TEATRO

Monólogo de un amor torturado

Desde hoy, Soledad Gilmet ante un texto de Stefan Zweig.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Desdoblamiento: Soledad Gilmet ante el espejo de un rol. Foto: Difusión

Desde hoy El Galpón recibe, todos los miércoles, Carta de una desconocida, texto del escritor austríaco Stefan Zweig que interpreta Soledad Gilmet, en clave unipersonal. Con dramaturgia y dirección de Fernando Gilmet, el argumento trata sobre un famoso escritor vienés quien recibe una carta escrita por una mujer desconocida que le confiesa su amor secreto y casi obsesivo que la había acompañado toda la vida. Va en la Sala Cero a las 20:00, con entradas en Tickantel y la sala (Av. 18 de Julio 1618), a $ 300.

"Es la historia de un amor sin pedir nada a cambio. Es la historia de esta mujer, de cómo vivió en ese principio del siglo XX, en función de él. En una actitud muy valiente para la época, de manera nada común entonces. Yo lo cuento como una historia de amor, por más que también hay muchas otras cosas", señaló a El País Soledad Gilmet, destacada actriz egresada de la Emad en 1999, y que ha sobresalido en numerosos papeles.

El texto, que ahora es llevado a escena, permite el reencuentro con la obra de Zweig, escritor, biógrafo y activista social muy popular, que fue muy leído varias generaciones atrás, y muy traducido al español. Más aún, la obra contiene referencias autobiográficas, desde la persecución de la que fue objeto hasta su exilio en Brasil. El juego escénico que se propone invita a entender también en qué contexto ocurre esa inusual historia de amor. "Yo lo veo como un amor muy profundo y más allá de todo. Es muy linda de hacer, porque el público se conmueve mucho. Llega a todos", cuenta la actriz, que sube a escena dirigida por su padre, artista de teatro de extensa trayectoria aquí y en España.

La novela breve fue percibida por Fernando Gilmet con un gran potencial para un monólogo, y luego sus aspectos literarios fueron también traducidos en acciones. Y en escena la historia se desarrolla en un entorno despojado, con una mesa, un espejo con luces a modo de camarín, una silla y un perchero. "Arranca una actriz contando una historia, y en un momento me convierto en esa desconocida; y así, voy y vengo entre esa actriz y la desconocida. No hay grandes parafernalias. Soy yo contando una historia", relata la artista, quien agrega que si bien es un drama, tiene guiños de humor.

"En esos momentos es cuando me doy cuenta si el espectador está ahí pendiente", asegura Soledad Gilmet, que en este trabajo ha indagado en las claves de la actuación en solitario. "Normalmente, cuando se está haciendo un espectáculo estás en escena con tus compañeros. Y más allá del texto, y de lo que se esté contando, el estímulo viene como del otro. Y en el monólogo es uno solo quien tiene que despertar todo ese universo y levantarlo. Y la otra referencia que existe es el público. Es bien distinto a todo lo demás", dice la intérprete, que ha trabajado en publicidad, cine, televisión, teatro callejero, títeres y demás. "Mientras sea actuar, me da igual el formato", redondea la artista.

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