TEATRO

Por primera vez, Luis Trochón en el Auditorio Sodre

Con 1800 entradas agotadas y 200 artistas en escena.

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Luis Trochón: director escénico de la Juvenil en Broadway. Foto: A. Colmegna

Uno de los últimos espectáculos del año: el viernes 30, a las 20:00, el escenario de la Sala Eduardo Fabini recibe La Juvenil en Broadway, montaje que reúne el trabajo conjunto de la Orquesta Juvenil del Sodre y el de la Escuela de Comedia Musical, que dirige Luis Trochón. La expectativa que generó el show fue tal que ya están las 1800 localidades agotadas.

Los músicos más jóvenes del Sodre vuelven sobre lo que ya casi es una tradición: dar un concierto de fin de año que tenga un eje temático fuerte, ya sea recorrer el repertorio de The Beatles o volcarse más a la música tropical. "Este año a Ariel Britos se le ocurrió hacer La juvenil en Broadway, como una suerte de homenaje a algunas canciones significativas de distintos musicales de la historia. Obviamente que eso es muy ambicioso, y a lo que se llega es a recoger algunas canciones que tanto Ariel como yo consideramos emblemáticas", explicó a El País Trochón, quien asumió la dirección escénica del espectáculo.

Y eso implica manejar muchos artistas, algo a lo que el conocido director de comedias musicales está acostumbrado. A unos 120 músicos se le sumaron 14 cantantes, 14 bailarinas, seis bailarines varones, con un equipo de coreógrafos y técnicos. El coro juvenil del Sodre se sumó con 28 integrantes para redondear un conjunto de unos dos centenares de artistas. "Y la gran frutilla de la torta es hacerlo acá en el gran escenario del Auditorio del Sodre, donde yo nunca había trabajado. Para mí es el sueño del pibe, y estoy disfrutando de un montón de bondades que la sala ofrece desde los aspectos técnicos y operativos", afirma Trochón con su proverbial franqueza.

"La gente se va a encontrar con canciones que enseguida el público relaciona con recordados musicales, por los que gustan del género. Traté de armar un repertorio para público que habitualmente consume musical, pero que contemple también gente a la que no le gusta el musical, para que este espectáculo pueda ser una puerta de posible entrada hacia todo ese mundo. Hay de todo un poco en el repertorio: de las 18 canciones que lo integran, hay 12 que seguramente casi todos conocen y elegirían", adelanta el artista, cuya experiencia en el teatro musical abarca dos décadas largas, en las que transitó desde los viejos éxitos de Ramón Collazo y Víctor Soliño, hasta los formatos de corte mucho más experimentales.

"Los gustos con respecto al musical muchas veces tienen que ver con la edad del espectador. Salvo algún material, traté de seleccionar temas musicales con algunos añitos. Y creo que es un gran desafío cantar esas canciones, y también tocarlas, para una orquesta que habitualmente no hace ese repertorio, que pasa más bien por la mal llamada música culta, o erudita, o clásica. Y el musical dragonea —mirá qué término uso, propio de mi edad— con músicas más populares, como el jazz y el pop".

Para contemplar este último aspecto, se armó también una pequeña jazz band para complementar el trabajo de la orquesta. "Al principio pensé en un presentador que explicara qué canción se iba a escuchar. Pero luego se me ocurrió generar una pequeña historia, ínfima, un pretexto para unir las canciones. No llega a ser un texto: es simplemente para escaparle a las clásicas fórmulas acartonadas de presentación, por medio de una historia un poco detectivesca, más o menos simpática".

"Una de las primeras cosas, cuando Ariel me planteó el espectáculo, era que yo quería a la orquesta en el escenario. Respeto lógicamente que la orquesta esté en el foso, algo que es muy usual. Pero en este caso los músicos son protagonistas y me gusta ponerlos a la vista del público. Creo que es lindo que se pueda ver en un mismo golpe de vista a todos los hacedores del espectáculo".

En este 2016 que culmina Trochón presentó en el Teatro Comedia Mucha mujer, y está con ganas de repetir la experiencia, pese al saldo personal que la obra le dejó. "Mucha mujer fue un espectáculo que, salvo a los que estuvimos allí, a nadie le interesó un pepino. No le interesó al público, ni a la crítica, ni a nadie. Vivimos en una profunda soledad el espectáculo. Incluso tenía pensado reponerlo en marzo, pero desistí. Hay que admitirlo: hay veces que uno le pega, otras que no. Y como dice el dicho: la voz del pueblo es la voz de Dios. Si a la gente no le gusta, no le gusta. De todo espectáculo se aprende: también está bueno revisar por qué pasó lo que pasó. No pensar que los demás son tarados", remata el director.

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