crítica: El juego de la silla

Postales familiares que el paso del tiempo hace palidecer

Un solvente equipo interpreta El juego de la silla, montaje uruguayo sobre texto de la argentina Ana Katz

El juego de la silla
El juego de la silla. Foto: Difusión

Un espectáculo con su estilo propio, cuyo texto cuenta con una larga historia. Su autora, la actriz argentina Ana Katz, estrenó en 2002 El juego de la silla, multipremiada película, que se puede inscribir en toda aquella tendencia del llamado Segundo Nuevo Cine Argentino. Interesante corte transversal a la realidad cotidiana, la obra respira un aire de historia de gente corriente, hurgando la autora en los vínculos familiares a través de detalles, tics, pequeñas cosas que describen muy bien las relaciones de familia. El texto fue llevado al teatro en Argentina, y en el exterior, y ahora está en cartel la versión local, dirigida por Fernando Vannet.

El público más ingenuo, que disfruta el teatro sin buscarle mayores elementos de reflexión a la representación, parece quedar encantado con esta puesta, con sus personajes bastante cándidos, algunos muy vitales y frescos. Muchos espectadores miran las escenas con una sonrisa en el rostro, fascinados ante esta historia en cierto modo mínima, de un hijo que vive en el exterior y vuelve a la casa familiar por poco tiempo, de paso. Y en ese lapso se condensan muchísimas cosas de esa rara relación. De ese hijo que es cercano y lejano a la vez.

Yendo algo más hondo en la representación, la puesta viene valores, y está bien actuada, destacando el trabajo de Mariana Escobar en el rol de Laura, una de las hermanas del protagonista. Y en general todas las actuaciones ensamblan bien entre ellas, y llevan bien el texto adelante. El montaje tiene algunos agregados que entretienen (como la música en vivo), aunque también demoran un poco las acciones.

El director sumó muchos detalles de interés, aunque a nivel emotivo la obra no parece volcarse demasiado hacia la platea. La escenografía y demás accesorios son más vistosos que estéticamente interesantes, y la visibilidad no es buena desde todas las sillas de la sala. También hay un subrayado de lo ingenuo que puede no llevarse bien con todos los espectadores, más allá de lo entretenido del espectáculo.

Ana Katz
El tráiler de la película "El juego de la silla" (2002), de Ana Katz
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