Entrevista con Neus Sanz

“Pensé en contar cosas que me han pasado”

La destacada actriz catalana se presenta en Uruguay con su unipersonal Un pedacito de mí

Neus Sanz
La actriz catalana Neus Sanz. Foto: Ariel Colmegna

Los amantes del cine la conocieron en Volver, de Almodóvar, y los consumidores de Netflix en El barco. Pero Neus Sanz tiene una trayectoria artística de decenas de trabajos, y en estos días está en Uruguay, con su obra Un pedacito de mí. Hoy actuará en Colonia, el viernes 16 en Piriápolis, al día siguiente en La Paloma, y luego en la Sala Delmira Agustini, del Teatro Solís, del viernes 23 al domingo 25 de febrero.

—¿Por qué temas pasa Un pedacito de mí?

—Pasa un poco de todo: empieza por la niñez, anécdotas de pequeñita, y cómo desde esa perspectiva ve a los mayores. Desde cómo era cuando te dejaban en vacaciones en un pueblo con tus tíos, a cómo ves a tu hermano, cuando es cuatro años mayor. Luego hay cosas laborales, también personales. Empieza con un video de tres minutos con imágenes de gente importante en mi vida, y cada uno tiene su porqué. Y de cada imagen desgloso una anécdota, o varias. Y termina la obra con la foto de la familia.

—Las propuestas autobiográficas están cada vez más presentes en los espectáculos de teatro.

—Esto no surgió por una moda, simplemente que estuve un año parada sin hacer televisión, y la gente me decía que me querían ver en otro monólogo mío. Y no quería que nadie me escribiera nada. Y pensé en contar cosas que me han pasado. Creo que cuando yo cuento cosas del pasado, muchas mujeres se ven reflejadas. Por ejemplo, cómo las mamis son muy pesadas. Mi madre, por ejemplo, estaba muy pesada en que yo fuera muy femenina. Y quería apuntarme en clases de ballet, para que yo fuera superfemenina. Esa cosas.

—Las figuras de la televisión española a veces no son tan conocidas en América Latina.

—Creo que antes estábamos todo el mundo más escondido. Ahora todo llega más rápido. Medio Uruguay ha visto por la serie El barco, por Netflix, tanto la juventud como no tan jóvenes. Yo soy la cocinera del barco, Salomé, un personaje entrañable. No tiene niños, y es un poco la madre de todos los que van en ese barco. Pero también tendría que ser a la inversa, que nos llegaran más cosas vuestras.

—¿Cómo terminó El barco?

—Terminó de una forma muy extraña, no tendría que haber terminado. Había otra temporada más, pero hubo bajas de algunos actores, y luego la cadena decidió que ya estaba. Y remató el último episodio como pudo. La gente no entendió nada. Nosotros tampoco. Seis meses después nos comunicaron que no íbamos a continuar. Así que El barco se acabó de una forma un poco especial, y extraña.

—¿Cómo fue trabajar con Pedro Almodóvar, en Volver?

—Fue muy fácil grabar con él. Guardo un recuerdo maravilloso, además, era mi primera película. Porque hago más series de televisión que cine. Almodóvar es un saco de sabiduría, y de tener las cosas claras. Y yo necesito trabajar con directores que estén seguros. Y por Pedro pasa todo, guion, vestuario, peluquería, maquillaje. Él tiene todo muy claro. Fue un rodaje muy bonito, y luego, la cantidad de premios que se llevó Volver.

—¿Y cómo era el mano a mano con Penélope Cruz?

—También fue fácil tener como compañera a Penélope Cruz, porque prácticamente todas las escenas las hice con ella. Hay una escena muy bonita, que va Penélope tirando de un carro cuesta arriba, y yo me encuentro con ella y la saludo. Y yo pedí permiso para besarla. Y Pedro me dijo que claro. Y también le pedí permiso a Penélope. Para mí es una escena muy entrañable.

—Además de venir a actuar, estás haciendo voluntariado.

—Sí, en geriatría. Desde pequeña fui voluntaria, con chicos con Síndrome de Down, en Igualada, donde yo nací. Y al irme a Madrid continué con la Fundación Down Madrid, como siete u ocho años, entre otros lugares.

—¿Y cómo acomodás tus horarios entre la actuación y el voluntariado?

—Yo soy un poco un alma libre, y no tengo siempre horarios, porque la televisión también te da mucho juego con los horarios. Y algunos días, si terminaba de rodar temprano, les decía que me dejaran en el hospital. Trabajando un poco en escucha, del familiar y del paciente.

—Y eso ahora lo articulaste con Montevideo.

—Claro, porque trabajando en voluntariado vi que hay uno en Montevideo. Y pensé que Uruguay me iba a interesar. Un país chiquito, relindo, del que apenas se habla. Y lo de venir también a actuar ha venido luego. Yo ya tenía decidido venir a Uruguay en enero y febrero de voluntariado. Y luego salieron las tres noches en el Teatro Solís y otras funciones en el Interior.

—¿En qué notás tu condición de catalana?

—Bueno, somos muy serios a la hora de trabajar. Hay una frase en catalán que es ‘pocas bromas, estamos trabajando’. Eso creo que lo llevo incorporado. Creo que en esta profesión somos muy disciplinados, aunque se nos vea como loquitos.

—¿Cómo ves la vida acá en Uruguay?

—Yo los veo con tiempo para escuchar. Acá hay menos prisa. En España hay mucha prisa. Acá hay tiempo para conversar, y sois grandes conversadores. Lo veo que os vais al Pardo, con las sillas, a tomar mate. Allá no hay tiempo, todo el mundo corre. Si podemos hacer 28 cosas en lugar de 27, mejor. Estamos entrando en una vorágine muy extraña. Nos estamos ahorcando. Acá en Uruguay, el corazón de la gente late de otra manera.

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