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Entre la perfección y el desafío

Un vistazo a Amaluna, el espectáculo que la compañía canadiense estrena este miércoles en Montevideo.

¿Es magia? Se sabe que no: que estos acróbatas que más bien son atletas tienen un entrenamiento riguroso y una disciplina que asombra, que tienen todo diseñado, probado y pensado; que todo calza a medida, que hay un montón de gente trabajando detrás de lo que se está viendo. Sí, está claro, todo este montaje está hecho por un ejército de humanos y no hay nada sobrenatural detrás.

Sin embargo, cuando una acróbata me sobrevuela y pasa apenas a unos centímetros de mi cabeza a gran velocidad, siento que la tensión se concentra en el estómago y que el aire se corta alrededor; o cuando otra artista hace un acto imposible basado en el equilibrio y todo el público acompasa su respiración mientras el tiempo parece suspendido; o cuando las luces ocupan todo el espacio adentro de la carpa: ahí, en todo eso, hay magia y no hay dudas.

Todo eso pasa en Amaluna, el espectáculo que el Cirque du Soleil estrena el miércoles sobre el Faro de Punta Carretas (entradas en Abitab) y que cautiva a los espectadores, sí, pero también a sus protagonistas, a sus hacedores, a sus soldados.

"Hay algo mágico alrededor del circo", es lo primero que dice la canadiense Amelie Lavoié, gerenta de la compañía en Amaluna, cuando quiero saber sobre lo que hace tan especial a su trabajo, que define como algo parecido a ser "la alcalde de la ciudad" por eso de que debe ocuparse de que todos estén bien, cómodos y preparados.

Lo mágico tiene que ver, asegura, con estar con personas de 24 nacionalidades diferentes, con conocer seres humanos increíbles, con trabajar duro. Y al mismo tiempo, con la satisfacción que todo eso genera. "Cuando termina el espectáculo a veces me paro en la entrada y salida de la carpa, sólo para mirar las caras de la gente al final del show, y hay algo mágico. Ves a los niños con brillo en sus ojos, a los padres también, a los mayores, a todo el mundo; y hay algo muy gratificante en saber que les diste una noche fantástica", admite.

Amaluma por el Cirque du Soleil. Foto: Jean Francois Gratton
Amaluma por el Cirque du Soleil. Foto: Jean Francois Gratton

La sonrisa constante con la que Lavoié habla de su propia experiencia es la que se dibuja en la cara de muchos espectadores cuando Manha (la payasa brasileña Gabriela Argento) corre de acá para allá con su voluminosa falda y su simpático maquillaje, tratando de conquistar al sirviente Papulya en actos torpes y exquisitos, de una ternura absoluta, que conectan el resto del show. Un show que es oscuro, intenso y emocional, y que busca resaltar la fuerza femenina a través de una historia de raíces mitológicas inspirada en La tempestad de William Shakespeare: Miranda se enamora del apuesto Romeo, quien llegó a su isla tras una tormenta y un naufragio, y su madre —la reina Próspera— se encargará de ponerle varias pruebas a este amor. Alrededor de eso, una escenografía hermosa y un trabajo de luces que parece de otro planeta completan el cuadro rotundamente.

En la interna.

"La rutina diaria aquí es toda una experiencia", dice un rato antes de una función en Asunción el director artístico de Amaluna, James Santos. "Puede ir cambiando dependiendo de quién esté en el show esa noche y qué números se estén entrenando. Cuando los artistas llegan en general tienen tiempo de comer, reciben sus masajes o hacen pilates, trabajan en el gimnasio y después se preparan para su número de esa noche. El equipo de vestuario está corriendo de acá para allá preparando la ropa, lo que es una tarea increíble, y cuando llega la noche y los entrenamientos terminaron, empieza el proceso de hacer su maquillaje y de prepararse para el show", relata.

Santos, el hombre que mira junto a los artistas las grabaciones del espectáculo para marcar errores, el que sigue los ensayos desde la primera fila para asegurarse que todo salga bien, dice que llevar un show desde la idea original a lo definitivo que se verá en el escenario siempre es difícil, desafiante.

"Estamos tratando de explorar acrobacias o disciplinas únicas para tratar de darle siempre algo diferente al público. Hay que salirse de la zona de confort, pero así es trabajar para el Cirque du Soleil: siempre estamos listos para el desafío", dice con un entusiasmo que parece tener incorporado desde hace mucho tiempo. En el Cirque, por lo pronto, está desde 2010.

En Amaluna, el principal desafío tiene que ver también con la novedad: el elenco está integrado en su mayoría por mujeres, que se roban el espectáculo para presentar esta historia donde la femineidad tiene gran peso. Las protagonistas, las cantantes, los números principales y hasta la banda que toca en vivo: todo está integrado por mujeres muy fuertes, y la presencia de hombres es, aunque importante, menor.

"Es una de las cosas que hace a Amaluna tan único", comenta Santos, "y también es algo que estoy seguro, la audiencia sentirá. Y es el hecho de que podemos sacar a relucir la fuerza y el poder de las mujeres a través de estos personajes, pero aún manteniendo la fragilidad, la delicadeza y la belleza que las mujeres pueden traer a escena, y es algo por lo que estoy muy orgulloso de Amaluna". Tras bambalinas, ese orgullo se siente: en este circo itinerante no hay alternativa, pues la camiseta se suda y se defiende hasta último minuto.

En ese sentido Lavoié, como mujer vinculada a un espectáculo que celebra a las mujeres con sus virtudes y sus conflictos, reconoce que generó un lazo especial con el show que desde el miércoles le pondrá música, color y magia a Montevideo hasta el 15 de septiembre, a veces con una función y a veces con dos, siempre con el mismo nivel y el mismo impacto. De paso, aprovecha para agradecer el estar en esta compañía, que impulsa a las mujeres a ocupar altos cargos.

"Poder como mujer ser parte de esta creación, ayudar a que el mundo vea la fragilidad de la mujer pero también su fortaleza, su fuerza, poder ayudar al mundo a soñar un poco por dos horas, creo que eso es mágico", dice la canadiense y vuelve, una vez más, a esa palabra que tantas veces y en tantas bocas y mentes distintas, aparece a la hora de pensar en el Cirque du Soleil. La magia existe.

Responsables de una obra que ya llega.

James Santos y Amelie Lavoié son el director artístico y la mánager de la compañía en Amaluna, respectivamente. Básicamente, él es responsable de todo lo que sucederá en escena desde el 30 de agosto en el Faro de Punta Carretas, mientras que ella tiene que procurar que todos estén bien y a gusto, pero también ser el nexo entre la gira de Amaluna y la sede del circo en Canadá, y ajustar números y presupuestos. "Una de las alegrías de estar en el Cirque du Soleil es poder viajar con él", dice la canadiense.

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