, $ 700.

-¿Cómo es hacer ese personaje de María Candelaria?

-Es un personaje de una energía muy particular, porque tiene distintas aristas, desde la ternura a la agresividad. Candelaria es como un pedazo de tierra, una mujer analfabeta pero con una gran sabiduría. Ella es una artista de la cocina, de hacer pan. En el marco de una obra muy onírica, fantasiosa, con la presencia de García Lorca y Miguel Hernández. Lorca venía de una familia rica, todo lo contrario de Hernández. Eran muy distintos. Y la autora los trabaja a ambos como los opuestos, aunque en el fondo no tan opuestos.

-¿Cómo recordás la primera vez que viniste a actuar a Uruguay?

-La primera vez que vine fue con Walter Vidarte, a la salita vieja de El Galpón, con Dos en el subibaja. Ahí conocía a Atahualpa del Cioppo, y justo ahora vengo a actuar a la sala que lleva su nombre. La primera vez que vine, me acuerdo que luego de la función íbamos a comer con Del Cioppo: daba cátedras ese hombre. No me olvido más de ese hombre, era un prócer, todo el mundo lo admiraba. Era tan bello: y toda las noches iba al teatro a vernos. No vinimos por dos funciones, sino que nos quedábamos un mes haciendo la obra.

-Con Historias de corazón ganaste el Martín Fierro en Conducción Femenina, en 2013. Pero también fuiste objeto de muchas parodias en Internet.

-Sí, gente que no tiene nada que hacer. Yo no quise ver eso que hacían, me lo contó mi hijo. Creo que la gente que hace esas cosas está en las sombras. Que vengan y que me lo digan. Eso que desde las sombras te estén diciendo de todo, me parece horroroso. Por eso las redes sociales no me gustan. Pero la gente en la calle me dice que lo vuelva a hacer: hablábamos de poesía, de arte.

-Vos ganaste muchos premios. Supongo que el último que recibiste no te dio la misma emoción que el primero.

-Sí, gané muchos, hasta un Florencio acá en Uruguay. Pero sí, hay una gran distancia en cómo recibís el primer premio y cómo los más recientes. Cuando recibí el primero tenía 17 años: fue con Alias Gardelito, de Lautaro Murúa, un premio revelación. Fue hermoso, porque la ceremonia se hizo en un cine grande, y todo eso me causó gran impresión. Ahora agradezco igual los premios, pero noto que a veces no son justos los premios. Hay gente que merece premios y no los gana, como Marlon Brando, que le dieron uno cuando ya estaba viejo. El gusto de los integrantes de un jurado es algo totalmente personal.

-Tú participaste en El amor tiene cara de mujer. ¿Qué recuerdos tenés de esa época?

-Sí, en la segunda época. Recuerdo dos cosas. Primero, que eran un éxito bárbaro. Pero también recuerdo que un día fui a grabar a Canal 9, como todos los días, y el portero (al que yo siempre saludaba con un abrazo), me dice, “lo lamento Virginia pero no puede entrar”. Obviamente fue en la época de la dictadura. Desde ahí estuve cuatro años prohibida. Tengo esos dos recuerdos opuestos de El amor tiene cara de mujer.

-¿Con cuáles actores aprendiste más?

-Trabajé lógicamente con muchos. María Rosa Gallo, que para mí era la más grande actriz argentina, que siempre me decía que yo tendría que haber sido su hija. Y es verdad, teníamos algo en común. Con Alfredo Alcón, que hice Las brujas de Salem. Aprendí mucho con él, lo quise mucho, y también hice televisión con él. Alejandra Boero, Onofre Lovero: trabajé con tantos. Y con grandes directores: Hugo del Carril me dirigió en La sentencia. Yo tenía 18 años: mi primer protagónico. Una gran película. Aprendí mucho con él. Una persona que además te cuidaba: me venía a buscar a mi casa y me llevaba a filmar.

-En televisión también trabajaste con todos los grandes directores.

-Con todos: María Herminia Avellaneda, Alejandro Doria, Diana Álvarez, con el uruguayo Carlos Muñoz. Y ahora también hay grandes directores jóvenes, y son muy estudiosos. Quizá antes se ensayaba más: ahora no ensayamos. Pero antes no hablábamos con los autores. El director era el nexo entre el autor y nosotros. Ahora nos juntamos más con los autores, y eso es algo importante. Y ahora los autores estudian más: antes eran más autodidactas. Y ahora el asistente, el cameraman, participan más. Hoy hay más interacción entre todos, y eso me gusta. Porque me gustan los trabajos grupales.

-¿La calidad de los libros también mejoró?

-Sí, antes eran otras épocas. Alberto Migré, Nené Cascallar, contaban historias de amor extraordinarias. Pero eran más simples. Hoy cuentan de otra manera, y son historias más violentas. El mundo es otro. Hoy también hay actores y actrices muy buenos, que también estudian mucho, interesados en hacer las cosas bien. A mí personalmente me gustan las historias más sencillas.

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