ENTREVISTA

Rafael Spregelburd: "Y en Uruguay, cuando he viajado con algún espectáculo nuevo, las instituciones me han ninguneado".

El reconocido actor y dramaturgo llega desde hoy a Sala Verdi con Pundonor

Rafael Spregelburd
Rafael Spregelburd, un artista en constante movimiento. Foto: Mauricio Cáceres

Dos caminos bien distintos son los que unen a Rafael Spregelburd al público uruguayo. Por un lado, la gente de teatro lo conoce como uno de los dramaturgos argentinos más representados en Montevideo, que casi todas las temporadas tiene una o más obras en cartel. Por otro, el actor de cine, el protagonista de El hombre de al lado. Y no siempre es fácil establecer ese nexo entre el prolífico escritor y esa cara conocida del cine y la televisión. Desde hoy, el inquieto artista estará presentando en Sala Verdi un trabajo de su dirección, Pundonor, de Andrea Garrote, quien también interpreta la obra. Dará dos funciones, el martes 26 y miércoles 27 de marzo a las 21.00, y las entradas se venden en Tickantel, a $ 500.

“Esta no es una obra mía, es de Andrea Garrote, compañera y socia fundadora de nuestro grupo El Patrón Vázquez. Ella escribió este monólogo, y me llamó para trabajar en la dirección. Y debo confesar que mi trabajo fue muy fácil, porque el texto está hecho muy a la medida de ella”, adelanta el reconocido escritor y actor.

La obra tiene como personaje central a Claudia Pérez Espinosa, una profesora universitaria que es doctora en Sociología, y que vuelve al aula después de unos meses de licencia. Pero la clase que debe dar se interrumpe constantemente debido a lo vulnerable de su situación. Ella necesita dar explicaciones sobre su comportamiento, y todo eso se cruza en el texto dramático con que la clase que va a dar trata de una introducción a la obra de Foucault. Así, entre citas eruditas y profunda, la frágil docente va exhibiendo un mundo lleno de complejidades, mostrando que una cosa son los pensamientos de los filósofos y otra la emocionalidad de un individuo.

-Tus obras son muy representadas en Montevideo ¿Cómo es tu relación con la escena uruguaya?

-Bueno, yo no conozco tanto la escena uruguaya, y de hecho he estado muy pocas veces en Uruguay, y en general como turista, lamentablemente. Pero me parece que me pasa lo mismo que a muchos otros autores argentinos: la relación de la escena de un lado y del otro del río es muy fluida. Muchos uruguayos conocen nuestro teatro porque cuando cruzan el charco vienen a ver obras. Lamentablemente eso no sucede en sentido inverso: nosotros conocemos las obras uruguayas cuando desembarcan en Buenos Aires. O sea que veo con naturalidad que mis textos se hagan en Montevideo.

-En general las obras tuyas que se hacen en Montevideo son las más viejas.

-Sí, debo confesar que las obras que me piden para hacer en Uruguay son obras que hace 10 años que no se hacen más en Buenos Aires. Y las pocas veces que he podido viajar a Montevideo con mis espectáculos nuevos, siento como una pátina de desinterés. Incluso me ha pasado que, como en Uruguay hay críticos de teatro que son directores (cosa que no suele pasar en muchos países, y es algo muy lindo de ese país), hay críticos que han publicado críticas mías no del todo favorables, y a lo mejor diez años después me piden los derechos para estrenar la obra. Me parece una locura ese desencuentro.

Rafael Spregelburd
Rafael Spregelburd, en El hombre de al lado. Foto: Difusión

-Eso no te pasa en otra parte del mundo.

-Mis obras se estrenan en Uruguay y también en otros lugares. Y yo comparo con otros sitios, y en Bruselas, o en Nápoles, me piden mi próxima obra, la que estoy por escribir. No la que escribí hace 10 años. Y en Uruguay, cuando he viajado con algún espectáculo nuevo, las instituciones me han ninguneado de manera notable. Empezando por el Teatro Solís, que me cagó varias veces con varias giras. Por un lado se habla, y se muestra interés, pero no es verdad. Ahora, el caso de Pundonor es único. Es la primera vez que un espectáculo mío es estrenado en Buenos Aires, es invitado casi en simultáneo para ser mostrado ante el público uruguayo. Con todo esto no me estoy quejando: solo lo señalo.

-Vos has hecho muchos películas, sin embargo creo que siempre se te asocia a “El hombre de al lado”.

-Sí, yo me siento privilegiado porque como actor de teatro, me han llamado tanto para hacer cine. Tengo una treintena de películas en mi haber. Y El hombre de al lado siempre quedó como una marca muy personal. Fue una película con un proyecto de diseño muy firme. Yo no hice casting. Nos llevaron el guion, a Daniel Aráoz y a mí. Y de entrada se sabía que había que filmarla en la única casa que Le Corbusier diseñó en América Latina, la C asa Curutchet, en La Plata. Todo estaba muy pensado: se filmó en tiempo cronológico, cada escena en un día. Entonces nosotros podíamos ir viendo la película a medida que se filmaba. Y eso nos permitía que si una escena no nos había gustado, volver a hacerla. Son todas condiciones muy infrecuentes para la industria del cine. Y todo eso tiene que ver con el éxito en festivales de todo el mundo. En Brasil, por ejemplo, a mí me conocen casi exclusivamente como el actor de El hombre de al lado.

-Es una película que describe muy bien dos mundos sociales que chocan.

-Sí, la pregunta es cuáles son esos dos mundos. Porque erróneamente se puede pensar que se trata de una lucha de clases. El esnob rico frente al proletario. Y no, la película es mucho más tramposa. Porque los dos protagonistas comparten la misma clase social. Los dos tienen dinero. Lo que pasa es que los separa una cuestión de gusto, una cuestión cultural. Y eso es un tabú. De eso no se puede hablar mucho. Y creo que es por eso que la película sigue siendo muy incómoda, muy hilarante, y muy letal. Es una película completamente venenosa.

-Tu generación cuando empezó a escribir teatro, irrumpió con un lenguaje nuevo...

-Soy de una generación que empezó a hacer sus trabajos en democracia, en un momento en que un montón de cosas cambiaban de lugar. Y en ese sacudón, fue natural que a las cosas nuevas, se las agrupara y se las pensara en bloque. Los autores de mi generación sufrimos un raro privilegio. Si escribías algo diferente, a consciencia, de manera profesional, iba a ser reconocido. Lo diferente se tornaba visible. Hoy a los autores nuevos que experimentan no les pasa eso. La diferencia ahora no es una garantía para ganar visibilidad. Hoy los jóvenes la tienen más difícil. Hoy, frente a lo que escriben los jóvenes, muchas veces se dice que están haciendo lo mismo que se hacía hace diez años. Y eso es un acto de una enorme injusticia.

UNA PREGUNTA MÁS

La obra según el director

-¿Cuál sentís que es el núcleo que Pundonor?

-Tiene un procedimiento muy sencillo y muy prodigioso. La profesora se ha tenido que aislar de la clase, porque tuvo un episodio vergonzoso frente a los alumnos. Y luego de mucho tiempo, vuelve para dar lo que sería su última clase. Los alumnos están esperando con ansiedad este retorno que es entre patético y vergonzoso. Y a mitad de la clases descubre que no va a poder dar la clase. El procedimiento es prodigioso porque Foucault y otros pensadores y filósofos, aparece mediatizado por una situación teatral que es muy risible. Pero deja la sensación también de estar asistiendo a una muy buena clase sobre algunas cosas que deberíamos haber aprendido en la escuela y nunca nos enseñaron.

Andrea Garrote
Andrea Garrote, actriz y dramaturga. Foto: Difusión
categórico

Durísimo Spregelburd con la televisión

“No miro televisión, no me interesa, no me parece artística. Yo la televisión la hago, pero no la veo. No me parece novedosa. Y a nivel de las televisiones locales, no creo que hayan cambiado mucho. Y tienen proyectos casi siempre con las mejores intenciones, que utilizan muchísimo talento, y cuando queda medianamente bien hecho, es un milagro”, señala Spregelburd.

“Hacer televisión es muy difícil: técnicamente es muy parecido al cine, pero hay que hacerlo en menos tiempo, y con menos condiciones de producción. O sea que los actores sufrimos en televisión de un montón de premuras y exigencias. A mí no me interesa nada la televisión. Me parece que siempre está regida por voluntades industriales y no por voluntades artísticas”, remata el destacado artista.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)