ENTREVISTA

Jorge Denevi: "Hoy la campaña electoral es show"

El reconocido director de teatro uruguayo estrena este sábado Absurda gente absurda, con la Comedia Nacional en el escenario mayor del Teatro Solís

Jorge Denevi
Jorge Denevi, vuelve a dirigir al elenco oficial. Foto: Leonardo Mainé

Denevi vuelve a dirigir la Comedia Nacional, para hacer su autor favorito: Alan Ayckbourn. Desde este sábado, el escenario principal del Teatro Solís recibe Absurda gente absurda, una de las grandes comedias de este dramaturgo inglés, que exhibe la realidad de tres matrimonios durante la Navidad. Entre copas y charlas, los encuentros van cobrando mayor intensidad, hasta que las tensiones forjan un clima entre duro y divertido. Con vestuario de Nelson Mancebo y música de Alfredo Leirós, la puesta estará en cartel, hasta el domingo 28 de julio, los viernes y sábados a las 21.00 y los domingo a las 18.00. La obra dura una hora y 40 minutos, y las entradas en Tickantel, a $ 190. 

Jorge Denevi
Jorge Denevi, regresa al Teatro Solís. Foto: Leonardo Mainé

“En Absurda gente absurda lo que se analiza es esa institución del consumismo y del éxito, por sobre todas las cosas. Y vemos en esa comedia gente que, entre risas, se va destruyendo poco a poco, hasta que nada queda en pie. Quizá sea la obra que tiene algunos de los momentos más cómicos de la producción de Ayckbourn, pero a la vez tiene un desencanto enorme, desencanto que llega a ser como una protesta”, explica el director Jorge Denevi sobre el trasfondo de esta comedia, que apunta sus dardos al matrimonio fuertemente convencionalizado.

“Cuando yo descubrí a este autor, hace ya décadas, descubrí a alguien que hablaba como yo entendía la vida. Un autor que en tono de comedia es capaz de hablar de cosas sumamente profundas. Sin precisar otra cosa que ese tono descarnado que él tiene. Y que a la vez hace reír muchísimo. Creo que este es el 14° título que hago de este autor, aunque no llevo la cuenta exacta. Para mí es el autor con el cual yo me siento identificado plenamente”, puntualiza Denevi en entrevista con El País.

Absurda gente absurda
Absurda gente absurda, con Roxana Blanco y Juan Antonio Saraví. Foto: Difusión

-Este es año electoral, ¿es verdad que las temporadas de teatro siempre se ven afectadas por eso?

-Sí, el show está en otro lado. Hoy la campaña electoral es show. Están haciendo actuaciones en forma permanente: uno contesta para que el otro le conteste. Me hace acordar a los programas argentinos de chismes. No se puede vivir si el otro no te insulta. Porque si no te insultan, no podés contestar. En este momento la política es eso, no otra cosa. Pero más allá de eso, creo que no afecta a la temporada teatral, salvo los últimos días, próximo a las elecciones.

-¿Sabés a qué partido vas a votar?


-Sí, yo voto al Frente Amplio, toda la vida. Y en las internas voy a votar a Andrade. No soy militante, porque no milito. Creo que el Frente Amplio, relativamente, ha cumplido con lo que se ha propuesto. Lo que pasa es que la gente no lee los programas. Más bien sigue las consignas. Pero éste no es un gobierno socialista. El programa del Frente Amplio no es un programa socialista. Es un programa social demócrata, que más o menos se cumple. No es lo que yo aspiro a tener. Es lo que se puede tener. La vida, y la política, va entre lo que se quisiera, y lo que se puede. Bueno, yo quisiera que fuera un gobierno mucho más de izquierda. ¿Pero en estas circunstancias se puede? Creo que no.

Denevi y Saraví
Denevi y Saraví, en un ensayo de la obra. Foto: Difusión

-¿Cómo ves la cartelera teatral hoy?

-Entiendo que hay un exceso de teatro ‘a la argentina’, y con eso me refiero al teatro malo argentino. Calculo, por lo que veo, que hay mucho de eso y hay pocas exigencias. Y en eso ha contribuido el decaimiento de la crítica. Hay cosas en la cartelera de teatro que son muy malas, y eso no se dice. Y eso va creando una enorme confusión en el espectador. Y hay diarios que ya directamente ya no hacen crítica: no hay guía para el espectador.

-¿Ves que se vayan conquistando nuevos públicos para el teatro?

-Las compañías teatrales están procurando llegar a un nivel económico, pero lamentablemente creo que no hay público para sostener ese nivel. Aquí hay un techo de público, y no se ha logrado conquistar más allá de esos miles de personas. Esos miles a veces son más, a veces menos, pero levemente. No se han conquistado nuevos públicos: es el mismo público que se va manteniendo.

-La primera vez que vos dirigiste la Comedia Nacional fue en 1988, con El Otelo oriental, de Milton Schinca. ¿Cómo cambió el elenco oficial desde entonces al presente?

-Hoy en general el elenco es más joven, y también los conceptos son más jóvenes. A mí me pasó hace muchos años con un gran actor de la Comedia Nacional (no voy a decir el nombre), que yo le hablé, porque él no sabía la letra, y me dijo que él a la compañía le dedicaba solamente las tres horas que estaba allí. Me dijo que si se aprendía la letra, bien, y si no que se la diera el apuntador. Y yo quedé muy decepcionado por aquella respuesta. Había más de uno, en aquella época, que pensaba así. Eso actualmente no pasa. Hoy, al segundo día de ensayo están con la letra estudiada. Y actualmente la Comedia tiene un método de trabajo que profundiza sobre lo que está haciendo.

-Cuando vos empezaste a trabajar en televisión, había un prejuicio en el ambiente teatral contra los artistas que se pasaba para ese otro medio.

-Sí, yo mismo tenía ese concepto. Cuando yo empecé a hacer televisión, en Buenos Aires, con Jaujarana, me daba la impresión que mi trabajo se rebajaba con eso. Como que me ganaba un sueldo, y lo subestimaba. Sensación que se me fue yendo muy rápidamente. Eso existió. Tal vez una televisión una televisión más seria, o que te permitiera hacer mejores cosas, sería lo ideal. Pero eso es muy difícil.

Denevi regresa a su autor favorito.
Denevi, un gran conocedor del teatro y la televisión locales. 

-¿Cómo cambió la televisión uruguaya desde que tú empezaste a hoy?

-Yo trabajaba en un momento ideal, y en un lugar ideal, que era con el ingeniero Horacio Scheck. El trabajo con él era fantástico, pero él tenía el orgullo de buscar que el programa saliera lo mejor. Incluso perdiendo dinero, a sabiendas de que no iba a ser redituable. Permanentemente estaba luchando por una mejor imagen del canal. Sentías un apoyo permanente. Yo creo que ahora, y por lo que veo de afuera, la televisión se ha convertido exclusivamente en una empresa que lo que necesita es ganar dinero. Y por lo tanto, lo que hace es poner programas baratos, con escenografías caras, pero con una figura y muchos invitados, que no cobran. Obviamente, a todas vistas, la televisión uruguaya de hoy es de muy bajo nivel.

-¿No sobresale ningún programa?

-Algún programa puede sobresalir, pero con un formato que ni siquiera es uruguayo. Y lo plantean con orgullo que es un formato inglés. Me hace gracia: como si nosotros no tuviéramos la posibilidad de crear un formato uruguayo. Hoy tratamos de imitar lo malo que es la televisión argentina, que Gérard Depardieu, filmando en Buenos Aires, la calificó de pornográfica. Y eso trata de imitar la televisión uruguaya.

-¿Qué obras de teatro te gustaría hacer?

-Quiero hacer Esperando a Godot, y las obras menores de Beckett, que acá son prácticamente desconocidas. Obras cortas que son maravillosas. Y quiero hacer las obras políticas de Harold Pinter, que están basadas en la realidad de sus últimos años, y vinculadas a América Latina. Espero poder hacer esas obras, pero si otro las quiere hacer, que las hagan.

-Disculpame la pregunta, ¿cómo te gustaría morir?


-No tengo una idea al respecto, pero me gustaría que no fuera de golpe. Me gustaría gozar de ese momento en el que uno se va muriendo lentamente, y sabe que se va a morir. Eso, que seguramente no sea demasiado satisfactorio, me gustaría conocerlo, gozándolo, aunque la palabra sea inadecuada.

mirada

Tres decorados que expresan tres clases sociales

Stefanie Neukirch, Leandro Ibero Núñez, Juan Antonio Saraví, Andrea Davidovics, Roxana Blanco y Fernando Dianesi protagoniza Absurda gente absurda, comedia de Alan Ayckbourn que desde este fin de semana se podrá ver en el escenario principal del Solís.

No para otros países, pero para Uruguay es un espectáculo muy complejo. Porque son tres grandes escenografías, que se cambian íntegramente en minutos. Son tres cocinas en las que hay que cambiar todo, en un tiempo menor a dos minutos. Entonces, hay que armar todo un mecanismo, para que todo eso cambie drásticamente, porque son tres clases sociales diferentes las que vemos en escena”, adelanta Denevi, quien trabajó con los escenógrafos Laura Leifert y Sebastián Marrero y las luces de Eduardo Guerrero.

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