ESTELA MEDINA

"Los premios son un lindo regalo"

Un hecho sin precedentes: por primera vez un artista de teatro uruguayo recibirá el título Doctor Honoris Causa de la Universidad de la República. La ceremonia será el martes 14 de junio a las 19:00 en el Paraninfo, y harán uso de la palabra el rector Roberto Markarian, Hugo Achugar, Fernando Miranda y el actor Levón.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Estela Medina. Foto: Gerardo Pérez.

Fiel a su estilo, Estela Medina agradecerá este enorme tributo recitando un par de poemas, de Julio Herrera y Reissig y Delmira Agustini. Discípula dilecta de Margarita Xirgu, actriz de brillante trayectoria, Medina dialogó con El País sobre este reconocimiento y recordó algunos momentos clave de su carrera.

—¿Qué significa para usted esta nueva distinción?

—Lo agradezco muchísimo porque me honra. Además nunca lo esperé, así que es doblemente gratificante. Los premios son alegría porque es como un regalo que te hacen, un lindo regalo. Son una caricia que sirve para seguir trabajando aún con más fuerza, al saber que los demás te siguen, te valoran y te distinguen. Siempre los disfruto con alegría.

—¿Tiene una vitrina con premios, los almacena todos juntos?

—No, los tengo dispersos por toda la casa, así al pasar alguno atrae mi atención y recuerdo la circunstancia, el lugar, la obra premiada y a los demás actores, es muy lindo tener tan gratas memorias. Pero los premios Florencio sí, están todos juntos y destacados sobre una biblioteca.

—Le gusta que el arte dramático quede vinculado a la Universidad (a través de este título que usted recibe), o siente que Universidad y teatro son dos instituciones muy alejadas?

—Bueno, pienso que se ha conseguido una relación muy buena con la Universidad, y siempre es para el arte dramático una distinción preciada que se le otorgue categoría académica. Además es como funciona en otros países, así que es bueno que en el nuestro suceda lo mismo.

—Usted también integra la Academia de Letras. ¿Qué siente que una actriz, y el arte actoral, aportan al mundo de la Academia de Letras?

—Para mí es una distinción muy grande que me hizo la Academia de integrarme. Estar entre personalidades tan destacadas y legendarias que son, y fueron, miembros es doblemente honorífico. Además al pasar a Académica de Honor nombraron a otro actor a la banca disponible, así que pienso que mi aporte fue valorado positivamente y eso, claramente, es muy gratificante. Supongo que el teatro, como las letras, se corresponden, y para la Academia ser vinculado con el teatro es importante, y viceversa.

—Usted ha destacado mucho en personajes que han perdido el juicio, como en La amante inglesa, de Marguerite Duras. ¿Le gusta interpretar papeles de mujeres que han perdido la cabeza?

—Sí, es que algunos de esos personajes son más ricos que los normales, o más cuerdos. Por ejemplo, el atractivo de Juana la Loca para un actor es inconmensurable. Se necesita todo para esos parlamentos: es dramático, intenso, pero también lúdico, perspicaz. Evoluciona en todo el abanico vital, pasa de lúcida a desvariar, de la tristeza a la felicidad, del pasado al presente al instante. Y en todos los estados dice verdades: por turnos tranquila, agitada, astuta, lúdica y desgarradoramente dramática, todos los parlamentos son extraordinarios. Es un papel maravilloso y fascinante, lo tiene todo.

—¿Y de Florencio Sánchez, cuál es el mejor personaje que le tocó representar?

—Sin dudas la Robustiana de Barranca abajo, muy dramático, estaba enferma... Un personaje magnífico. Y la escritura de Florencio Sánchez, no tengo palabras para alabarlo o encumbrarlo más: es simplemente portentoso. Además llevo en mi corazón a Ha llegado un inspector, que hicimos en 1952 dirigidos por Orestes Caviglia, porque fue el primer premio que obtuve, por entonces de la Casa del Teatro. Todavía no existían los premios Florencio, que empezaron en 1962 y que también gané por El Cardenal de España.

—Se cuenta que Margarita Xirgu, cuando veía actuar a un alumno, podía llegar a decirle frases implacables, como "eres bajo, tendrás que trabajar el doble". Y que cuando la vio a usted en acción dijo: esta ya es actriz. ¿Recuerda esa anécdota, fue así?

—No recuerdo eso, pero… recuerdo que yo percibía que a la Xirgu le gustaba mucho mi actuación, y sentía que había algo especial que nos unía. Una vez durante un ensayo se me cayó una bufanda y alguien se dispuso a levantarla y dármela. Margarita le impidió que siguiera. Hizo ese gesto de "Todos quietos. No la interrumpan" que para una alumna es muy significativo, y así lo fue para mí.

—Le pido alguna anécdota, algún entretelón teatral...

—Me hicieron recordar hace poco una anécdota de La Dorotea, que hicimos con Ducho Sfeir en el antiguo Odeón y dirigía Taco Larreta. Ducho me entregaba una carta en la mano y yo debía leerla. Pero en vez de darme la carta, ¡me dio una moneda! Yo miré la moneda, se la devolví, y le dije: Léala usted, madre. Una pequeña maldad… Sin consecuencias, pues ella sin inmutarse dio el contenido y todo siguió adelante. Pero los memoriosos todavía recuerdan esa picardía, y sirve para hablar de esa hermosa puesta con tantos colegas destacados.

—Junto con su talento, que tanto volcó en la Comedia Nacional, también tuvo la suerte de tener grandes actores masculinos a su lado, como Enrique Guarnero y Alberto Candeau...

—Efectivamente, los dos igual de grandes y talentosos en todo. Pero tenían dos personalidades distintas, eso los diferenciaba. Guarnero era más comediante, y Candeau tenía una fuerza dramática muy especial. Con Guarnero que era más lúdico, había más lugar al juego y al humor en los ensayos. Candeau en cambio, con otra personalidad y esa fuerza era más estructurado; enseguida había que ponerse al nivel dramático suyo, para no quedar reducido a prácticamente nada. Uno más décontracté, y el otro ¡cuidado!, intensidad máxima desde el principio.

—¿Cómo ve la Comedia Nacional desde su retiro de ella?

—¡Creo que es la mejor época de la Comedia! Desde aquella época de oro vivida y recordada por algunos de nosotros, ahora es una época brillante. Con un elenco excelente y obras interesantísimas que concitan la aprobación del público y su afluencia masiva, la Comedia está en su mejor momento.

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