CARMEN MACHI

"Hacer llorar es lo que más se premia"

En España es una de las caras conocidas de la televisión, especialmente por interpretar el personaje de Aída, de la serie homónima. Pero muchos espectadores uruguayos quizá la conozcan más por la película Ocho apellidos vascos", uno de los grandes éxitos de la cartelera de cine nacional y es una suerte de "chica Almodovar": trabajó en sus tres últimas películas.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"Almodóvar dirige pegado a ti, crea una situación muy particular", afirma.

Desde hoy, a Machi se la puede ver en vivo en el Teatro El Galpón, con el monólogo Juicio a la zorra, con dos funciones, esta noche y mañana.

—¿A qué atribuye ese éxito brutal de público de Ocho apellidos vascos?

—Es un misterio, no lo sabemos, un éxito no tiene una razón de ser: seguramente hay razones para su éxito, pero nunca fue la intención cuando se filmó la película, que fuera una bomba. Nunca se esperaba. Incluso es asombroso el éxito de público que ha tenido en países como Uruguay, siendo una temática tan nuestra. También es verdad que ambos países estamos hermanadísimos, nos conocemos muchísimo. Curiosamente, en España, donde más se vio fue en el País Vasco. Ahora acabamos de rodar la segunda parte, donde los personajes viajan a Cataluña. Pero no es exactamente el mismo motor que mueve la primera parte.

—¿Siente que la película ha ayudado a los españoles a trabajar sobre los prejuicios vinculados a los regionalismos?

—Sí, a través de ayudar a reírnos de nosotros mismos, jugando con los tópicos, por medio de una historia agradable, en la que nadie ganaba ni perdía. Creo que puede haber ayudado a romper esas barreras absurdas que a veces se crean. En España hay muchos colorismos diferentes, pero al fin de cuentas todos hacemos pichí de la misma manera.

—¿Usted alguna vez se sintió discriminada por ser madrileña?

—No, yo soy madrileña, pero en realidad en Madrid hay muy pocos madrileños, es una ciudad bastante universal.

—¿Qué impresiones tiene sobre América Latina?

—Me asombra el altísimo nivel cultural que hay, el altísimo nivel de lenguaje, de rapidez mental. El uso de la palabra en Latinoamérica es envidiable. Y yo, que trabajo con la palabra, lo valoro especialmente. Se habla de España como la Madre Patria, y para mí la Madre Patria está acá.

—¿Cómo es ser dirigida por Almodóvar?

—Es diferente a todos los demás. Al margen de ser una persona extremadamente culta, su cabeza (si es posible entrar en su cabeza), es tremendamente ambiciosa de saber. Él tiene un mundo diferente. Cuando se trabaja con él, tienes la sensación de que nunca vas a poder saber más que él. Pedro dirige personajes que él ha escrito, los conoce de arriba a abajo, están basados en algo que él conoce mucho. Y cuando trabajas con él, no es que te diga cómo lo tienes que hacer: te dice tu parte del guión, lo respira de una manera, que te das cuenta de todos los matices que tiene, y a dónde quiere ir a parar.

—¿Él dirige muy pegado a los actores?

—Normalmente, dirige pegado a ti: se crea una situación muy particular. El necesita sentir también mucho al actor que tiene al lado. Él tiene un control de todo lo que ocurre en el rodaje, porque sabe de todo. Es realizador, decorador, tiene un conocimiento musical de una exquisitez abrumadora, ama el teatro, el cine, la pintura, el arte. Su casa y sus oficinas son un museo. Y toda esa inquietud artística la transmite a su cine.

—¿Almodóvar es una rara avis o la punta de un iceberg y hay más talento en otros directores menos conocidos?

—Una rara avis. Hay que tener en cuenta que él financia sus propias películas: eso ya es diferente. Es una persona que puede ser dueño de sí mismo a la hora de dirigir, que no está supeditado al gusto de otros que estén financiando. Y además, tiene una mirada diferente sobre el cine. Él es un verdadero clásico, tiene un conocimiento brutal del cine clásico, y se nota muchísimo en sus películas. Y luego con eso puede hacer lo que quiera, desfigurarlo, armarlo de otra manera, colorearlo. Pero siempre es un clásico: eso también lo hace diferente.

—¿Cómo recibió el Goya por "Ocho apellidos vascos"?

—Fue algo bastante sorprendente, porque en general es muy raro que se premie la comedia. Es rarísimo. Porque la comedia es el tono más complicado que existe para un actor, porque requiere mucha técnica, precisión, ritmo. Y de muy buena escritura. Me enorgullece muchísimo formar parte de la película más vista del cine español, de todos los tiempos, y sobre todo el momento del cine que se vive en España, que creo que es muy bonito. Y ese Goya, por una comedia, tiene un doble valor para mí. Es un género difícil, y normalmente no se premia. Suele ser lo que llena cines, pero no se le reconoce el mérito. Qué curioso que premien por hacer reír: ese fue el comentario que hice. Se premia mucho hacer llorar. Y que te hagan pasar un buen rato no se premia mucho: es una cosa bastante extraña.

Perfil

Nombre: María del Carmen Machi Arroyo.

Detalle: Está en Uruguay por el Festival Internacional de Artes Escénicas.

La mirada de Helena de Troya

Almodóvar la dirigió en Hable con ella (2002), Los abrazos rotos (2009) y Los amantes pasajeros (2013). También la televisión le ha dado una inmensa popularidad. Si embargo, Machi tiene en su haber una larga trayectoria sobre las tablas, que pasa por títulos enjundiosos, desde El mercader de Venecia a Roberto Zucco.

Simpática y con facilidad de palabra, ahora está en Uruguay, en el marco del Festival Internacional de Artes Escénicas, para dar dos funciones en El Galpón, y una tercera, este jueves en el Politeama de Canelones. Es un trabajo de dirección de Miguel del Arco, en el que desde el personaje de Helena de Troya se revisita el mito clásico desde otro punto de vista.

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