Entrevista

Mario Morgan habla de Juan Darthés, la Comedia Nacional y su nuevo estreno

“El humor en el teatro uruguayo es deplorable” dice el productor y director teatral

Mario Morgan
Mario Morgan. Foto: Ariel Colmegna

El jueves 24 el Teatro del Notariado estrena Dos hombres desnudos, de Sebastien Thiery, con Álvaro Armand Ugon, Graciela Rodríguez, Nicolás Pereyra y Eunice Castro. Sobre la obra, su vínculo con Juan Darthés y el teatro uruguayo su director, Mario Morgan habló con El País.

—Está muy vinculado con el ambiente porteño. ¿Cómo ve todo lo que se armó en torno a Juan Darthés?

—Trabajé con Darthés y no creo que sea un violador de esos que agarran una mujer por la calle o por un parque y la violan. Sí puede que tenga esa cosa de macho tanguero, de tener todas las mujeres dispuestas para él. A mí me inspiran terror las redes sociales, y cómo se genera una persecución contra alguien. Es la Justicia que primero debe decidir, antes que alguien declare a una persona culpable. Determinadas percepciones, hacen creer, de pronto involuntariamente, una realidad falsa.

—Como que es difícil tomar partido en esos casos.

—Lo de la violencia hacia la mujer me parece deleznable. Tienen razón en protestar y en pedir basta de violencia. Pero cuando se llega al tema de la violación, hay muchas que son reales y eso también es detestable. Pero hay muchas que son falsas. Muchísimas. Y a veces esas denuncias de abuso son utilizados meramente para una cuestión mediática, por gente que no trabaja, o que ha perdido su lugar, y lo hace exclusivamente para volver a ser noticia. Eso es imposible compartir. Tiene que tener un límite. No puede ser que alguien diga que hace 20 años estábamos en una fiesta y me tocó la cola. Eso es una cretinada.

—¿De qué siente que habla Dos hombres desnudos?

—Es una comedia de esas llamadas morales, porque detrás tienen como un análisis de cosas que suceden en la vida. En este caso habla sobre la personalidad, si la persona la admite, o si la oculta. Trata sobre la verdad y la mentira. A veces parece que es más fácil vivir en la mentira que en la verdad. La verdad muy pocas veces se da. Siempre aparece como una fantasía, una irrealidad, una realidad y un pensamiento ocultos.

—Viene presentando una serie de comedias como El nombre y Nuestras mujeres, en el Notariado. ¿Ve una línea en común entre ellas?

—Odio las comedias de puertas que se abren y se cierran. O de hombres que hablan de mujeres, o mujeres que hablan de hombres. Y trato de buscar comedias que de alguna forma pueda abrir una reflexión al espectador, sin apartarse del género. Y los franceses han descubierto últimamente ese tipo de comedia, con un trasfondo que al espectador le llega.

—¿Cómo ve el humor de la cartelera teatral?

—Deplorable. Generalmente se va a un humor muy burdo, directo y fácil. Y siempre tocando el mismo tema. Cuando entrás a la sala ya sabés qué es lo que se viene.

—Usted vivió otra época de la comedia en Uruguay…

—Se apelaba a un humor fino, el humor inglés, tipo Noel Coward. O se hacía vodevil. Y Brenta y Otermin, eran grandes directores de comedia. Se hacía otro tipo de comedia. La banalidad actual no tenía lugar. Este núcleo de autores franceses han reivindicado el género.

—El musical es un género que tampoco logra echar raíces en Montevideo.

—Primero, porque no hay gente que sepa cantar, bailar y actuar. Segundo, porque no hay coreógrafos. Tercero, porque no hay medios para hacerlo. Y cuarto, porque no existe la técnica indispensable que requiere un musical. Entonces, lo que el espectador recibe es una reducción del musical, que por lo general queda muy minimizado. Además, como no saben cantar y bailar, el músico baja las partituras para poder adaptarlas a las voces. Y eso cambia totalmente el despliegue vocal. Cuando escuchás a Gerónimo Rausch o a Elena Roger, te das cuenta a dónde apuntan. Es muy difícil encontrar algo así acá. Y que además sepa bailar y actuar. Las tres cosas juntas no se dan: no hay formación.

—¿Cómo ve a la Comedia Nacional?

—Como toda compañía, tiene espectáculos buenos y otros no tanto. Muchas veces trabaja de espaldas al público, como se vio el año pasado en Éramos tres hermanas, que me pareció muy mala. La Comedia Nacional tiene grandes desaciertos sobre todo en repertorio. Tendría que tener uno totalmente dirigido al público, porque la pagamos todos. Entonces, tiene obligación de comprometer a la platea. La Comedia, al menos en sus salas grandes, tendría que dar un repertorio como el de su época de oro donde el espectador se instruía y conocía los clásicos tal como son. Y no una adulteración. Eso sucede en toda compañía oficial. Cuando ese lineamiento se pierde, se torna discutible su cometido.

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