CRÍTICA

"Noche francesa" es: la gran vanguardia de la danza resucitada

Crítica del espectáculo Noche francesa que realiza el Ballet Nacional del Sodre en el Auditorio Adela Reta

Noche francesa. Foto: Carlos Villamayor
Noche francesa. Foto: Carlos Villamayor

La nueva producción del BNS, que se estrenó el sábado con gran entusiasmo por parte del público y también de la propia compañía, está compuesta por dos obras que, sobre el escenario, guardan una distancia gigante. Y quizá lo único que hace que Noche francesa no sea en sí un espectáculo totalmente orgánico es que está compuesta de dos partes tan diferentes.

Pese al interés que despierta Suite en blanc, fue la segunda parte, El sombrero de tres picos la que causó más asombro en el público en general. Y no solamente por la presencia de Pablo Picasso en su ficha técnica, sino por presentar sobre un escenario local una obra que fue creada en los Ballets Rusos, y levantada en el escenario del Sodre con poderoso sabor de época. Realmente, la impresión que va dejando este gran espectáculo (porque es una producción en sí) con coreografía de Léonide Massine, es estar asistiendo en Londres a su estreno en 1919, un siglo atrás.

Noche francesa. Foto: Carlos Villamayor
Noche francesa: Suite en Blanc  con coreografía de Serge Lifar. Foto: Carlos Villamayor

A veces sobre los Ballets Rusos es más lo que la gente imagina que lo que sabe, en parte porque más allá de los datos de los libros, las crónicas de época, las memorias de los protagonistas y demás, siempre hay como un halo de enigma sobre cómo serían a ciencia cierta esos maravillosos ballets en escena. Y ahora, de la mano de Lorca Massine, hijo del egregio coreógrafo, la obra parece resucitar.

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Noche Francesa. Foto: Carlos Villamayor
Noche Francesa [*****]
CuándoHasta el 29 de junio
DóndeAuditorio Nacional Adela Reta
ProgramaSuite en blanc, con coreografía de Serge Lifar, y El sombrero de tres picos, con coreografía de Léonide Massine, con diseño de escenografía y vestuario de Pablo Picasso

Quedan entradas por Tickantel y en boletería del Auditorio desde 60 pesos.

Uno de los elementos más llamativos es el carácter poco sacralizado de la puesta. Empezando por el trabajo de Picasso, cuyo trazo rápido, firme y audaz cruza el escenario de una punta a otra, en una lección de síntesis, muy suya. Muchas veces los trabajos de diseño de escenografía tienen un cuidado por el detalle que roza el miedo. Y el malagueño lo resolvió con su habitual seguridad en la hechura del diseño, con esas líneas sueltas que tienen muy bien calculado al ojo que va a contemplar el resultado. Con unos pocos trazos, Picasso traza un pequeño pueblo encantador.

En ese contexto visual, la compañía bailó una danza arrebatada, también muy de época, que no temió avanzar hacia un registro farsesco. Y reelaborando desde el estilo clásico elementos del folklore español realmente jugosos, que además se llevaron maravillosamente con ese vestuario estimulante que un siglo después sigue marcando un camino para proponer audacia a los vestuaristas locales. El sombrero de tres picos presenta mucha soltura, casi desparpajo, más allá de la calidad con que está montada en esta nueva escenificación. Y en esa frescura radica una parte enorme de su belleza.

Noche francesa. Foto: Carlos Villamayor
Noche francesa. "El sombrero de tres picos" con coreografía de Léonide Massine, con diseño de escenografía y vestuario de Pablo Picasso Foto: Carlos Villamayor

Suite en blanc, que abre el espectáculo, es otro tipo de joya de la danza del siglo XX. Hermoso catálogo de formas, su coreografía se multiplica para ofrecer variedad, desde un entorno estético sobrio, dominado por los blancos y los negros, y la valoración de las tonalidades claras que brinda el vestuario. El cuadro vivo, el subrayado de las formas, el trabajo de brazos, todo da cuenta de la exigencia técnica que tiene esta preciosa obra, que juega a estilizar las antiguas formas del ballet romántico. A una verdadera descomposición de la danza del romanticismo parece asistir el espectador, que apenas podrá captar con su mirada el abanico de formas. Exhibición briosa y hasta festiva, en esta delicada pieza de 1943 también se supo conservar la sutil ecuación entre recreación de época y espectáculo lleno de vida.

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