ENTREVISTA

Rafa Cotelo: "Creo que los carnavaleros todo lo analizamos a través del concurso"

El artista, que se presenta desde este sábado en Magnolio Sala, habló con El País sobre su carrera, el carnaval, y el teatro, entre otros temas

Rafa Cotelo. Foto: Leonardo Mainé
Rafa Cotelo. Foto: Leonardo Mainé

Es una de las caras, y de las voces, bien conocidas del panorama local, destacando tanto en radio como en televisión y en la escena, principalmente en carnaval. Y desde el sábado próximo estará en Mangolio Sala, teatro que él dirige, con Tío Aldo y Campiglia, dando cuatro funciones hasta el 29 de febrero. Tickantel, $ 600.

“Sería hasta pretencioso llamarle show, porque en realidad es la escenificación de dos personajes de la radio que conviven en La mesa de los galanes. Tanto El Tío Aldo, que hace Pablo Fabregat, como mi personaje, Edison Campiglia, en principio solo tienen razón de ser dentro de las reglas de ese universo. O sea que es un espectáculo que disfrutan mucho nuestros oyentes, pero hay gente que no nos escucha por la radio, que quedan impactados durante una hora y media. Pero impactados no en el sentido más espectacular de la palabra, sino por eso de no poder creer lo que están viendo”, explica a El País el artista, con su natural franqueza.

“En el espectáculo es tan bizarro todo: hablamos un poco de la cultura uruguaya, la televisión local, y sobre todo del carnaval. Pero no se podría decir que aborda esos temas, porque todo es en un código de humor muy grosero, que solo tiene lógica interna”.

-Magnolio Sala ya lleva más de cuatro meses de actividad. ¿Cómo ves que ha sido ese recorrido?

-La llevo aprendiendo y dándome la cabeza contra la pared todo el tiempo. No es fácil encontrar contenidos para el escenario, y que eso se transforme en funciones exitosas en todo sentido. Porque para que una función sea exitosa, la venta de entradas no es el único elemento a evaluar. De hecho, hay un montón de shows que podríamos traer, que nos aseguran vender todas las localidades, pero no nos interesa mucho traerlos. O nunca vendrían ellos a Magnolio Sala. Aunque es cierto que en la programación hemos tenido muchos perfiles distintos de espectáculos. Y con la convocatoria que hasta ahora tenemos estoy conforme. Por suerte, en estos primeros meses ha venido muchísima gente.

-¿Es difícil traer obras argentinas?


-Trajimos algunos, pero sí, es difícil, porque los costos se disparan, en pasajes, hotel, estadía. También están más cargados de impuestos, y eso es mucho más difícil amortizarlo en una sala de 150 butacas. Te puede pasar que traigas uno de estos espectáculos argentinos, agotes las entradas, y en el mejor de los casos no ganes un peso. Pero hemos apostado también a estos negocios menos rentables, por una cuestión de estrategia, difusión y posicionamiento. Esos espectáculos ubican a la sala en un lugar que nos interesa.

-¿Te definís como actor?

-No. El escenario es lo primero que hice en mi vida y es una de las cosas que más disfruto, pero mi formación fue completamente amateur, con grandes maestros, pero con un pésimo alumno. Así que no soy actor. De hecho, me encantaría. Y los últimos intentos que tuve de actuar, fueron penosos para mí, para el director, y para el público. Así que mejor no insistir con esto de ser actor. A lo sumo, y con mucho trabajo, comediante. Puedo hacer un espectáculo de humor con algún compañero, pero no soy actor.

-A veces pasa que se empieza actuando por un impulso juvenil, pero luego no es fácil actuar cuando ya se tiene unos años más. Porque ya la actuación no puede surgir desde un lugar tan espontáneo.

-Tal cual. Yo sentí que se oxidaron los piñones y platos de la bicicleta. Y puede ser que tenga que ver son eso de la juventud, sí. 

-En estos días Pablo Aguirrezábal dejó La mesa de los galanes, argumentando que no se sentía que mucha libertad, ¿vos no has tenido esa sensación?

-Yo siempre sentí libertad absoluta, en la radio y en todos los medios donde he trabajado. Yo trabajé diez años en Tenfield, y todo Tenfield está envuelto en un manto de misterio, en gran parte por decisiones que tomó la empresa. Pero a mí en Tenfield nunca me dijeron lo que tengo que decir. Tampoco en Canal 12, ni en Océano. A ahora en Del Sol, tampoco. Y creo que quienes nos escuchan, rápidamente se dan cuenta. Hacemos y decimos lo que se nos antoja. Pero te tenés que hacer cargo de lo que decís.

-¿Cómo ves la relación entre el carnaval y el concurso oficial.


-Los carnavaleros, todos, somos ‘concursocéntricos’. Creo que todo lo analizamos a través del concurso, quién está para ganar, y el puntaje, y el rubro. Y nos olvidamos de lo que está pasando en los barrios de Montevideo. Le prestamos más atención, y horas de comentarios y discusiones, a si gana este o el otro. Y capaz que a una familia que va a un tablado de barrio, con el mate, la silla plegable y una vianda con torta de fiambre, le cambiaste por lo menos la noche, viendo a Zíngaros, o Cayó la cabra, o La mojigata. Y hay que tratar de mirar siempre para ahí. 

-Un momento de tu carrera que te guste recordar.

-Haciendo Segunda pelota, en Océano FM, y José Carbajal “El Sabalero” estaba por hacer unos shows como para volver al ruedo. Y nos preguntan si lo podíamos invitar al programa, y aunque en Segunda pelota no era un programa que se escuchara la música de El Sabalero, decidimos invitarlo y ver qué onda. Yo a él lo admiraba muchísimo. Y creo que con el correr de los años lo vamos a admirar más su legado musical. Para mí está entre los grandes: se sienta en la misma mesa con Zitarrosa, Jaime, Mateo, Cabrera, Rada. Pero creo que El Sabalero construyó un mito popular, y de alguna manera conspiró contra su propia carrera. Y lo invitamos a Segunda pelota, y es una entrevista que recordamos mucho, porque fue muy, muy emotiva. Él tenía una sabiduría, de esas que aparecen poco. Y en definitiva, capaz que fue la última nota que dio. Pocos días después lo encontraron sin vida en su casa. Nos quedó la tristeza de haberlo perdido, pero también el gusto de haber compartido una charla con él.

-Vos trabajaste el televisión con Omar Gutiérrez, en Hola vecinos. ¿Cómo lo recordás?

-Otro personaje, inclasificable. Un tipo que inventó una forma de hacer las cosas, a su manera. Fue muy importante lo que hizo, pero muy importante. Capaz que sin darse cuenta. Abrió muchas puertas, a expresiones artísticas que estaban cerradas desde los medios masivos. Y abrió puertas a comunicadores de tablado, o sin formación, como yo, que nos resultaba difícil acceder a los medios. Aunque es cierto que yo cuando trabajé con él ya trabajaba en los medios. Pero cuando vos le abrís la puerta a uno, ese demuestra que se le pueden abrir las puertas a otros. Omar era un viejo loco divino. Impredecible. No sabías qué te podía responder ni cómo iba a reaccionar. Estabas todo el tiempo como haciendo surf. En cualquier momento te podías caer, pero qué divertido era eso. La ola era él.

-¿El peor defecto de los uruguayos?

-Tenemos muchos. Creo que los uruguayos somos muy autocomplacientes. Eso me parece que nos impide mejorar.

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