ENTREVISTA

Igor Yebra antes del estreno del Ballet: "El trabajo hecho nunca es trabajo en vano"

El director artístico del Ballet Nacional del Sodre habla de la vuelta a los escenarios, de la pandemia, "La tregua" y del futuro

Igor Yebra. Foto: Francisco Flores
Igor Yebra. Foto: Francisco Flores

En marzo, el Ballet Nacional del Sodre tuvo que levantar la puesta de Un tranvía llamado deseo a causa de la pandemia del coronavirus, y desde entonces la compañía se reinventó con una serie de propuestas virtuales. De una de ellas nace Volvemos con vos, el espectáculo que marca el reencuentro con el público y que tendrá tres galas este viernes, sábado y domingo en el Auditorio Nelly Goitiño, con entradas agotadas.

En la previa al estreno, mientras sigue con la preparación del ballet La tregua (una puesta en escena sobre la novela de Mario Benedetti en el año de su centenario) prefiere no hablar de los trascendidos sobre su continuidad en el cargo, el director artístico del BNS, Igor Yebra, recibió a El País en una de las pocas pausas que tienen sus jornadas laborales.

—¿Cómo nace Volvemos con vos, este espectáculo con el que el Ballet Nacional vuelve a actuar ante el público?

—Esto nace durante la pandemia. Hicimos este ciclo que se sigue haciendo y va a seguir porque tenemos producto, “Seguimos con vos”. Porque quería primero que el público no se olvidara de nosotros, y segundo que los bailarines estuvieran activos de determinada manera. Yo había estado viendo cosas en redes, estaba saturado de los videos Zoom de recuadritos, y dado que teníamos la fortuna de poder convocar, con medidas, a un bailarín y un grupo de gente para trabajar, surgió esta idea de filmar piezas de calidad. Y empezó la locura. La gente lo empezó a ver, los bailarines se fueron copando, y lo que más me gusta es que es un trabajo en equipo. Y cuando surgió la oportunidad de volver, como hacer un espectáculo de ballet es muy complicado, más en una compañía donde su repertorio principal es el ballet clásico y dependes del conjunto, se me ocurrió montar este espectáculo que sigue en la misma onda.

—A nivel profesional, al momento de trabajar durante la pandemia, ¿el mayor desafío pasó por la creatividad, el ingenio?

—Los desafíos pasan por muchos lados, más en mi lugar. Pasa por intentar que esto se siga manteniendo, por mantener unida a la gente, a los bailarines y a todo el equipo motivado, porque el mundo del arte y la cultura siempre sufre. Y cuando tienes un puesto de responsabilidad tienes que estar pensando cómo salir de esto de la mejor manera posible. Aquí se han ideado muchos planes que luego no se han llevado a cabo porque no teníamos la certidumbre, entonces al final has hecho mucho trabajo en vano. Aunque yo siempre digo que el trabajo hecho nunca es trabajo en vano, porque te mantiene activo y quién sabe si en otro momento, otro lugar y circunstancia no sale a la luz. Lo que pasa es que te crea una angustia y para mí, encima, que no soy de este país, también era duro.

—Esa necesidad de ser más líder que nunca surge cuando estás lejos de tu casa, tus afectos...

—Había un momento muy grande (en España) y yo no estaba ahí. Pero mi lugar era este, porque yo no podía pedirles a los bailarines que siguieran al pie del cañón si yo no lo estaba. Pero bueno, el artista tiene eso; yo me he tenido que subir al escenario y el día anterior me había enterado de una tragedia brutal. Y tuve que subir e interpretar ese papel en Moscú, en el Kremlin, ante 6.000 localidades, como si no pasara absolutamente nada. Ahora es desde otro lugar, pero te toca, y tampoco tienes que estar mostrando tus problemas porque si tú que eres el que tiene que dar el ejemplo te vienes abajo, ¿qué les pasa a los demás? Esta es una compañía joven, con gente de afuera, muy preocupados por lo que pasaba en sus casas, por eso los entendía bien. Algunos se fueron, no volvieron y no van a volver. Y hemos tenido alguna situación personal aquí muy, muy dura. Ahí lo tuyo se vuelve banal. Pero te cambia. Uruguay está viviendo en una burbuja dentro de lo que es todo esto; fui a España hace unos días y te puedo asegurar que el mundo ha cambiado

—Entre lo que le pasó al BNS durante la pandemia estuvo la llegada de Nadia Mara como primera bailarina. ¿Qué sentís que le va a aportar a esta compañía?

—Le va a aportar 14 años de vida en el Atlanta Ballet, y además como primera bailarina, bailando roles importantes, no solo de clásico sino también de contemporáneo. La veo trabajar en el salón, cómo hace las clases; se pone cada día como si fuera una alumna más, y en eso me siento identificado porque yo era así. Creo que eso le va a aportar a la compañía un nivel importante de profesionalidad, que no quiere decir que no la tenga, pero cuanto más puedas aportar, mejor. Yo estoy manejando para el año que viene dejar en la compañía un ballet, una nueva creación, y cuando hablé con la coreógrafa que me gustaría que la hiciera, Annabelle Lopez Ochoa, una número uno en el mundo, le dije que tenía aquí a Nadia Mara, y ella me dijo: “¡Yo la conozco, qué maravilla! Pues tienes a una coreógrafa ahí increíble!” El mundo de la danza es muy pequeño, al final el que no conoce a uno conoce a otro y todo se acaba juntando en un lugar. Por lo tanto creo que para el BNS es un momento muy bonito.

—Hablás de dejar una obra en el Ballet. En este período también trascendió que no vas a seguir en tu cargo en 2021. El año pasado habías hablado en entrevistas de que las elecciones podían condicionar tu continuidad; ¿cómo ha sido tu diálogo con el ministro de Cultura Pablo Da Silveira?

—Yo de eso prefiero no decir nada hasta que me vaya a ir, porque todavía queda tiempo de trabajo, y en este momento lo más importante es este nuevo espectáculo, es que venga el Tranvía (llamado deseo), es cuando venga La tregua, que para mí va a ser un momento cumbre. Y luego terminar de cerrar la programación del año que viene, porque hay ciertas cosas que a mí me gustaría dejar, como un ballet sobre Delmira Agustini, pero todo eso se tiene que aprobar. Por lo tanto, todavía queda mucho para que me vaya y para que diga cualquier cosa.

—¿En qué estado está La tregua?

—En buen estado porque afortunadamente llevamos trabajando desde finales de 2018, que es como he pensado siempre que se tienen que hacer las producciones así. Ya se estaba trabajando, entonces hay una parte de la coreografía que está hecha. La escenografía y el vestuario ya están en ejecución y estamos ahí, para el momento en que nos digan: “podéis empezar el contacto”, pegarle ya el empujón definitivo. Digamos que tenemos el 60, casi 70 por ciento (hecho); lo que ha hecho Gabriel Calderón es impresionante, Luciano (Supervielle) tiene la música ya, ahora faltan los retoques que vienen con la coreografía. Ahora le toca lo más duro a Marina (Sánchez).

—¿Imaginás que el estreno se va a concretar antes de fin de año?

—Yo no veo otra opción. Lo que pasa es que yo soy así. Aparte que hay que pensar en lo que uno quiere que se produzca, ¿sabes? Y no pienso en otra opción. Esta Tregua se tiene que hacer, sí o sí.

GALAS

“Volvemos con vos” en el Auditorio Nelly Goitiño

“El programa consta de tres partes”, cuenta Yebra sobre Volvemos con vos, el estreno del BNS de esta semana. “La primera es una suite de La Bella Durmiente, el prólogo de las hadas con el que he intentado hacer una especie de mix para que esto no parezca solo un concurso de variaciones. El máximo que tengo encima del escenario al mismo tiempo son ocho personas, pero manteniendo las distancias. Entonces hacemos esta suite, Raíces con coreografías de Marina Sánchez, extractos de ballets que tiene con música de aquí; y la tercera parte es el ciclo Volvemos con vos, donde vamos a ver a estos bailarines (de Seguimos con vos) en el escenario. Es un espectáculo entretenido”.

Un diferencial de estas galas es que marcan la vuelta de la compañía al escenario del Auditorio Nelly Goitiño donde, apunta Yebra, el Ballet no actúa desde 2008. La sala, además, cumplirá 85 años este jueves, así que el reencuentro sirve de celebración.

“A mí personalmente me parece hasta rendirle un homenaje a esa gente, porque gracias a que esa y otras salas existían y a que esos bailarines bailaban ahí, no en las condiciones que tiene ahora sino en unas mucho peores a las actuales, el BNS puede ser lo que es. Por lo tanto, es una especie de homenaje a ellos. Y una sala que para este tipo de espectáculos encaja muy bien, porque al tener poca gente en el escenario y una capacidad de público limitada, si esto lo haces en una sala grande, puede quedar muy frío”.

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