TEATRO

Una leyenda del cine en el Río de la Plata

Al Pacino estuvo en Buenos Aires y dejó frases memorables.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Famoso. Al Pacino conquistó al público en Buenos Aires. Foto: La Nación / GDA.

¿Cómo se mueve Al Pacino? ¿Cómo gesticula cuando no es Michael Corleone, Tony Montana o Frank Keller? ¿Será simpático? ¿Será un divo?

Las entradas estaban agotadas, el Teatro Colón lleno y lo aplaudieron de pie no bien pisó el escenario. Es que la gran mayoría de los que asistieron anoche a An evening with Al Pacino, no necesitaban una razón estrictamente artística para decir presente.

Al Pacino supo marcar las retinas y las almas de suficientes personas con sus inolvidables personajes a lo largo de los años como para no ofrecer más que su nombre: el objetivo era verlo.

Sin embargo, desde que entró a escena, eufórico, y saludando en español, y tras los aplausos fervorosos, quedó en claro que tenía mucho más que ofrecer que su presencia.

La charla comenzó con las preguntas de Iván de Pineda, que ofició de moderador. Pacino contó cómo el apoyo de su madre fue determinante para comenzar a estudiar actuación. "Era muy tímido. Una mujer vino a decirle a mi madre que yo debería estar en un escenario. Y ella me apoyó. Creo que la actuación me ayudó a escapar de mí", dijo.

Gran parte de la velada estuvo destinada a desentrañar los secretos de El Padrino, una obra maestra del cine. Pacino contó cómo fue convocado para sumarse al elenco: "Un día me llama Francis y me cuenta que quiere hacer esta película, y yo pensé, Bueno, voy a ser Sonny. A mí me decían Sonny en la escuela así que estaba bien. No, quiero que seas Michael, me dijo. ¿Yo? Conozco al tipo, no puedo ser yo, soy petiso, pensé. Cuando viajé a Los Angeles para filmar, todos me querían echar. Me miraron y me dijeron: Sos petiso. Serías muy bueno si fueras alto. Pero para Francis. yo tenía que estar ahí".

Los elogios para Marlon Brando, su compañero en El Padrino no cesaron en toda la noche. "Amaba estar ahí, cerca de él. Era un tipo muy, muy generoso. En un momento nos detenemos a comer en el set, era en un hospital. El comía patas de pollo y me quedé mirando sus manos y pensando ¡Qué mierda hace con sus manos!", contó mientras evocaba con sus gestos la coreografía de movimientos y ruidos vulgares que hacía Brando al comer. "Ahí supe: esto es una estrella de cine", rió.

Pacino se formó en el Actors Studio de Lee Strasberg. "Lo que nos dejó Lee Strasberg es una forma de llegar a la persona (que hay que encarnar). Jackson Pollock dijo que cuando una pintura empezaba a tener sentido, la tiraba. Así es. No debería haber conciencia. La mente tiene que estar libre", dijo.

Consultado sobre si le gustaría dedicarse a la dirección como muchos actores de larga trayectoria, aseguró que no se considera a sí mismo director, si bien ha dirigido: "Creo que deben juntarse dos cosas, apetito y talento. Pero sobre todo apetito. Cuando dirigí En busca de Ricardo III, lo hice porque quería que la gente entendiera a Shakespeare".

"Lo bueno de ser actor es que podés ser otro todo el tiempo", dijo y pese a ser reconocido principalmente por su trabajo en cine, admitió que el teatro es su "hogar". Respondió preguntas durante aproximadamente una hora y media. recitó el poema "The Ballad of Reading Gaol", de Oscar Wilde y bailó "Por una cabeza" con la bailarina Judith Kovalovsky, en homenaje a Perfume de mujer, por la que ganó el Oscar.

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