ENTREVISTA

Jorge Marrale: "En el cine la violencia parecería ser lo que redunda"

El notable actor argentino llega este miércoles a El Galpón para presentar El Vestidor, junto a Arturo Puig

Jorge Marrale
Jorge Marrale, en Montevideo. Foto: Gerardo Pérez

Seguramente el público de teatro que ya lleva años viendo espectáculos conoce bien El Vestidor, de Ronald Harwood. Y sabe que una de las claves de esta obra, que han interpretado grandes actores, es plantear una especie de trampa, dado que de los dos protagonistas que dominan la trama, es difícil saber cuál es el verdadero centro del argumento. Por un lado está el viejo actor shakespeariano, al borde del delirio. Y por otro su servidor, que ha dedicado años a atenderlo, siempre a la sombra, desde un segundo plano. Por momentos el protagonismo recae sobre un personaje, y luego sobre el otro.

Eso ha llevado a esta obra a ser un desafío actoral para grandes figuras. En Uruguay la pieza se hizo en 1983 en el Teatro Solís, a cargo de la Comedia Nacional, bajo dirección de Carlos Aguilera, con premiadas actuaciones de Alberto Candeau y Armando Halty. Y luego, en los años 90, se vio en una memorable versión argentina, protagonizada por Federico Luppi y Julio Chávez. Ahora, en un par de días, el título se presentará en El Galpón en su nueva versión porteña, con una dupla de actores muy queridos de este lado del río: Arturo Puig y Jorge Marrale.

“Esta es una pieza difícil, porque tengo que hacer de actor, siendo actor. Y tengo que interpretar a un actor que transita una zona medio decadente, en un momento de su vida bastante complejo. Sin querer contar demasiado del argumento, mi personaje la noche anterior al acontecimiento propio de la pieza, empezó a deambular por la calle, llorando, gritando, hasta que terminó en un hospital. Y está agotado, al borde del colapso. Y se escapa del hospital y va al teatro, para hacer su función de Rey Lear. Mi personaje, ya al comienzo de la obra, está en un estado de enorme precariedad, emocional y física”, contó Jorge Marrale a El País.

Arturo Puig y Jorge Marrale
Junto a Jorge Marrale. Foto: Difusión

-¿Le gustan los personajes así, desquiciados?

-Sí, quizá no por desquiciados, sino porque son muy ricos humanamente. Me interesan muchos los personajes contradictorios, que entran en zonas de crisis. Cuando un personaje atraviesa una crisis, al actor le supone tener que salirse de la normalidad. Se podría decir que esta obra es bicéfala, porque tiene dos protagonistas muy fuertes. Hasta podríamos interpretarlo psicológicamente, como que uno es la conciencia y el otro la falta de conciencia. Ellos se necesitan uno al otro. Parecería ser como que cada uno es el complemento del otro.

-Con Arturo Puig hicieron antes en teatro Nuestras mujeres.

-Sí, junto a Guillermo Francella, donde creo que concretamos una comedia dramática muy interesante. Y antes de eso, yo había trabajado bastante con Arturo en televisión, pero eso fue en los años 90. Trabajamos en Atreverse y otras creaciones de aquella época gloriosa de la televisión argentina. Pero nunca habíamos hecho teatro, donde recién vinimos a trabajar en Nuestras mujeres. Con él formamos parte de una generación que se construyó más o menos al mismo tiempo, y eso lleva a que tengamos una especie de público que nos sigue.

El vestidor
El vestidor, una obra hermosa. Foto: Difusión

-A usted le han dado muchos personajes de villano.

-Sí, bastante. No sé por qué. Es raro. Yo creo que hay cosas en la actuación que suceden porque alguna vez lo hiciste bien, y el sistema de producción trata de ser económico. Y si lo hiciste bien una vez, van a ir por la segunda. Y si esa sale bien, la tercera, y terminás haciendo más un tipo de personaje. Pero yo no me desencanto ante eso. Porque creo que interpretar la malicia es interesante, más en estos tiempos. Hoy la malicia es más palpable en la realidad. Tal vez hace muchos años atrás no estaba tan expuesta la malicia. Hoy, para interpretar a los personajes malditos, tenés que ser muy verdadero con lo que transitás. Porque el público hoy ya los conoce mucho más. La televisión está llena de eso. Y cuando a un actor le piden muchas veces estos personajes de villano, tenés que intentar variarlos, y ver bien dónde te ubicás para hacerlo desde lo verdadero.

-Usted participó mucho de la televisión argentina en un período que fue muy fecundo...

-Sí, creo que la televisión argentina tuvo un período muy nutritivo, que fue cuando los verdaderos directores eran también productores. Luego cambió el sistema de producción en Argentina, y el director, que antes era una figura tan importante en la televisión, pasó a ser algo subalterno dentro del esquema de producción. Antes los directores tenían una firma real sobre lo que creaba: como Alejandro Doria, María Herminia Avellaneda, Diana Álvarez, y tantos otros. Y luego, la mirada, más que de la dirección pasó a ser de la producción. Ahí se trastocó algo, que no terminó de plasmar con la misma calidad que antes tenía.

Arturo Puig y Jorge Marrale
Arturo Puig y Jorge Marrale, llegan a El Galpón con un clásico. Foto: Difusión

-¿Cómo ve este cine tan brutal que están haciendo en Argentina, como Relatos salvajes, y ahora 4 por 4?

-Yo no vi 4 por 4, pero me imagino. Sé que están vendiendo el modelo de película, porque parece que los brasileros también quieren hacer 4 por 4. Por un lado, todo eso refleja el mundo en que vivimos. A veces pienso que habría que modular un poco qué estamos mostrando y qué queremos mostrar. Con respecto a lo que estamos contando a través del cine, la violencia parecería ser lo que redunda. A mí me parece que hay que investigar otra poética. Estoy convencido. Para eso hay que ahondar, y no quedarse en la superficie de los efectos. La violencia tiene muchos efectos especiales. Y parecería que nos sentamos en el cine para ver como chocan los autos o como alguien cae desde un 30° piso y estalla el cerebro en la acera. Como todo, estas cosas son como por un tiempo. Hoy por hoy, las cámaras que captan motochorros, gente asaltada, gente que muere, parecería que van a desplazar a los noteros de la televisión. Solo van a quedar esas cámaras fijas: bastante siniestro me parece eso. Yo no creo que el mundo sea eso nada más.

-¿Es difícil encontrar buenos textos teatrales hoy?


-Es difícil. Me sorprendió Después de Casa de muñecas, que están haciendo en Paseo La Plaza, con ese planteo de Nora buscando su divorcio. Yo conocía la obra, me la habían ofrecido, y me pareció una mirada tan profunda y arriesgada. La verdad que escasea ese tipo de material. Y uno está deseando ampliar la mirada con obras que nos movilicen. Está bien que en el teatro uno se divierta, y se distraiga. Y hay muy buenas comedias. Nuestras mujeres fue una gran comedia que hicimos, con Guillermo Francella y Arturo Puig, pero me parece que son buenos tiempos para que nos acerquemos al teatro a reflexionar un poco. El teatro siempre aporta algunas claves sobre el comportamiento.

-La actuación teatral tiene esa cosa de tener que enfrentar cualquier imprevisto en escena...

-Hace poco con El Vestidor hubo un imprevisto. Hay un momento de la obra en que yo me mancho la cara, creyendo que tengo que hacer Otelo. Y cuando estábamos en esa escena, no aparecía el betún, el maquillaje para eso. Y ese es un momento clave de la obra. Porque Arturo me tiene que decir, ‘hoy no toca el negro’. Y no aparecía el betún, no aparecía. Y lo resolvimos con Arturo sin el maquillaje. Y la escena la sacamos adelante: no sé cómo lo hicimos. Pero fue un momento dramático para mí. Al final descubrimos que el betún había quedado adentro de una caja: son cosas que pasan, sobre todo en las giras.

El vestidor
El Vestidor, con Marrale y Puig. Foto: Difusión
recuerdos

Un largo vínculo con Montevideo

Marrale empezó a cobrar popularidad en los años 90, a través de la televisión, en telenovelas como Cosecharás tu siembra y muchos otros trabajos en los que destacó como actor con fuerte fibra teatral. En su larga carrera visitó varias veces Montevideo, donde trajo El juego del bebé, con Norma Aleandro, y Pequeños crímenes conyugales, con Mercedes Morán. “La primera vez que vine a actuar a Montevideo lo hice con Dulce pájaro de juventud, con Atilio Marinelli. Fue en los años 70: me acuerdo que Norma Aleandro estaba acá en Montevideo, exiliada. Y que fuimos a visitarla. Yo respeto mucho al público uruguayo, que siempre que va a Buenos Aires, nos va a ver a los teatros. Muchas veces cuando salís del teatro, hay un uruguayo que te viene a saludar, y a preguntarte cuándo vamos a actuar en Montevideo”.

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