ENTREVISTA

Lino Patalano sobre Valeria Bertuccelli: "Puede ser que ella se haya contagiado del personaje de la obra"

El histórico productor teatral porteño llega una vez más a Uruguay, con Escenas de la vida conyugal

Lino Patalano
Lino Patalano, un gran productor argentino de fuerte proyección en Uruguay. Foto: Difusión

Su nombre está detrás de muchos de los mejores espectáculos argentinos que han llegado a Uruguay. De su mano han venido a los escenarios montevideanos Julio Bocca, Enrique Pinti y Les Luthiers, dentro de una larga lista de celebridades. Director de uno de los teatros porteños más emblemáticos (El Maipo), los pasos juveniles de su carrera se vinculan a la surgimiento del café concert en Buenos Aires, donde promovió figuras de la talla de Niní Marshall, que hoy son leyenda. Ahora, desde el miércoles llega al Auditorio Nacional Adela Reta Escenas de la vida conyugal, protagonizada por Ricardo Darín, otro de los artistas que han cruzado el charco gracias a sus gestiones como productor teatral.

“Yo estoy en el espectáculo desde los 15 años. Empecé de cadete, en el ambiente la música popular, en los años 60. Y a los 18 años me volqué al teatro: fui a trabajar al Teatro Regina, donde fue como un posgrado, porque por ahí pasó desde ¿Quién le teme a Virginia Woolf?, que fue la revolución del teatro moderno, hasta el primer concierto de Piazzolla, o Mercedes Sosa. Y María Elena Walsh con Juguemos en el mundo, Ginamaría Hidalgo. Nacha Guevara hizo ahí Hay que meter la pata. Canciones para señoras flacas, porque el Regina está en el barrio de las señoras gordas, Barrio Norte”, rememora con humor Patalano al repasar los inicios de una carrera en la que trabajó codo a codo con los grandes. Actualmente este gran gestor cultural argentino, está cumpliendo 50 años de la primera producción propia, y si bien nunca subió a un escenario como actor, sí ha trabajado incansablemente en todos los rubros que hacen que cada noche un teatro pueda levantar el telón. “En el Maipo soy el director artístico pero también barrendero, electricista, de todo”.

Lino Patalano
Patalano, un productor con carrera en las dos orillas del Plata. Foto: Difusión

-La fama de Darín es brutal...

-Sí, es brutal, pero nada es gratis. Él quiere a su público. Hay actores que se matan toda su vida para ser famosos, y después se andan escondiendo del público. Y Darín es un personaje que agradece al público.

-¿El éxito de Escenas de la vida conyugal a qué se lo atribuís?

-Es que Escenas de la vida conyugal ha ido cambiando con el paso del tiempo. Cuando se estrenó con Norma Aleandro y Alfredo Alcón, era un drama, a partir de todo lo malo que pasaba en la obra. Y a medida que iban pasando los años, se iba convirtiendo en una comedia dramática. Y ahora es casi una comedia. Porque todo eso que era tabú, todo el tema de la separación, los hijos y demás, hoy es normal. Esa obra fue uno de los éxitos del Maipo, las dos veces que se hizo, con más de 20 años de distancia. 

-El episodio ese entre Darín y Valeria Bertuccelli, ¿cómo lo ves?

-No sé. Yo lo que sé es que ellos terminaron la temporada y todo estaba bárbaro. Brindamos todos: Bertuccelli con el marido y los hijos, Darín con su mujer, todos. Y después apareció todo eso. No sé: también puede ser que ella se haya contagiado del personaje de la obra. Yo qué sé: se mimetizó. Realmente no tengo palabras para eso, no sé qué decir.

-Vos sos responsable de muchos de los espectáculos porteños que llegan a Montevideo.

-Montevideo es cuna de cultura, siempre lo fue. Yo cuando empecé a trabajar con Niní Marshall, en 1973, ella amaba Uruguay. Porque ella en la época de oro hacía un programa gratis para Radio Carve. Y cuando en Argentina la prohíben, Carve la contrata con una suma que le solucionó todos los problemas. Y a ella le quedó ese vínculo tan fuerte con Uruguay, donde llevamos Se nos fue redepente. Y después abrimos El Gallo Cojo y La Gallina Embarazada en Punta del Este. Carlos Perciavalle, Edda Díaz, Susana Rinaldi, tantos artistas.

Lino Patalano
Lino Patalano, medio siglo trabajando en la producción de teatro. Foto: Difusión

-¿Y vos cómo ves a Montevideo como plaza teatral en relación con Buenos Aires?

-Montevideo es toda una cultura. Lo que tiene es que Buenos Aires tiene 18 millones de habitantes y Uruguay tiene tres millones y medio. Hay esa diferencia numérica. Pero se hace de todo en Montevideo, y ahora con Antel Arena, que es maravilloso. Yo también trabajé mucho con el Conrad de Punta del Este, durante años, donde presenté artistas como Elena Roger.

-Mucho público uruguayo va al Maipo cuando viaja a Buenos Aires.

-Mucho, y en vacaciones de invierno vienen mucho más, aunque vienen todo el año. En realidad, vienen de todos los países. Es decir, el teatro no te va a asegurar que venga público. Pero hay teatros que es más fácil que la gente venga. La gente cuando viene a Buenos Aires, lo primero que se fija es qué hay en el Maipo. Y si les interesa lo que hay, vienen. Lo que pasa es que el Maipo era la catedral de la revista, pese a que en esta sala doña Lola Membrives estrenó Bodas de sangre. Pasaba de todo en esta sala, pero siempre se la asoció con la revista, porque por acá pasaron sus grandes figuras del humor y las vedettes. Nélida Roca, Sofía Bozán, Nélida Lobato. Y Tato Bores, Dringue Farías, todos. 

-Vos trabajás desde hace mucho con Les Luthiers. ¿Cómo quedó el grupo luego del fallecimiento de Daniel Rabinovich, en 2015?

-Siempre Les Luthiers superó a sus personajes. Incluso a Rabinovich. Y ahora se retiró Carlitos Núñez. Pero los nuevos se prepararon mucho. Tato Turano, antes de tomar un rol activo sobre el escenario, sufrió años, porque actuaba solo cuando se enfermaba alguno. Marcelo Trepat, que estuvo mucho años, un día dijo basta. Ganaba bien, viajaba, pero cada vez que tenía que salir a escena sufría como loco. El éxito de Les Luthiers es que inventó un género, universal.

-¿Cómo llegaste al Maipo?

-Fue de casualidad, en 1994. Yo tenía a Norma Aleandro y a Alfredo Alcón haciendo Escenas de la vida conyugal en el Teatro Blanca Podestá, hoy Multiteatro. Y Gambas al Ajillo con Las Gambas Gauchas, en la Trastienda, donde los tres meses de contrato se estaban terminando. Y el Maipo estaba sin programación, y les ofrecí Las Gambas Gauchas. Y Amadori hijo me preguntó por qué no me quedaba con el teatro. Yo había tenido una experiencia nefasta en 1982 con el Bambalinas, que lo hicimos a nuevo y quebré. Pero estaba el riesgo de que lo tiraran abajo. Y hablé con Bocca y me dijo ‘metete, yo te acompaño’.

-Ustedes le cambiaron la estética a la sala.

-Cuando yo tomé el teatro, en el 94, con Renata Schussheim decidimos hacer la sala todo en rojo, negro y dorado. Era beige, negro y dorado, y no tenía rojo, que se lo agregamos nosotros. Si viajás por el mundo te das cuenta que son los colores clásicos de teatro a la italiana del 1800. Yo odiaba el beige. Así como odio el color marrón arriba del escenario.

-Y el escenario no es tan grande.

-Es chico, muy chico, pero con herramientas: pasarelas a los costados, un ascensor. Tiene un equipamiento muy interesante. Cuando yo subí al escenario por primera vez, no podía creer que era el escenario de la catedral de la revista. Ahí estaba la creatividad. Y la magia. Porque los actores están casi dentro del público. No hay una cuarta pared, ni un foso, que los separa.

Escenas de la vida conyugal
Escenas de la vida conyugal vuelve al Auditorio, desde este miércoles, con Darín y Andrea Pietra.

-Hay una anécdota tuya sobre Niní Marshall que alteraba el documento de identidad.

-Nosotros fuimos varias veces con Niní a Montevideo. Y la última vez que fuimos, nos quedamos en un hotel en 18 de Julio, en uno de los buenos, nuevos. Y me llaman de recepción y me dicen que necesitan el documento de la señora Marshall. Y yo les dije que se los acababa de dejar. Y me dicen que la fecha de nacimiento estaba borroneada. La llamo a Niní, le hablo, y me dice, ‘se me cayó una gota de perfume sobre la fecha de nacimiento’. Se sacaba 11 años Niní.

reflexiones de un productor

“Ahora un éxito no alcanza ni para comer”

“El costo fijo de un teatro es lo más difícil de sostener. En otras épocas, un éxito te alimentaba tres o cuatro fracasos. Ahora un éxito no alcanza ni para comer del éxito. Y los costos fijos se han ido a las nubes. Más allá de eso, lo que me gusta a mí, voy y lo hago para el teatro. Cuando eso coincide con el público, maravilloso. Y cuando no coincide, en fin”, comenta el director del Maipo sobre el modo de llevar la sala.

“Creo que nací con esto. Nunca ni lo pensé. Pero nunca subí a un escenario a actuar. Eso es algo que lo tiene que hacer la gente que tiene ese don. Y yo tengo el don para estar abajo del escenario. Dirigí varias veces, pero más que eso, lo que sé es influenciar. Para dirigir tenés que tener mucha paciencia: y no podés estar dirigiendo, produciendo, haciendo la publicidad y barriendo el escenario”.

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