Crítica: El quijote del plata

El Quijote recuperado desde su propia frescura

La coreografía de Blanca Li y la escenografía de Hugo Millán destacaron dentro del hermoso espectáculo

El Quijote del Plata
El Quijote del Plata. Foto: Santiago Barreiro

El Quijote es un tema tentador para los artistas. Pero en general, para los creadores escénicos, suele ser una trampa. Tanto la magistral novela como su inmenso personaje se empequeñecen al ser llevados al escenario. Incluso artistas del talento de Maurice Bejart, encallaron en el intento: sucedió con Che, Quijote, bandoneón, que casi dos décadas atrás llegó de visita al Sodre. Pero Blanca Li tomó el camino de la frescura, y junto a su experiencia y talento, logró algo difícil: llevar algo de la titánica novela cervantina a la escena.

La coreógrafa española realizó una ecuación básica que en líneas generales es bastante esperable: tomar pasajes significativos de la mayor novela de Cervantes, y escenificarlos. A eso se sumó, casi como un pretexto para darle un pie uruguayo al espectáculo, la colección del cervantista Arturo Xalambrí, personaje que ofrece algunas escenas del conjunto, situando al montaje en dos épocas, en dos tiempos.

Pero la gran labor de Li tuvo que ver con cómo escenificó esos pasajes cervantinos, y quedó explícitamente clara su solvencia en varios segmentos del espectáculo. El episodio de los molinos de viento, por ejemplo, sorprendió por unanimidad. También el pasaje de la quema de los libros, notablemente concebido. Y quizá lo que más gustó fue la escenificación de uno de los momentos más fantásticos de la novela, la Cueva de Montesinos, que dejó a la platea en un estado notorio de asombro.

La variedad de formas coreográficas que ofreció la artista, la mezcla entre un estilo más contemporáneo y con el clásico, dan al montaje un carácter cambiante y sorpresivo. Los bailarines realizan todo tipo de movimientos y acrobacias, desde una concepción coreográfica muy libre, aunque también hay tramos de fuerte sentido clásico.

Pero más allá de eso, El Quijote del Plata tiene una frescura, una blancura, una elegancia, un trasfondo sano y vigoroso, que impresiona más que cada pieza que lo constituye. Y el fuerte acento español del espectáculo salta a la vista en más de un rubro.

Junto a eso, la coreógrafa invitada trabaja con mucha creatividad el sentido simbólico de las escenas y del texto cervantino, al que también trae en el espectáculo hacia el presente. Es cierto que en algún pasaje el público se puede despistar sobre qué está sucediendo a nivel argumental, si es que no leyó el programa de mano antes del comienzo.

La escenografía de Hugo Millán es también clave en el resultado. Concebidas como un juego hecho en papel (elemento que quizá remita al libro), las sucesivas escenografías no solamente dan un marco de belleza contundente, sino que permiten un variado diálogo con la iluminación, también clave en el conjunto. La variedad cromática que recorre la puesta es riquísima.

La función del estreno tuvo algunos detalles que seguramente se mejoren en las funciones que siguen, cosa que podía ocurrir en una coreografía tan llena de variaciones y piruetas. Pero El Quijote del Plata, además de ser interesante y entretenido, marca un hito en el BNS, en la producción de títulos propios. En ese aspecto, el director artístico Igor Yebra está fijando un camino propio.

El Quijote del Plata
El Quijote del Plata. Foto: Santiago Barreiro
ficha

El Quijote del Plata [****]

Compañía: Ballet Nacional Sodre. Coreografía y dramaturgia: Blanca Li. Diseño de escenografía y vestuario: Hugo Millán. Dramaturgia: Santiago Sanguinetti. Producción: Talleres del Auditorio Nacional Adela Reta. Orquesta: Sinfónica del Sodre, bajo dirección de Diego Naser. Diseño de iluminación: Sebastián Marrero. Teatro: Auditorio Nacional Adela Reta. Entradas: Tickantel, desde $ 60 a $ 890. Va hasta el domingo 4 de noviembre.

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