teatro

"El padre": Una exitosa farsa trágica que aborda la vejez

Mañana a las 21.30 se estrena "El padre" (del francés Florian Zeller) en El Galpón; el director Héctor Guido habló con Tv Show sobre la obra

Julio Calcagno personifica a El padre. Foto: Alejandro Persichetti
Julio Calcagno personifica a El padre. Foto: Alejandro Persichetti

En El padre, escrita por el novelista y dramaturgo francés Florian Zeller, la premisa es aterradoramente simple. Un hombre viejo está enfermo y pierde la memoria. Su mente perdió las coordenadas y, durante toda la obra, el público se meterá dentro de su cabeza para compartir su impotencia y su perplejidad, intentando entender cómo se unen las piezas de un puzle cuya imagen es un completo caos.

Esta “farsa trágica” -como la define Zeller-, plantea el tema de la vejez con dureza, ternura y humor a través de un desarrollo que obliga a que el espectador se cuestione si realmente los personajes que aparecen a lo largo de la obra existen o si son una pura invención de un hombre con demencia.

La obra fue estrenada en París en 2012 y ya fue representada en Italia, España, Estados Unidos, Portugal, Brasil y Argentina con una gran recepción de la crítica. Ahora llegará a Montevideo, donde se estrenará mañana a las 21.30 en El Galpón. 

Antes del estreno de El padre, su director, Héctor Guido, habló con El País.

—¿Cómo diste con el texto de El padre y de qué va?

—La obra me la recomendó Mario Morgan, pero también era de interés de muchos compañeros. Internet te mantiene al tanto de buena parte de la cartelera mundial y pude leer sobre este autor francés muy joven. Me impresionó la producción de Florian Zeller, tanto de novela como de teatro, y sus excelentes reconocimientos. El Padre, en particular, venía conmoviendo a público y crítica por su temática y exigencia interpretativa en París, Londres, Madrid, Broadway, Buenos Aires, Colombia y México. Son ciudades y públicos muy diferentes pero con gran cultura teatral, por lo que era obvio que no estamos frente a una obra fabricada exclusivamente para el éxito de taquilla. Cuando accedí al texto y vi la puesta de Daniel Veronese en Buenos Aires entendí su aceptación mundial. Es destacable la calidad de su texto, el desafío de su estructura, la exigencia interpretativa y ese riesgo de construir eso que Zeller llama “farsa trágica”.

—¿Qué aspectos te interesa resaltar de la obra y del trabajo de El Galpón?

—El Galpón tiene la particularidad de trazar estrategias y no limitarse solo a poner en escena las obras. En ese sentido, nos propusimos un fuerte intercambio a nivel internacional, tanto de nuestra presencia en el exterior, como con invitar a directores que teníamos la certeza que nos iban a aportar una actitud desafiante y riguroso del hecho artístico. Se dialogó con muchos amigos y maestros del exterior a quienes les dimos absoluta prioridad de elenco y fechas. También nos interesaban compañeros del medio local tanto en dirección como dramaturgia. Por estas razones El Padre surgió y el sentido de ponerla en escena pasa por varios propósitos. Nos interesa mucho su temática social porque nos involucra a todos. Además, nos entusiasma que la obra sea una oportunidad para homenajear a un actor tan extraordinario como Julio Calcagno. Por otra parte, queremos aportar a la cartelera de verano, que es imprescindible para llegar a los públicos del turismo que vienen a Montevideo, ya sea del interior y del exterior. Creo que la razón más importante para estrenar El Padre es nuestro convencimiento de que será de gran interés para el público porque el texto navega con la maravilla del humor y los vientos trágicos de problemas profundamente humanos que no logramos resolver.

—Contame un poco sobre la escenificación, el montaje, la concepción general y los rubros técnicos.

—La escenificación es uno de los grandes desafíos. El espectador estará asistiendo a una especie de rompecabezas que surge de las diferentes secuencias y que lo predispone a una empatía muy particular con su protagonista, de 80 años. Es una mirada diferente a los problemas que surgen a esa edad y cómo se han tratado teatralmente hasta hoy. Se invierte el ángulo de visión de la realidad y las piezas del rompecabezas se ajusten a la perfección.

—Respecto a tu trabajo con los actores, ¿cómo creés que tiene que ser la dinámica actor-director?

—Creo que es muy importante la comprensión de la obra, su estudio profundo, la búsqueda del tono de la pieza y trabajar siempre aportando a un todo sin elaboración ni propuestas personales aisladas. En definitiva, en esta etapa el equipo hace un gran acuerdo. Eso implica un proceso prolongado de trabajo de leer mucho la obra y analizar casi cada palabra y situación. Si esta etapa se cumple correctamente, cuando pasamos a lanzar la palabra y el cuerpo en el espacio -lo que llamamos mover la obra-, existen certezas básicas que todos los actores necesitan para desplegarse con plenitud.

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