TEATRO

Payasos franceses que emocionan entre risas

Un espectáculo que sorprende de principio a fin, Concerto pour deux clowns tiene todos los elementos para gustarle a un rango grande de público, tanto en edades como en gustos artísticos.

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Impecable: Sellena y Moa Caprez aplaudidos en el Teatro Solís. Foto: FIC

La primera escena, de entrada, logra que los espectadores se rían sostenidamente, desde el niño al más viejo. Los dos actores (también músicos, acróbatas y payasos) entran cada uno con su baúl a dar la función. Igor Sellem y Julia Moa Caprez entran a escena: él carga un baúl enorme, ella uno pequeño. Ambos tienen un aire antiguo, como un guiño al clasicismo francés del siglo XVII. El gesto y el vestuario parodian la tradición francesa.

Pero todo lo que ella resuelve con soltura con su pequeño baúl, para él es una complicación, un esfuerzo desmedido. Queda así planteado el histórico juego de los dos payasos complementarios, el que busca lucirse y el que cosecha los golpes. Ahora bien, el vínculo es más sutil: ella parece soñar con el estrellato, y se enoja a cada tropiezo de su "partenaire". Y él busca complacerla, mientras parece sentir culpa por no lograrlo.

El juego físico que exhibe esa entrada da cuenta de dos artistas solventes en el manejo del cuerpo. Y a su vez, el guión de las acciones muestra creatividad para trazar el devenir de las situaciones.

Cuando la entrada termina, ellos sacan de sus baúles dos instrumentos musicales, un violín y una tuba. El lector ya habrá adivinado que el liviano instrumento de cuerda es el de ella, y el aparatoso instrumento de viento lo toca él. Los dos son muy buenos músicos, y eso no se nota solamente en la ejecución de las piezas, que toma trozos bien conocidos de Vivaldi, Bach, Schubert, Albinoni, Tchaikowski y algún otro. La gracia también radica en cómo ellos ejecutan la música mientras realizan las pruebas físicas más exigentes, hecho que el público aplaude con vehemencia.

Y más allá de eso, hay una gran ironía a través del modo en que los dos músicos van cambiando los ritmos de las piezas: pasajes clásicos de Las cuatro estaciones, de Vivaldi, son llevados a las acciones físicas desde múltiples caminos, en escenas que seguramente el espectador va a recordar y comentar.

Y hay más. El guión de las acciones va uniendo un tema al otro, todo sin palabras, todo con música y mímica. Así se va armando un relato hermoso, que va creciendo en interés y en la exigencia de las pruebas, que son incorporadas al hilo de la historia con naturalidad. En el transcurso del espectáculo, se van mezclando números de acrobacia, pruebas en el aire, contorsionismo y más.

Pero todo esto tiene el sello de Francia, y eso equivale a tradición circense. Y también a ternura y sutil ingenuidad. Y, sobre todo, a una resolución visual impecable, de momentos líricos, poéticos. A eso contribuye la simple y perfecta escenografía, que consta solamente de un pequeño telón bordeaux, y una gran araña de cristal, ambos guiños evidentes a la antigua tradición teatral. Esos elementos, que se van incorporando a las proezas físicas, aportan belleza al conjunto de la escena, que completan algunos efectos de tramoya, algunas flores (otra parodia a la vieja tradición del teatro), y algún otro detalle. El ida y vuelta con el público es otro de los aspectos que esta pequeña compañía, Les Rois Vagabonds, capitaliza para ofrecer un espectáculo que emociona y hace reír a la vez.

Concerto pour deux clowns [*****]

Guión de acciones, dirección y actuaciones: Igor Sellem y Julia Moa Caprez. Técnicos: Sacha Pinget y Florian Euvrard. Música: segmentos de Vivaldi, Strauss, Bach, Schubert, Albinoni, Tchaikowski. Producción: Les Rois Vagabonds (Los reyes vagabundos), presentada en Uruguay en el marco del Festival Internacional de Circo de Montevideo. Sala: Teatro Solís. Funciones: se presentó en dos actuaciones, los pasados miércoles 2 y jueves 3, a las 20:00.

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