Reconocimiento

Peter Brook, el otro genio nonagenario que tuvo una semana triunfal

Un día después que Ida Vitale, de 95 años, se hiciera con el Cervantes, el dramaturgo británico, que tiene 94 años, recibió el Princesa de Asturias

Peter Brook
Peter Brook recibió el Princesa de Asturias

Fue una buena semana para los nonagenarios en la cultura mundial. El martes, la poetisa uruguaya Ida Vitale, de 95 años, recibió el premio Cervantes, el más grande de la literatura en español. Y al día siguiente, el creador teatral Peter Brook (que nació en Londres en 1925, y tiene 94 recién cumplidos), gran renovador de la escena mundial, fue distinguido con el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2019, por su condición de "maestro de generaciones".

"Considerado el mejor director del siglo XX" según el fallo del jurado, "abrió nuevos horizontes a la dramaturgia contemporánea, al contribuir de manera decisiva al intercambio de conocimientos entre culturas tan distintas como las de Europa, África y Asia". Es la cuarta persona ligada a las artes escénicas que recibe este galardón, después de que lo hicieran Fernando Fernán Gómez (1995), Vittorio Gasmann (1997) y Núria Espert (2016). En declaraciones a la agencia Efe, Brook ha calificado el premio como un "regalo caído del cielo".

Brook ùque sigue, al igual que Vitale, en actividad, y así seguirá “mientras pueda ser útil”, dijo, porque “si no la vida no tiene interés”— es una figura clave para entender la historia del teatro moderno. Sus dos montajes más emblemáticos —el Marat-Sade que montó en 1964 en Londres, y su monumental Mahabharata de nueve horas de duración, que estrenó en 1985 en París y después en una cantera de Aviñón— marcaron un antes y un después en las prácticas escénicas. El primero, lo hizo por su fuerte contenido revolucionario en plena década de 1960. El segundo, basado en la gran epopeya india, conmocionó por su profunda carga litúrgica. Nadie que tuviera la suerte de asistir a alguna de aquellas representaciones dice poder olvidarlo. El propio Brook, que también dirige ópera y cine, hizo una adaptación de ambos espectáculos para la pantalla.

Pero no son solo sus espectáculos los que han convertido a Brook en leyenda. Su tratado El espacio vacío, que publicó en 1968, y que es una lectura obligada en todas las escuelas de arte dramático, se considera uno de los textos fundacionales del teatro contemporáneo. Empieza así: "Puedo tomar cualquier espacio vacío y llamarlo un escenario desnudo. Un hombre camina por este espacio vacío mientras otro le observa, y esto es todo lo que necesita para realizar un acto teatral".

Brook empezó a trabajar en la década de 1940 en Londres, donde fue director de la Royal Opera House entre 1947 y 1950. En la década de 1960 se unió a la Royal Shakespeare Company y experimentó nuevas formas de llevar a escena el teatro clásico. También abordó a autores que estaban en boga en aquel momento, como Antonin Artaud, Alfred Jarry, Jean Genet, Jean Cocteau, Jean-Paul Sartre, y así.

En 1970 se afincó en París. Allí fundó el Centro Internacional de Investigación Teatral, la compañía con la que desde entonces ha recorrido el mundo, con especial querencia por África y Asia, de donde han bebido muchos de sus espectáculos. En 1974, la troupe se instaló en el Bouffes du Nord, un viejo coliseo del siglo XIX abandonado: lo renovaron, pero no lo redecoraron sino que mantuvieron su halo de decadencia, una estética que encajaba con su idea de volver a la pureza de los orígenes del teatro. Ese lugar es hoy venerado como un templo.

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La huella del maestro inglés en Uruguay

Peter Brook, el gran hombre de teatro inglés, trajo sus trabajos a Brasil y Argentina, pero no tuvo una presencia directa en Uruguay. De hecho, hace como una década atrás la Comedia Nacional había anunciado su visita, que luego no se concretó. Sin embargo, el notable hombre de teatro incidió de modo indirecto, pero fuertemente, en la comunidad teatral uruguaya. Primero y antes que nada a través de sus libros, principalmente El espacio vacío, un ensayo que desde su aparición en 1968 se convirtió en un texto fundamental tanto en la teoría como en la praxis escénica. Más directamente, algunos de los trabajos que el genio de Brook ideó para la escena, se conocieron en versiones locales en Montevideo. Tal fue el caso de El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, sobre el texto de Oliver Sacks, que María Varela llevó a escena en Teatro Circular en 2003. Pero la influencia de Brook fue incluso más allá, llegando a la concepción edilicia de una sala: el Teatro Victoria. Cuando la histórica sala se volvió a sumar al circuito teatral, se tomó como referencia para su refacción la concepción que Brook había desarrollado para la sala Bouffes du Nord, de París: dejar que el espacio protagonice la escena, por encima de todo decorado.

En el Bouffes du Nord, Brook puso en práctica sus investigaciones teóricas: un teatro despojado de artificios, litúrgico, basado en el actor, sus gestos, la palabra.

Fruto de ello nacieron espectáculos como Woza Albert! (1990), Je suis un phénomène (1998), El gran inquisidor (2005), Sizwe Banzi est mort (2007), Warum Warum (2010), El traje (2012), The Prisoner (2018) y Why, que se estrenará en junio de este año. De hecho, estaba terminando Why en Suiza cuando se dio a conocer que había ganado este galardón.

El Premio Princesa de Asturias de las Artes está dotado con una escultura de Joan Miró, un diploma, una insignia y la cantidad en metálico de 50.000 euros. El presidente del jurado, Miguel Zugaza, director del Museo de Bellas Artes de Bilbao, dio a conocer el fallo en Oviedo. Al galardón concurrían 40 candidaturas de 17 nacionalidades, y este es el primero de los ocho premios internacionales que convoca anualmente la Fundación Princesa de Asturias, que este año alcanzan su 39ª edición.

En las últimas ediciones los galardonados han sido el cineasta Martin Scorsese, el artista William Kentridge, la actriz y directora Núria Espert y el cineasta Francis Ford Coppola.

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