TEATRO

El Quijote en un juego de espejos

De España al Teatro Solís: La ruta de Don Quijote.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Querejeta en un trabajo que reúne video, actuación y efectos sonoros. Foto: Difusión

Este viernes el escenario principal del Solís recibe un espectáculo que llega desde España y que promete singularidades. La ruta de Don Quijote, con dramaturgia y dirección de Eduardo Vasco, es un unipersonal de Arturo Querejeta que propone un modo inusual de aproximarse a la mayor novela de Cervantes. Va el viernes a las 19:00 y el sábado a las 20:00. Entradas en Tickantel, 200, 300 y 450 pesos.

Querejeta encarnará al escritor, ensayista y crítico literario Azorín, autor del libro La ruta de Don Quijote, que Vasco tomó como base. En 1905, en el marco de los 300 años de la primera edición del Quijote, Azorín fue enviado por un diario para recorrer la ruta del ingenioso hidalgo manchego, de la que compuso una larga crónica. Desde ella, la versión teatral recorre aquella ruta, exhumando anécdotas y situaciones, para plantear un juego de tres tiempos: el presente, el Novecientos y el siglo XVII.

"A Azorín le encomiendan hacer la misma ruta que el Quijote, y le dan una revólver, que nunca lo tuvo que usar. Pero le dan un revólver, lo que de por sí es un hecho significativo. Y él se encuentra con una España bien similar a la del Quijote, e intenta atar cabos entre las dos épocas, y entre lo que él cree que es el Quijote y lo que la gente cree sobre ese personaje literario", explicó a El País Vasco, quien ya había visitado Montevideo, al frente de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, trayendo obras como Don Gil de las calzas verdes y La Estrella de Sevilla.

Muchas de las páginas del libro de Azorín fueron llevadas al escenario a través de imágenes y sonidos, buscando eludir lo meramente descriptivo y destacar las líneas de acción del relato. Para eso, Vasco también se hizo cargo del espacio sonoro y el trabajo de video, complementado por un marco musical que va desde Granados a Shostakovich.

Otra pieza fundamental del equipo fue Carolina González, quien se ocupó de las ilustraciones en video, la escenografía y el vestuario, dando unidad cromática y visual al conjunto, de tono acuarelado.

El espectáculo incluye imágenes de época, entre ellas los grabados que ilustraron las viejas ediciones del Quijote. "Incluimos grabados desde 1750 hasta 1820, abarcando la época dorada de la imprenta española. Y en algunos casos incluimos varias de un mismo tema: por ejemplo, ocho imágenes distintas del episodio de los molinos de viento, que permite mostrar distintas interpretaciones", indica el director, agregando que en el objetivo del espectáculo también está alentar la lectura del Quijote.

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