TEATRO

La presencia de los recuerdos

Memoria para armar [****] Intérprete: Rubén Olivera. Proyecciones: Víctor Burgos. Dónde: Teatro Victoria, Río Negro 1479. Cuándo: viernes de septiembre a las 21:00. Localidades: $ 300, en la boletería del teatro.

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Entrañable: Olivera recorre formatos en un espectáculo. Foto: Difusión

Un exquisito viaje en el tiempo, que lleva al público por temas y por una estética que tiene un sabor de época, reformulado desde el presente. Hay un solo artista en escena, y es más que conocido: Rubén Olivera está presentando un espectáculo tierno, pese a la dureza de esta evocación sobre los años duros de la dictadura. Aunque la obra de teatro (y a la vez recital) trasciende también ese asunto para pasar por otros climas.

En sus muchos años de carrera, Olivera ha concretado aciertos musicales que lo colocan entre los grandes de su género y su generación. Alcanza con pensar en su canción Interiores (que lógicamente la incluye ahora en Memoria para armar), para dar cuenta de la sensibilidad de su arte, de su talento para captar un mundo cotidiano ya perdido, para describir el encanto de la casa de la niñez.

Pero además de las canciones (propias y ajenas), el músico se convierte en actor para dar vida en esta oportunidad a un espectáculo que recorre las fronteras de más de una disciplina. De hecho, Olivera empieza el espectáculo convirtiendo su rodilla en una especie de muñeco, que le ayudará a hilvanar la trama. Con movimientos calmos, seguro de sí mismo, aunque también a buen ritmo, el artista va interpretando un repertorio selecto, al que suma un juego de sonido que le permite entablar diálogo con otros conocidos creadores. También en una pantalla traslúcida se proyectan otros de los colegas, con los que toca a dúo o trío. La poesía es otro de los géneros que el artista suma, a través de un sutil recorrido de diversas intensidades. Y un gran trabajo de proyecciones enmarca la puesta.

Entre los mayores méritos de esta apuesta artística está el formato, que es realmente cálido e innovador, teniendo algo como de un show musical curioso, hecho por un único artista.

Memoria para armar tiene mucho de viaje temporal, llevando al espectador hacia tiempos de una estética que hacía de la ingenuidad casi que una consigna. La obra tiene creaciones de tiempo atrás que harán las delicias de quienes vivieron aquellos años. Pero el aire original del espectáculo y la calidad de sus canciones y poesías, hacen que el público más joven también se interese por lo que ocurre en escena, cada viernes en el Victoria.

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