ENTREVISTA

Con Nadia Mara, la nueva figura del Ballet del Sodre: "Soy una bailarina luchadora"

Desde Atlanta, la nueva primera bailarina del Sodre habla de su carrera y su vuelta al país, de Julio Bocca, Igor Yebra y María Noel Riccetto

Nadia Mara en "El cascanueces". Foto: Kim Kenney
Nadia Mara en "El cascanueces". Foto: Kim Kenney

Nadia Mara tiene el pelo largo, la sonrisa grande, una elegancia que se nota aún en un mal plano de celular y ese brillo en los ojos propio de una ilusión. Tiene, y esto lo dice en charla con El País, mucha ansiedad y entusiasmo y también felicidad por su pronta vuelta a Montevideo, esta ciudad de la que se fue a los 18 años para hacer una importante carrera de bailarina bastante lejos de casa.

Ahora, tras 15 años como figura en el Atlanta Ballet de Estados Unidos, Mara se convertirá en la primera bailarina del Ballet Nacional del Sodre. Prevé llegar a fines de junio, aunque no sabe muy bien cómo serán los primeros pasos en este nuevo trabajo: la pandemia del coronavirus alteró todos los planes y eso implica que no podrá despedirse de Atlanta, sus compañeros y su público, en vivo.

“Son tiempos que no se dieron como para que me despidiera, quizás porque las despedidas no me gustan. ¡Odio las despedidas!”, dice por videollamada desde Atlanta, y agrega: “qué complicado es decir chau”.

En setiembre (*), Mara bailó por primera vez con el Ballet Nacional del Sodre. Vino como invitada para hacer el rol de Tatiana en Onegin, puesta en la que compartió protagónico con María Noel Riccetto. En el ambiente de la danza y entre el público conocedor, su nombre apareció como una fuerte posibilidad para ocupar esa vacante.

“Ese fue el puntapié”, dice Mara sobre aquel arribo a la compañía, convocada por el director artístico Igor Yebra. “Incluso se habló con Igor de la posibilidad de que probara un par de meses a ver cómo me sentía, pero de que ellos estaban abiertos a la posibilidad de que me volviera a Uruguay, si quería. Esto fue después de que bailé el rol de Tatiana; después de ver el modo de trabajo, ver cómo reaccionaba el público. Fueron cosas superpositivas y me sentí supercómoda, la dinámica fue muy buena y me hicieron sentir muy en casa”.

Ahora, se ilusiona con el papel protagónico de Romeo y Julieta y la chance de bailar ese ballet en Uruguay —“me encantan los roles dramáticos”, dice—, aunque primero quiere bailar. Lo que sea, pero moverse en un espacio amplio: se adaptó a entrenar en casa, a hacer un grand battement y tirar una lámpara, por ejemplo, “pero tengo ganas de estar en un salón para poder realmente bailar”.

—El año pasado, en la conferencia previa a Onegin, Riccetto dijo que la sensación que te iba a dar pisar el escenario del Sodre iba a ser única y no te la ibas a olvidar. ¿Tenía razón?

—(Se ríe) Yo sabía que iba a ser así; incluso cuando estábamos ensayando en el escenario, sin el público, ya sentía que era algo muy especial. Fue todo muy mágico. Tatiana empieza como en el piso, leyendo el libro, y esa primera noche sentí... No te puedo explicar la sensación que tuve cuando se abrió ese telón. Sentí un apoyo lindo, y eso me hizo sentir en casa. Tenía razón María, no hay nada como el país de uno y como la gente que te quiere y te apoya. Me acuerdo que estaba ahí, en el piso, y viene Igor y me dice: “¿Estás lista? Mirá que hay un teatro lleno esperando por verte”. Y pensé que me iba a poner muy nerviosa pero no, eso me dio como muchas más ganas.

—Entre esa primera charla y este anuncio, ¿cómo fue el proceso? ¿Cuanto tuviste que analizar el aspecto económico?

—Obviamente que si uno está en esta carrera, la carrera del artista, como amás tanto tu profesión, el tema económico pasa a ser segundo plano. Yo en Atlanta estoy trabajando hace muchos años, he ganado un respeto en mi puesto y obviamente que va a haber una diferencia, porque estamos en países totalmente diferentes, pero lo más importante era poder estar de vuelta en el país. Para mí, lo económico va en segundo puesto. Es muy importante para mí estar ahí como artista.

—Llegaste al Atlanta Ballet siendo una chiquilina y te volvés, imagino, muy distinta a aquella Nadia. ¿Cuáles fueron las primeras imágenes que tuviste ahí y cuáles te traés?

—Wow (piensa). El Atlanta Ballet fue mi primer trabajo; entré como: “¿Qué es? ¿Cómo se hace esto?” Me acuerdo de los momentos donde no podía creer lo que estaba viviendo, y me pareció un ambiente mucho más cálido al que yo pensaba que una compañía de danza podía ser. Se apoyaban unos a otros; uno siempre veía en las películas los dramas, la competencia, y por suerte esta compañía siempre fue muy cálida. Y me voy con la impresión de que realmente es así y funciona. Por mucho tiempo fui la única bailarina hispana acá y se me trató siempre con mucho respeto.

Nadia Mara. Foto: Gentileza Nadia Mara
Nadia Mara. Foto: Gentileza Nadia Mara

—No sufriste discriminación por ser sudamericana.

—Nada. Siempre sentí que apreciaban muchísimo que yo era latina y que representaba algo importante en la compañía, una compañía muy internacional, muy mixta.

—¿Durante estos 15 años seguiste de cerca al BNS?

—Siempre. Desde que Julio Bocca tomó el mando estuve ahí, mirando, apoyando a distancia. Traté de seguirlos porque siempre en mi cabeza, en alguna partecita, estaba la posibilidad de volver.

—¿Te imaginaste alguna vez que el ballet uruguayo podía tener el reconocimiento y la proyección que tuvo?

—(Piensa) Creo que Julio Bocca hizo que la compañía fuese una de las mejores del continente, y para mí, como uruguaya, es algo que me llena el corazón. Porque siendo bailarina, quiero que la gente pueda apreciar nuestro arte, que lo apoye y le guste, y él hizo que el teatro se llenara, y eso es impresionante, porque en muchas compañías del mundo no pasa. Es una alegría tremenda.

—Esta semana se supo que Yebra no seguirá en el cargo en 2021. ¿Te tomó por sorpresa?

—Sí, la noticia me tomó un poco por sorpresa, porque habíamos hablado (de los planes) del año que viene. No sé. Creo que es una decisión que se tomó y nosotros, los bailarines, no estábamos al tanto de eso.

—¿Hubiese cambiado en algo tu decisión si te hubieses enterado antes?

—No, porque estoy segura de que la persona que vaya a tomar el mando va a tener la intención de seguir creciendo, va a seguir dándole a esta compañía el nivel que tiene y se merece, y va a seguir haciéndola crecer. Obviamente yo fui a Uruguay porque Igor me dio la oportunidad y estoy muy agradecida con él. Creo que ha hecho cosas muy buenas por el Ballet Nacional y y ha seguido la excelencia que Julio Bocca marcó. Pero yo voy a ir de cualquier manera, porque quiero volver a mi país.

—Tu carrera tiene puntos de contacto con la de Riccetto y eso hace que se las compare mucho. ¿Cómo te llevás con eso de “la sustituta”, “la nueva Riccetto”?

—No se puede sustituir a las personas. María es una referente; la admiro mucho desde que estoy en la Escuela Nacional de Danza, creo que es un ser muy especial, que ha logrado cosas increíbles y que ha marcado una historia, así como la marcaron Margaret Graham y Sara Nieto. Comparar, podés compararnos, pero somos personas y bailarinas totalmente diferentes. Yo sé que son carreras un poco parecidas, pero nada, yo no me puedo comparar con María Noel Riccetto. Yo soy una bailarina luchadora, que va a dar lo mejor que puede, pero es incomparable.

—¿Te imaginas siendo primera bailarina en un ballet con Riccetto como directora?

—Es una posibilidad, ¿no? Yo creo que ella tiene mucho para ofrecer y será un momento de aprendizaje para todos. Puede ser algo muy lindo.

otra veta

La coreografía y la música, dos pilares

Además de bailarina, Nadia Mara es coreógrafa y esa es una faceta que le apasiona. “Tengo demasiadas ideas en mi cabeza, entonces es como la mejor manera de poder descargar y hacer cosas diferentes, no solo ser un instrumento de baile sino estar del otro lado. Y me abrió mucho la cabeza mirar a los bailarines y entender cómo se sienten ellos cuando hay un coreógrafo adelante. Te cambia totalmente la perspectiva; yo fui mucho más consciente en mis miradas, por ejemplo”, dice, “y espero poder hacer más en Uruguay”.

Para Mara, un elemento clave a la hora de coreografiar es la música, que de por sí es fundamental en su vida. Dice que escucha de todo —de música clásica a la playlist de cumbias uruguayas que tiene con sus amigas en Spotify—, y cada tanto va a bailar algo latino con su novio estadounidense que, aclara, no es bailarín, pero “tiene buen ritmo. Fundamental”.

(*) Originalmente, esta nota decía que Mara había venido en diciembre para bailar en el espectáculo que marcó la despedida de Riccetto. Esto no fue así: Mara sí bailó "Onegin" en setiembre; Riccetto se despidió con "Manon" en diciembre. A los lectores, las disculpas del caso.

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