Sergio Mautone

"Nunca me visualicé como gestor cultural"

Es sindicalista y actor de teatro, también Presidente de la Sociedad Uruguaya de Actores (Sua) y en pocos días asumirá como

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Foto: A.Colmegna.

—¿Qué día pasa a ser el nuevo Director de Cultura?

—Estoy asumiendo hacia 2 de marzo: tampoco tengo la fecha exacta porque en principio los ministros asumen en día 2, y todavía no sé con exactitud si nosotros asumimos ese mismo día o el siguiente. Hasta no asumir el cargo no puedo hablar de la futura gestión: sí puedo anunciar que lo asumiré.

—¿En qué manos queda la presidencia de la SUA?

—Bueno, algunos integrantes del Consejo pasan a formar un Consejo interino, bajo la presidencia de Lila García, que es la actual secretaria general. Funcionará por 60 días, y en 45 días va a haber un llamado a elecciones, de acuerdo a lo que se determinó en la última asamblea general. Y allí se va a elegir a las autoridades que habrán, o bien determinar el período, o iniciarán un período a partir de ese momento. Yo estaba a 18 meses de terminar la gestión.

—La SUA vive un momento complicado...

—Sí, una situación compleja, que tiene que ver con un desfasaje económico, producto de la política que nosotros impulsamos de la formalización del trabajo, y la no adecuación del resto del sistema. Entonces, Sua tiene una estructura armada, que hoy está resultando deficitaria para hacer frente a los compromisos administrativos.

Todo tiene que ver con que, la formalización, como todos sabemos, implica un desembolso, tanto por parte del contratante como del contratado, más alta que el trabajo en negro, cosa que es obvia. Y en tanto no existan mayores contralores, hay una fuga importante, tanto del contratante como del contratado, para venirse a la formalización.

—¿O sea que son los propios actores los que conspiran contra la formalización del trabajo de ellos?

—Claro, planteado así, suena muy tremendo. Es un proceso, de un mecanismo bastante complejo: en cualquier ámbito en que las medidas de contralor no están debidamente aceitadas, sucedería lo mismo.

—¿En qué momento de su carrera sintió que pasaba de lo artístico a la gestión?

—Bueno, de niño yo quería ser actor, nunca me visualicé como gestor. Y nunca tuve una crisis vocacional: de niño leía cuentos y los escenificaba. Siempre tuve una muy clara conciencia artística.

Y paradójicamente, aunque ingresé al Teatro de la Ciudad, una escuela que ya no existe, que dirigió Carlos Aguilera, cuando salí de allí no me inserté en la actividad artística, sino que en ese momento, en la apertura democrática del país, me arrastra y termino vinculándole a la militancia sindical, que es donde esencialmente me he concentrado.

Eso fue desarrollando en mí un perfil, y a la actividad teatral me integro 15 años más tarde, tardíamente, cuando pensé que ya no lo iba a hacer. Fue en 1998, con La batalla, de Heiner Müller.

Antes de eso había tenido también una experiencia importante a nivel del sindicato bancario, el palo de donde vengo: no solamente fundé y presidí el sindicato del banco donde trabajé durante dos décadas y media, sino que integré la dirección del consejo de la banca privada, de AEBU, y fui su secretario durante dos períodos también. Ahora estoy ante un nuevo desafío.

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