crítica: Buena Gente

Nada como una obra de teatro bien escrita

En la Alianza Uruguay-Estados Unidos, un espectáculo que alterna humor y emoción

Buena gente
Buena gente: Gustavo Suárez y Gabriela Iribarren. Foto: María Fernández Russomagno

Un texto hermoso, de esos que el buen espectador no olvidará. Y que recuerda un poco a la gran dramaturgia norteamericana, a Tennessee Williams sobre todo. Buena gente, de David Lindsay-Abaire, cuenta una historia entrañable, cruda, verosímil, a un ritmo parejo, sin frenos en la trama, y sin abrirse del argumento. Protagonizada por Gabriela Iribarren, su personaje de Margaret tiene todo para que el público se ponga de su lado, y viva junto a él esta triste historia que contiene toques de muy buena comicidad.

Margaret puede despertar en el espectador ese sentimiento de empatía, de piedad, de pena por el dolor ajeno que producen las grandes protagonistas femeninas de Williams, en Un tranvía llamado Deseo o en el El zoo de cristal. Pero la protagonista de este texto de Lindsay-Abaire (también autor de Rabbit Hole, por la que recibió el Pulitzer en 2007) expresa una fuerza vital y una entereza que hace que el público quede rendido ante ella.

Además, la historia es triste, pero los personajes están llenos de vitalidad, y el clima de la puesta -y ahí el director Álvaro Ahunchain estuvo muy bien- no es apagado, sino cargado de fuerza.

La protagonista (quien además lleva adelante buena parte del peso actoral del espectáculo), es un ser de esos que no encajan en el mundo laboral. Indisciplinada, con una visión algo distorsionada de la realidad, con tendencia a leer mal los hechos que la rodean, Margaret va cayendo de mal en peor. La pérdida de su trabajo desencadena una serie de situaciones que el público sigue muy de cerca. Y en su oscura realidad se abre una ventana de esperanza, con la presencia de Mike (Gustavo Suárez), un vecino del barrio de la infancia, que el paso de los años convirtió en un médico exitoso, que habita un barrio de alto nivel.

En ese argumento, el autor abre una reflexión sobre las clases sociales, sobre el racismo, y sobre en qué medida es la voluntad individual la que construye el destino de una persona. Y Lindsay-Abaire rodea a su protagonista de una serie de personajes coloridos, muy bien trazados, que componen una interesante galería. El uso de determinados elementos (como el juego del bingo), cobran un fuerte sentido simbólico en la obra, que además tiene muy buenos remates de las escenas. También hay juegos de palabras, que la traducción supo conservar.

En el escenario la obra está servida con eficacia, de modo que el espectáculo llega bien al público. Iribarren carga con fuerza con todo lo que el personaje le exige, aunque en algunos momentos (al igual que a otros miembros del elenco) se nota cierto automatismo, que se traduce además en bastantes furcios. A nivel de escenografía el montaje no da lo mejor de sí, principalmente en la residencia del médico exitoso. Pero las deficiencias de montaje e interpretación no eclipsan el poder del texto y su capacidad de conmover al público, de hacerlo parte de los hechos, de provocar risa.

La Alianza Uruguay-Estados Unidos sabe (y puede) armar una programación de autores interesantes, que muchas veces desde las formas más tradicionales del lenguaje teatral, logran lo que un sector del público busca: una fuerte experiencia emocional. Así lo está haciendo con Magnolias de acero (también dirigida por Ahunchain), y un par de temporadas atrás lo consiguió con Viaje de un largo día hacia la noche, dirigida por Jorge Denevi. Y antes con Perdidos en Yonkers, que llevó a escena Roberto Jones. En esa línea de obras distintas pero todas bien concebidas, que apuntan al corazón, se ubica Buena gente. Una obra recomendable.

ficha

Buena gente [****]

Autor: David Lindsay-Abaire. Actores: Gabriela Iribarren, Gustavo Suárez, Lucila Rada, Bettina Mondino, Guillermo Vilarrubí y Leonor Svarcas. Dirección: Álvaro Ahunchain. Escenografía: María Fernández Russomagno. Música: Ruben Rada. Sala: Teatro Alianza Uruguay-Estados Unidos, Paraguay 1217. Funciones: sábados a las 21.00 y domingos a las 19:30. Tickantel, $ 400.

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