CARNAVAL

Kanela, una leyenda del candombe que baila por última vez en el Collazo

El multipremiado artista se retira de los escenarios de carnaval al finalizar el 2019

Kanela y Andy Vila
Julio "Kanela" Sosa junto a Andy Vila en el desfile de Llamadas. Foto: Archivo

o venía meditando desde hace algún tiempo, pero no se animaba a tomar la decisión, hasta que los últimos achaques de salud le hicieron sentir el paso de los años y, de ese modo, poner un punto final a su extensa trayectoria candombera, aunque su grupo, Tronar de Tambores, continuará participando del carnaval y las llamadas.

Se trata de un “retiro asegurado y confirmado, que no tiene marcha atrás ni busca ser un golpe bajo para ganar un premio”, advierte Julio “Kanela” Sosa, en entrevista con El País, minutos después de hacer su actuación de la segunda rueda.

En esa instancia el grupo ratificó que viene muy bien posicionado en la carrera de la difícil categoría de comparsas, de la que es uno de los cuatro finalistas, de modo que su última presentación en el máximo escenario carnavalero estaba prevista para ayer, al cierre de esta edición.

Kanela nació en Nico Pérez hace 86 años en el seno de una familia humilde.
Llegó tempranamente a Montevideo, donde formó parte de los elencos de Fantasía Negra, la comparsa de Pedro Ferreira que irrumpió en la década del cincuenta con un éxito arrollador; de Acuerelas de Candombe en la segunda mitad de los años setenta; de Kanela y Su Barakutanga, desde finales de esa década hasta principios de siglo, así como de Tronar de Tambores, del 2001 a la actualidad, entre las de mayor renombre.

Compartió escenarios con Pirulo Albín, Rosa Luna y la venezolana Negra Johnson, una destacada bailarina con la que mantuvo una estrechísima amistad hasta el mismo momento de su muerte, en sus brazos, según recuerda.

Una leyenda urbana lo sindica como descubridor de Marta Gularte, en 1949, como él se ha encargado de contar en más de una ocasión, aunque la verdad de esa historia quedará para siempre en una nebulosa.

Del mítico Pirulo Albín tomó su carácter, capacidad de liderazgo y elegancia en la danza, por más que su estilo en escena tiene va por otro camino: usa un paso con menos desplazamiento, propone un intenso juego de piernas y caderas, una mayor apertura de brazos y una pronunciada inclinación corporal hacia delante para marcar el golpe acentuado del tambor.

De las icónicas lonjas de las Catacumbas -predecesoras de las cuerdas que hoy bajan por el costado de la Iglesia del Cerrito de la Victoria a ritmo acelerado- Kanela tomó el vigor y frenesí, mientras en que la diosa del mar y los orishás -culto del que fue referente- se inspiran su personalidad espiritual y su natural condición de polemista, cuando decide jugar alguna ficha electoral (apoya al Frente Amplio) o si es necesario defender la nutrida simbología y tradición de la comparsa.

“Soy exigente, pero tengo un corazón noble”, dice Kanela en el pedregullo del Ramón Collazo, entre abrazos son sus allegados. “Le he dado mi vida al candombe y la cultura, desde muy temprana edad, por eso ahora quiero retirarme a disfrutar, ya que me he dado cuenta que tengo un montón de familia a la que quiero conocer más en profundidad”, añade, al tiempo que pide que las futuras generaciones de comparseros “abandonen las peleas, envidias y rivalidades (…) y se dediquen a construir un futuro unidos”.

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