AHÍ ESTUVE

El juego y la canción como una sola cosa

Crónica del espectáculo de Ajó, que en vacaciones se instala en el Undermovie.

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Foto: Ajó, Experiencias Musicales

La consigna central del espectáculo es que "el juego se vuelve canción", pero bien podría ser al revés: "la canción se vuelve juego", pues esos dos elementos a priori separados aquí son uno solo, entonces la experiencia musical llamada Ajó es, en sí misma, canción y juego, juego y canción.

Hace un buen rato que este proyecto —el nombre completo es Ajó, Experiencias Musicales Oportunas— viene probando su éxito con un público que debe ser bastante exigente: niños muy pequeños y eso incluye bebés y sus adultos responsables. ¿Pero cuál es la clave para semejante popularidad?

Esta tarde que decido ser parte de la "experiencia", por ejemplo, es de un frío gélido, de cielo gris y llovizna permanente. O sea, no hay mejor plan que quedarse en casa sin ni siquiera mirar para afuera.

Sin embargo, en el Teatro Solís (en vacaciones se mudan para el Undermovie) hay un movimiento intenso. La primera función de El juego se vuelve canción 2 ya terminó, y los niños y sus padres salen contentos y vivaces. Esperando en las escaleras que van para la sala Delmira Agustini estamos los demás (muchas madres y abuelas, algunos padres, cantidad de pequeños de distintas edades y tamaños), prontos para ver de qué se trata esta música para bebés que se prepara para salir a escena por segunda vez.

Si no puede ver el video, haga click aquí.

Sin embargo, por ahí está uno de los primeros distintivos de este show. Lili Ramos, Natalia Goldberg y Alejandra Goldfarb (las creadoras de Ajó, profesionales de la musicoterapia y la pedagogía musical) ya están cantando y bailando en la mitad de la sala, vestidas de gris y utilizando elementos de percusión, palmas y voces cálidas que no son para nada invasivas, e invitan a sentirse cómodos. En un rincón, Pablo Leites acompaña tocando una batería de materiales reciclados.

Los niños, entonces, ya entran con los sentidos atentos: miran todo, escuchan todo, responden a las consignas que exigen interacción y, claro, todo lo quieren tocar. Los más arriesgados correrán de acá para allá con un adulto tratando de detenerlo sin hacer el ridículo, y los otros se quedarán en un lugar, bailando y pasándola bien.

Mientras tanto, Ramos, Goldberg y Goldfarb permanecen imperturbables armonizando las tres voces e interpretando estas canciones amables que con ukelele y percusión, arman un repertorio de música popular urbana para la primera infancia. Y lo hacen recurriendo a la archiconocida consigna de mostrar y esconder las manitos, o cantando sobre la naturaleza, los animales y el amplio universo de los instrumentos.

Con todo eso, el trío de Ajó va cautivando a los niños, pero sobre todo a los adultos, que se olvidan de cómo es la vida fuera de ese espacio y se dedican a disfrutar de la libertad plena, sin vergüenzas ni reparos en poco menos de una hora, un tiempo justo para mantener la atención y el entusiasmo.

Claro, el planteo de Ajó tiene todo para ser bueno, incluyendo una intención liberadora que, a la salida, se ve en las sonrisas de cada rostro.

UNDERMOVIE

Desde mañana y hasta el 15 de julio, todos los días a las 14:30, el espectáculo de Ajó irá en el Undermovie de Montevideo Shopping ($ 260). Después, Ajó vuelve a la Delmira Agustini del Teatro Solís, donde habrá funciones el 22 y 29 de julio, todos los sábados de agosto y el 9, 16 y 23 de septiembre.

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