Se exhibe Nosferatu, una noche de terror, clásico mudo con la Filarmónica

Música para vampiro y orquesta

El viernes último la Orquesta Filarmónica, de la Intendencia de Montevideo, se presentó por primera vez en el Teatro Colón de Buenos Aires, siendo un hecho sin precedentes que una orquesta sinfónica uruguaya fuera recibida en el gran coliseo porteño.

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Foto: Francisco Flores.

La velada fue también inusual por el programa, una velada de cine y música que conjugó la película Nosferatu acompañada por la música del compositor español José María Sánchez-Verdú. Hoy a las 18.00 y mañana a las 20.00, Nosferatu, una noche de terror, llega al escenario mayor del Teatro Solís.

El público que asistió al Colón fue muy variado, según explicó Álvaro Méndez, coordinador general de la Filarmónica, yendo desde jóvenes darks hasta veteranos amantes del cine y de la música clásica. La mayor sala de Argentina estuvo a pleno, con 2500 espectadores que aplaudieron entusiasmados la sofisticada partitura de Sánchez-Verdú.

"La película es una de las mayores joyas filmográficas, por lo que ponerle música fue un verdadero lujo. Lo hice hace 12 años y creo que la música tiene varios niveles: uno es la trama psicológica de los personajes, y el otro es más visual, buscando que los tonos de la película se transformen en determinados sonidos", comentó Sánchez-Verdú a El País.

El compositor gaditano reconoce que no es fácil definir la estética de esta música: "No es una música tradicional de cine. Juega con timbres enormemente distintos, y no parte de los clichés del cine comercial. Es música actual: cómo suenan los instrumentos, los colores, son muy distintos a una orquesta tradicional".

Esta pieza musical de vanguardia nació por encargo del Teatro de la Zarzuela y la Orquesta de la Comunidad de Madrid hacia 2002. Su estreno fue en 2003, y posteriormente fue presentada en Sevilla, Potsdam, Berlín y Salzburgo, entre otras ciudades.

"Esta música es para una orquesta mediana, no excesivamente grande, pero demanda una serie de instrumentos, como un acordeón sinfónico de concierto, que encarna un poco el papel del vampiro. Y al mismo tiempo hay una serie de voces femeninas que están integradas a la orquesta y recrean sonoridades, más allá del canto. Hay muchas técnicas desde las cuales suena ruido desde la orquesta. Y eso se amalgama con otros materiales musicales, siendo enormemente plástico y sugerente", explica el compositor.

La partitura, en paralelo con la película, está articulada en cinco actos. Es casi como una sinfonía, o una ópera. Tiene momentos culminantes, ante los que la orquesta reacciona, como la llegada al castillo, o el encuentro de algunos personajes. Algo muy recurrente es el viaje, siempre hay desplazamiento de alguno de los personajes, y eso en la música tiene un trasfondo muy especial de movimiento continuo.

Así, cada personaje tiene su caracterización musical, y en toda esa paleta, la ironía también está presente. "Hay uno de los personajes que es una especie de discípulo de Nosferatu, que es Knock, que está emparentado con el fagot, con un toque más de caricatura. Así, Ellen siempre está unida al oboe, y Hutter, el protagonista, está unido a un cello", dice Sánchez-Verdú. "Y fenómenos de la naturaleza, grandes montañas, son los instrumentos de metal. Hay muchas vinculaciones que el oyente va percibiendo poco a poco, como una especie de degustación de sonidos y colores".

De la música original que Hans Erdmann (1800-1900) había compuesto para este film sólo se han conservado unos minutos, y ni siquiera la sincronía con las secuencias se conoce en su totalidad. Sánchez—Verdú optó por incorporar esa música original. "Yo creo una especie de palimpsesto, y de repente, de trasfondo entre varias cosas, aparece un fragmento de la música original, como una capa interna del material musical".

Este compositor es autor de una numerosa obra escénico-musical, y su trabajo está abierto al uso del espacio arquitectónico, las instalaciones, la luz y la electrónica, en proyectos interdisciplinarios en los que la tecnología digital muchas veces entra en juego. Claro que al enfrentarse al cine, hay algunas reglas que el celuloide impone. "Este tipo de trabajo tiene un elemento muy importante y distinto, que es la tiranía del cronómetro. El cine te obliga a mantener esa misma estructura temporal. Eso en mis óperas, o en mis obras para orquesta o música de cámara, no es así. En este caso estás al servicio de esa dramaturgia temporal previa".

"Hice varios proyectos en la Escuela de Cine de Berlín, de cine experimental. Pero no me he metido mucho con el cine, porque te obliga a transigir de tus propias ideas estéticas, al servicio de un género que es mucho más comercial", confiesa este músico, cuya carrera comenzó en el sur de España, luego en Madrid, y actualmente vive en Berlín.

Y a la hora de vincular esta música con alguna geografía, reflexiona: "Ya no existen las escuelas nacionales, como hace 80 años, y creo que esta banda sonora es muy personal. Quizá está más vinculada con el mundo germánico, por algunos tipos de timbre. Incluso recorrí los espacios donde Murnau estuvo rodando Nosferatu. En la ciudad de Lübeck, por ejemplo, se pueden encontrar muchos de los exteriores, y algunos hoy están exactamente igual. Como una de las puertas de la ciudad, que está igual. Pero creo que es un poco intemporal: no hace referencia a contextos espaciales, ni a música de la época. Porque es la trama interna de la psicología de los personajes".

Iñaki Alberdi, un grande del acordeón

Escalas vertiginosas, melodías que acompañan el movimiento de un barco, o el efecto del viento en el pasto. Ratas, un insecto, el aullar de una hiena, todo encuentra su correlato en esta creación de Sánchez-Verdú que se verá por primera vez en Montevideo. La función dura algo más de 90 minutos, y del conjunto de los músicos participantes destaca la presencia del acordeonista Iñaki Alberdi.

El espectáculo es una coproducción del Centro Cultural de España, La Orquesta Filarmónica, el Teatro Colón de Buenos Aires y el Teatro Solís, y se presenta hoy a las 18.00 y mañana a las 20.00.

Las localidades están a la venta en TickAntel y en la boletería de la sala, y valen $ 200 la función de hoy y $ 250 la de mañana. Ayer por la tarde, se habían vendido 278 para la función de esta tarde y 290 para la del miércoles.

LA VIGENCIA DE UN CLÁSICO

Pionero del cine de horror y el primer gran vampiro de la pantalla

Nosferatu (1922) es una de las obras culminantes del cine expresionista alemán, y una de las cumbres de su director Friedrich W. Murnau. Estrictamente es una adaptación de la clásica novela Drácula de Bram Stoker, aunque los productores alemanes nunca pagaron los derechos correspondientes, y por eso no pudieron utilizar el nombre, aunque las semejanzas a nivel de anécdota son muy notorias.

De hecho, el film de Murnau se parece más al libro de Stoker que muchas adaptaciones posteriores, norteamericanas y británicas, que reconocieron explícitamente su filiación: arran- ca con la llegada del escribano Hutter (el equivalente del film del stokeriano Jonathan Harker) al castillo transilvano del conde Orlok (otras veces llamado Drácula), la atracción que despierta en el vampiro la foto de la novia del infortunado profesional, y el viaje del No Muerto a Occidente en pos de un amor perdido.

El film, que está espléndidamente narrado, maneja con particular habilidad los tiempos y un sentido de amenaza, y se hace perdonar fácilmente el aspecto algo grotesco de su vampiro, se inscribe a la vez en la tradición gótica cultivada por Stoker, en una de las vertientes del movimiento expresionista, y en la propia obra de Murnau, un autor personal cuya visión del mundo suele ser perceptible más allá de los temas puntuales manejados en cada uno de sus films.

Por un lado, su "expresionismo" es raro. Mayoritariamente, el movimiento se caracterizó, en las artes plás- ticas, el teatro y el cine, por una deformación expresiva de la imagen (la realidad no tal como se la ve, sino como se la "siente") reflejada habitualmente en un uso intencionado del decorado, des-de las formas estilizadas de El gabinete del doctor Caligari (1920) de Wiene al simétrico gusto arquitectónico del cine de Fritz Lang. Murnau, que ya había incursionado en la ficción fantástica con una versión de El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde titulada Der Januskopf, (1920) optó por buscar la "rareza" por otros medios. Su película no emplea un solo decorado construido expresamente para ella, sino que busca localizaciones auténticas y les otor- ga un aura inquietante a través de una pensada selección de encuadres. También busca en la naturaleza ejemplos de monstruosidades zoológicas que sirven de contrapunto a sus horrores sobrenaturales.

Hay por lo menos otro aspecto en el que el film es claramente "murnauniano", y que el director reiteraría en films tan diferentes como Amanecer (1927) y Tabú (1931): el tema de la pareja amenazada por un peligro exterior (la mujer de la ciudad en un caso, el hechicero de la tribu en otro, el temible vampiro aquí). De Nosferatu derivan también, por supuesto, los Dráculas de Lugosi y Christopher Lee, y el homenaje de Herzog. 

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