porteños en el metro

Una lección del desnudo y sus efectos sociales

Este viernes llega desde Argentina La lección de anatomía, de Carlos Mathus

La lección de anatomía
La lección de anatomía, en Uruguay. Foto: Bárbara Lanata

Desde este viernes Teatro Metro recibe La lección de anatomía, espectáculo argentino emblemático por varios aspectos complementarios: larga permanencia en cartel (36 años consecutivos), lenguaje escénico original y transgresor, y fuerte presencia de desnudos en escena. Hoy los tiempos son otros (la obra fue estrenada hace más de 45 años), y esta nueva versión busca conservar aquellas singularidades que tanto dieron que hablar, desde un formato más actual. Entre otros aspectos, la presente puesta tiene otra música, más próxima al espectador de hoy, y un ritmo más ágil. Con dirección de Antonio Leiva (quien fue actor de la primera versión), hará tres funciones, el viernes 20, sábado 21 y domingo 22. Entradas en Abitab, a $ 900, $1000 y $1200.

“Yo estrené esta obra en 1972, en un momento muy difícil para América Latina. La situación estaba muy complicada para tratar problemas con respecto a la desnudez, la soledad, el suicidio. Era muy fuerte para ese momento hablar de todo esto. Y nunca esperábamos que iba a tener semejante éxito. Se transformó en un boom, en medio de momentos sociales y políticos muy complicados”, narró a El País Antonio Leiva.

El elenco y el montaje no fueron prohibidos en Argentina, pero sí su autor. “El único conminado a irse a dar una vuelta fue Carlos Mathus, que se fue a San Pablo, donde estuvo casi 10 años. Fue un poquito más que una censura, pero la obra siguió, porque la gente seguía viviendo a verla”, recuerda el actor y director.

El espectáculo presenta un marcado trabajo corporal, a través del cual el elenco va interpretando una serie de escenas, en las que se describe la travesía del ser humano, el tema del lugar social, y los problemas eternos, como el miedo a la muerte, las frustraciones, los fracasos, la autodestrucción. “Cuando yo era actor en la obra, lógicamente había integrantes del elenco que tenían más pudor y otros menos al momento de hacer el desnudo. Pero generalmente casi todos coincidían que el momento de mayor libertad, y de mayor placer, al hacer la obra, era el desnudo. Y cuando uno se desnuda, desnudás al público también”, recuerda Leiva, evocando cómo vivían los actores presentarse sin ropa ante la platea.

“El actor para hacer esta obra tiene que estar en forma, porque tienen que hacer, por ejemplo, footing durante 25 minutos. Pero no es necesario que tenga un cuerpo de un joven atleta: son actores, no es un concurso de belleza, ni es Bailando por un sueño”, remarca el director.

En sus primeros 36 años de carrera, la obra recorrió muchos países, y visitó varias veces Uruguay. Después, el año pasado, el espectáculo volvió al ruedo, reformado, buscando medirse con el público de hoy, y el resultado ha sido un gran apoyo de los espectadores. “El texto también tuvo que ser adaptado. Antes un hijo trataba de usted al padre. Porque la obra no es literaria, es coloquial, y los textos hubo que aggiornarlos al habla de hoy. Los modismos han cambiado, aunque las relaciones, por ejemplo, entre padres e hijos siguen siendo igual. Solo que ahora todo está más visibilizado”, remata Leiva.

mirada

El terror de hoy a la intimidad

“Me da la sensación, por lo que veo cómo el público reacciona ahora frente a la obra, que los jóvenes le tienen más miedo al desnudo hoy, que en los años 70. Los jóvenes actualmente tienen terror a tocarse. Y hasta a acariciarse. Hoy la caricia parece ser para ellos como una cosa endemoniada. Les cuesta sostener la mirada, están pendientes del celular las 24 horas. Están en una mesa y no se hablan. Hoy los jóvenes le tienen terror a cualquier cosa que llame a la intimidad”, reflexiona Antonio Leiva.

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