Jorge Esmoris

"No manejo al público, ni él a mí"

El estreno de Sufro... luego existo, el nuevo espectáculo de Jorge Esmoris, será mañana en Vieja Farmacia Solís, donde quedará en cartel. 

El eterno femenino de una imaginativa pintora
El gran cómico presenta desde mañana "Sufro... luego existo". Foto: Alejandro Muntz

Subtitulado Un espectáculo uruguayo hasta la médula, consiste en un monólogo de humor donde se pasa revista a la manera de ser del ciudadano oriental, y a la forma en que afronta las diferentes vicisitudes a la que es sometido. La política, el fútbol, la identidad nacional, las diferentes formas de escapismos ‘pseudoespirituales’, serán tratadas con un humor, sin concesiones pero sin caer en lugares comunes, según asegura el cómico.

El objetivo de esta nueva incursión en el unipersonal es "analizar la existencia, con toda su grave seriedad, desnudar los dogmas que actúan como drogas (legales e ilegales), desarmar como un deformante rompecabezas las mil facetas visibles y ocultas de nuestra forma de ser. Eso no es solo una gimnasia intelectual, un tanto olvidada, sino también una fuente de humor y un antídoto a todos los convencionalismos políticamente correctos", agrega el actor, autor de sus propios textos y fundador de la mítica Antimurga BCG.

"Sufro, luego existo es una maravillosa oportunidad de reírnos de nosotros mismos como solo nosotros podemos y debemos hacerlo, porque lo que no puede el mal humor, lo puede el buen humor", explica el artista, que luego de la función de estreno subirá a escena el viernes 6, sábado 7, el viernes 20 y el viernes 27, siempre a las 22 horas. La cita es en Vieja Farmacia Solís (en Av. Agraciada 2623 y Santa Fe) y las reservas se pueden hacer al tel. 2204 2303. "Por suerte, y con motivo de las llamadas a la sala, comenzamos a agregar funciones en febrero. A partir de marzo inicio la gira por el interior y también sigo con las funciones en la Farmacia".

—¿Cómo es el formato de este show?

—Es de workshop: los diferentes temas son tratados a través de talleres intensivos, yo diría muy intensivos. Hay un Taller de Recuperación del Optimismo, hay un Taller de Comprensión de la Realidad a través del Absurdo, hay un Taller de Desarrollo Casi Imperceptible de la Imaginación.

—¿Ve al habitante de este lado del Plata muy sufrido?

—Sí, veo como dos niveles de sufrimiento. Uno individual, en el que cada uno de nosotros pareciera que necesitara del sufrimiento para continuar nuestro tránsito por la vida. Vamos a ver la película más taquillera del momento y cuando llegamos al cine vemos una enorme cola y empezamos a darnos manija, a fastidiarnos con todos aquellos los que se les ocurrió ir a ver la película que uno quería ver. Entonces decimos: yo sabía, yo sabía que esto iba a estar así. O sea: uno sabía que mucha gente iría, por lo tanto también sabía que uno se iba a calentar, uno sabía que aquella salida planificada a priori con la sana intención de pasarla bien, se convertiría en un calvario, pero igual lo hacemos porque la necesidad de sufrir es más fuerte. Y así podríamos seguir con la playa, las vacaciones, el cambio de coche.

—Y después está el nivel colectivo...

—Sí, el otro nivel es el institucional, el que se orquesta de las más altas esferas del poder. Un claro ejemplo, que hace poco lo hemos vivido (o sufrido), es la reforma electoral, con sus internas, su primera vuelta, su segunda vuelta, las municipales separadas. Aprobada por el Parlamento, refrendada por el pueblo y la conclusión final: hoy todos se quejan de que resulta largo, tedioso, complejo. Un sufrimiento constitucional.

—¿Le molesta que el público hable? ¿Le ha pasado de tener que pedir silencio? ¿Cómo se maneja eso?

—Del público lo único que me podría llegar a molestar es que no se presentara como tal. Nunca me ha pasado que tuviera que pedir silencio: a veces y en clave de humor les pido que se pongan de acuerdo para aplaudir, porque en ocasiones como que amagan y yo no sé si parar o seguir, y esto puede ser inconveniente tanto para mí como para ellos. Obviamente siempre suceden cosas, risas que llegan a destiempo, comentarios en voz alta o como me pasó una vez, que alguien del público exclamo, ay, me meo, meo, y te imaginarás lo que fue aquello. Son cosas maravillosas. Tan maravillosas como el respeto con el que siempre me sentí tratado por el público.

—¿Lo prefiere callado, y participativo?

—Para mí la participación es que la gente siga la línea argumental o el viaje que les propongo con el texto. Mis monólogos no se caracterizan por la participación directa de la gente. En este lo que hay es un momento breve, en el que realizo una encuesta entre el público para detectar el Nivel de Optimismo en el que se encuentra. Una vez procesados los datos, el espectáculo cae todo sobre mi desgastada espalda. Las cosas son claras: ni yo manejo al público ni el público me maneja a mí. Ambos nos manejamos libremente y ambos la pasamos genial.

—¿Vos tenés distintos "formatos" de unipersonales, o solamente cambian los temas y el modo de llevarlo a escena es el mismo?

—Yo diría que los formatos o la forma van cambiando porque los contenidos, si bien son diferentes de un monólogo al otro, no cambian en cuánto a su esencia, que no es otra que la condición humana, a la cual también pertenecemos nosotros: los uruguayos, aunque pareciera que a veces lo olvidamos. En Esmoris Presidente, el espectáculo se presentaba en un contexto en que otros candidatos también se presentaban: la ficción y la realidad se daban como las dos caras de una misma moneda. En lo escénico la única diferencia entre esa ficción y la realidad eran los contenidos, porque la forma era la misma: un estrado, un candidato, y palabras, muchas palabras. En Sufro... luego existo, soy yo pero también me transformo a la hora de desarrollar los diferentes talleres, y adopto los arquetipos clásicos de eso talleristas.

—¿Cómo es trabajar en una sala como la Vieja Farmacia Solís, en relación, por ejemplo, con una sala mucho más grande, como la del Movie?

—Una sala frontal y de las características de la Sala Teatro del Movie te permite otros recursos técnicos y no te exige tanto movimiento de cuello a efectos de llegar a todo el público. Pero también está la Sala Undermovie, más emparentada a la Vieja Farmacia Solís: te puedo asegurar que en todas yo me siento como pez en el agua. Recuerdo aquel concepto de Bertolt Brecht, en el que se imaginaba un teatro en el que la gente pudiese tomar un trago, comer alguna cosita y pasar un buen momento, que el definía como entretenimiento (aunque parezca mentira, Brecht hablaba de entretenimiento). Y la Vieja Farmacia Solís para mí es ese espacio.

—¿Cuándo vuelve con un nuevo espectáculo la Antimurga BCG?

—Por ahora lamentablemente no. Los espectáculos de la BCG resultan muy costosos y sus montajes muy complicados. Las temporadas suelen ser cortas y reducidas a los meses de enero y febrero: siempre han sido en la Sala Zitarrosa. Cuando comienza la temporada teatral, nosotros ya no podemos estar. Pero reitero, por ahora. Las ganas siempre están y a veces dependen de nuestra capacidad de ahorro.

Los secretos para fijar un texto dentro de la cabeza


Un monólogo es un salto sin red, sin un compañero de elenco que ayude en una laguna. Por eso Esmoris tiene toda una mecánica para fijar un texto en la mente. "Es bastante engorroso. Primero, cuando lo estoy escribiendo, ya ahí hay un proceso inconsciente que lo va memorizando. Luego, cuando llego al texto definitivo, armo como una especie de punteo con los temas, y pongo tres o cuatro líneas de cada bloque, para ir teniendo en la cabeza el recorrido. Y luego, leerlo, repetirlo, leerlo, hasta una etapa en la que lo digo de memoria y lo voy escribiendo en la computadora. Después lo digo de memoria pero lo escribo a mano en un cuaderno, entonces me va dando diferentes tiempos también".

La comedia el crédito se verá en el Notariado


Para el segundo semestre de este año Jorge Esmoris fue invitado por la producción del Teatro del Notariado para participar en el espectáculo "El crédito", del catalán Jordi Galcerán, con dirección de Mario Morgan. "Es una comedia maravillosa de dos actores, que seríamos Franklin Rodríguez y yo", adelanta el humorista, quien suele intercalar en su agenda obras de texto, unipersonales y sus trabajos al frente de la Antimurga BCG.

El famoso dramaturgo catalán Galcerán se hizo internacionalmente muy conocido "El método Grönholm", donde criticaba la selección de personal de las grandes empresas y la competencia feroz entre los aspirantes. Pero el total de su obra abarca muchos otros títulos de interés, entre ellos "El crédito", que aborda otro punto de vista para hablar de la sociedad de hoy, a través de la historia de un hombre desahuciado que se ve en la necesidad de solicitar un préstamo bancario. La gestión se complica y ante la negativa del mismo, una amenazar recae sobre el banquero, con singulares consecuencias.

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