GOYO MONTERO

"El público de ballet está envejeciendo"

Mañana a las 20:00 el Ballet Nacional Sodre estrena Gala de ballet, un triple programa integrado por Theme and Variations, de George Balanchine, Encuentros, de Marina Sánchez, y Chacona, de Goyo Montero, quien habló con El País sobre su primera colaboración con el BNS.

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Goyo Montero. Foto: Darwin Borrelli

—Tu primera vez en Uruguay.

—Sí, yo conocí a Julio Bocca en el Prix de Lausanne, siendo él presidente del jurado. Y le gustó mi trabajo y me invitó a venir a trabajar con el Ballet del Sodre. Y él había visto mi obra Vasos comunicantes, y se le ocurrió que de ese espectáculo hiciera el final, que es de donde sale esta Chacona, que ahora vamos a presentar como una pieza independiente.

—¿Concretamente qué se va a ver sobre el escenario?

—Mi coreografía viene de la técnica clásica, es bastante neoclásica, pero para el BNS creo que es un trabajo bastante nuevo, porque es un trabajo muy físico, muy abajo, muy aeróbico. Son 15 minutos en los que las ocho parejas no salen del escenario, y tienen que comunicarse con el violín, con la guitarra y con el piano. Parte de un texto de André Breton, y del principio de los vasos comunicantes, del principio de trasvase. Por otra parte, también intento acercarme a la esencia de los distintos instrumentos en juego. Los bailarines son de alguna forma como el recipiente de la música.

—¿Por qué siempre los coreógrafos vuelven a Bach?

—Bach es el maestro, quizá el más grande compositor. De Bach sale todo: toda mi inspiración sale de él. Cuando tengo dudas, o cuando estoy buscando algo, lo busco en él. Porque en Bach existe cualquier color que puedas encontrar. De Bach sale la música que vino después, y también la contemporánea. Bach es muy puro, muy exigente, muy matemático, pero a la vez es muy espiritual. Es música extremadamente perfecta y llena de emoción. Y para un coreógrafo, es un reto acercarse a esa música.

—Tú sos español pero desarrollaste tu carrera en Nüremberg...

—En Alemania hay unas 60 compañías de danza, casi todas con cuerpo de baile estable, y vinculada a una sala teatral. En la que yo dirijo en Nüremberg tiene 26 bailarines, y es de mediano tamaño: hay otras de hasta 100 bailarines. Eso me ha dado la oportunidad de bailar los mejores coreógrafos de la historia: Jirí Kylián, William Forsythe, Balanchine, Graham.

—¿El público de ballet tiende a ser conservador?

—El público de ballet está envejeciendo. Y eso obliga a un trabajo muy grande de promoción hacia los niños y los jóvenes. Crear nuevo público. Yo veo en mi teatro, los abonados, la gente que viene regularmente, es clase media, conservadores, gente mayor o de mediana edad. Es una asignatura que tenemos que cumplir que la gente joven venga. Porque de lo contrario nos vamos a quedar sin público. Creo que por eso es importante mostrarle al público una imagen bien amplia de lo que son los estilos de danza. Como en Gala de ballet, por ejemplo, tiene danza clásica, contemporánea, y una coreografía como la de Marina Sánchez, que es más popular mezclada con tango y también raíz clásica. Son tres estilos muy distintos, en un programa muy atractivo para el público en general. Creo que es un entretenimiento culto, y a la vez cercano. Próximo a todo tipo de público.

—¿Cuál es el lugar del ballet en España en relación al del resto de Europa?

—En España estamos atrasados. Tuvimos 35 años de oscuridad, esa dictadura que nos tuvo atrás mucho tiempo. Y en un momento dado creímos que éramos europeos, pero no. No somos europeos de primer nivel. Culturalmente no estamos a ese nivel. En España existe solo la Compañía Nacional de Danza, que podría ser equivalente al BNS. Es una compañía de gran nivel, pero España, con todos los teatros que tiene, con todos los bailarines que tiene... y hay muy pocas oportunidades en España para ellos. Yo espero que España mire a Europa, a los países que tratan la cultura con respeto, como Inglaterra, o Alemania.

—¿Qué impresión te está dando Uruguay?

—Me gusta mucho: es un país pequeño, pero Montevideo es una ciudad grande. He tenido oportunidad de ir al campo, y es increíble: hay una sensación de infinito. Hay como mucho espacio, en comparación con la vieja Europa. Claro que yo vengo del calor, y aquí me ha pillado el frío. Lógicamente sabía que era invierno, pero pensaba que era un invierno relativo. Pero no, es bien frío, un invierno de verdad.

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