Entrevista con coco Sily

“Los humoristas están bastante asustados”

El notable cómico argentino se prepara para actuar en Teatro El Galpón

Coco Sily
Coco Sily llega a El Galpón. Foto: Difusión

"Este es un espectáculo que nació a partir de mi participación en un programa, Tarde Negra, con la Negra Vernaci, donde jugábamos con ese concepto de la cátedra del macho, y luego me llamó Planeta para escribir un libro, y cuando empecé a escribir el libro, me di cuenta que dentro de todo esto había un unipersonal. Y ahí nació, hace unos nueve años, La cátedra del macho. Cuando lo empecé a hacer yo nunca había hecho un unipersonal, y creo que desde el principio fue un espectáculo bendecido, porque tuvo un boom de espectadores. Y lo hice durante mucho tiempo, al principio en la calle Corrientes, después de gira, luego cerrando el año en el Teatro Ópera, y luego al año siguiente, cerrando la temporada en el Luna Park. Creo que era la primera vez que un actor se presentaba con un unipersonal en un estadio como ese”, explica sin ocultar su orgullo Coco Sily, quien se presentará el viernes 19 de octubre en el Teatro El Galpón, con La súper cátedra del macho, un conocido show que ha tenido varias versiones, y que ahora ofrece con nuevos monólogos, que apuntan a rescatar a través del humor, un mundo más de barrio y menos de diseño, más de las viejas tradiciones de la barra de amigos, y menos del sushi, las redes sociales y la fuerte imagen pública.

Además de humorista y actor, la carrera de Sily pasa por ser presentador de televisión, guionista, productor, director teatral y también un poco por la música. De hecho tiene planes para venir a tocar a Uruguay. Pero antes, traerá a El Galpón este clásico del humor argentino, que invita a reflexionar sobre cómo va cambiando el mundo en que vivimos. Ameno conversador, hombre gracioso, con un hablar verborrágico y lleno de ideas, Coco Sily habló con El País sobre su humor y el de sus colegas.

-¿Cómo cambió La cátedra del macho con el paso del tiempo?

-Esta sería una tercera versión, la Súper cátedra. Porque yo al monólogo lo voy actualizando, lo voy cambiando porque tuve que repetir muchas plazas teatrales. Y como lo llevé a las mismas ciudades muchas veces, lo tuve que ir renovando, para darle al público alternativas nuevas. Pero más allá de esos cambios, este espectáculo es como un gran chiste, sobre que el hombre ha perdido su lugar, en pos esencialmente de la modernidad. Jugando, el enemigo de esta cátedra es esta modernidad, este mundo encremado, este mundo depilado que estamos viviendo. El juego va por ese lado. Y en Uruguay lo conocen bien. De hecho, he ido bastantes veces a Montevideo con La cátedra del macho: la última vez creo que la hice en el Radisson, y antes en El Plaza, una sala que no está más. Y hace tres años que ya no hago temporada ni en Carlos Paz ni en Mar del Plata, sino que voy a Punta del Este. Y me va muy bien allí: creo que fui de los primeros que se instaló en Punta los dos meses, y no solo un fin de semana.

-Ahora incorporás otros temas.


-Sí, ahora jugamos mucho con las redes, con internet, con todo esto que ha sucedido, y que nos va dejando cada vez más afuera. Obviamente que desde una mirada bien humorística, que tiene que ver con los códigos, con esa situación barrial en la que vivíamos, y que lamentablemente cada vez se está perdiendo más. Y hoy se va para ese otro lado, de aislarse cada vez más, de hacer las compras del supermercado y pagar los impuestos, todo por internet. Desde ese lugar se planta este espectáculo, que no tiene otra intención que la gente se divierta. Lo que creo que se genera con el espectáculo, tiene más que nada que ver conmigo, más que con el espectáculo en sí: es una cuestión de empatía. Me parece que es lo que sucede conmigo: no es que van a ver un gran actor. La gente ha tomado empatía conmigo, me siente parte de ellos.

-¿Cómo manejás todo esto de la cuestión de género?

-Este show nunca tuvo ninguna connotación con lo femenino, porque no hablamos de la mujer en el espectáculo. Hablamos de otras cosas. Lo que pasa es que el concepto macho, cuando surgió hace una década, la palabra macho tenía otra implicancia. Eso me ha dejado a mí como un estereotipo relacionado con el macho y con el machismo. Pero en realidad con este espectáculo nunca he tenido ningún inconveniente con eso, porque no habla de la temática de la mujer. Aunque meto en este show un poquito de lo que está pasando con el feminismo. Pero lo hago para hablar de la actualidad, de lo que está pasando.

-¿Te preocupa herir la sensibilidad feminista con este tipo de show?


-En realidad, yo me siento bastante cómodo con eso, aunque los humoristas están todos bastante asustados con el tema, porque todo el mundo tiene miedo de lo que puede llegar a decir, y como se tome. Pero como yo vengo de un laburo de construcción personal con respecto a eso, gracias a compañeras de trabajo, gracias a mi hija, que es militante feminista, me gusta poder meterme con ese tema, porque es muy actual. Todo el mundo está con la cuestión de género, y todos los humoristas con miedo a qué dicen y qué no dicen, porque es un tema sensible.

-¿Vos sentís tu carrera en radio y en actuación como opuestas, o como complementarias?

-Todo eso tiene que ver con mi historia misma. Yo empecé siendo un hombre de radio, trabajé mucho en radio, y ese trabajo me fue interconectando con la televisión. Las dos cosas para mí son maravillosas, y a su vez ambas conviven perfectamente. La radio tiene un contacto muy directo con la gente, un retorno muy rápido, mientras que la televisión lógicamente es un producto más elaborado, con un contacto distinto con el público. De todos modos, yo trabajo en programas de televisión que suelen tener igual un contacto bastante directo, porque tienen que ver con el humor y con la actualidad. Pero creo que a través de la radio he logrado tener un contacto muy cercano con la gente.

-También venís desarrollando una actividad como cantante.

-He tenido mi banda, pero más como una actitud lúdica. Pero la tuve que soltar, porque no le podía dedicar tiempo, sobre todo por la radio. Y ahora estoy armando un proyecto más chiquito, con Rafa Varela, el hijo de Adriana Varela. Estamos armando un espectáculo chico, más para bares, pero como por darme el gusto. La idea es hacer cinco anécdotas bien divertidas, y cinco blues. Todavía no tenemos fechas, pero la idea es trabajarlo desde un lugar de placer. Capaz que vamos a Punta del Este el año que viene y hacemos algunas fechas en algún barcito de la costa. Estamos en eso.

-Tu público quizá no separa tanto tu actuación de tu personaje.

-La gente me siente como alguien muy común, como parte de ellos. Y eso siento yo que es mi fuerte. Mi mirada sobre la realidad es una mirada muy parecida a la gente común. Y yo tengo el don de poder transformar eso en una situación hilarante.

-Eso también tiene mucho que ver con la habilidad para contar anécdotas.

-Sí, saber contar, que es algo que me parece que sé hacer muy bien. No es por nada, pero yo soy un magnífico contador de anécdotas. De toda la vida, es algo que siempre me gustó. Yo soy actor, pero me he caracterizado bastante por eso de contar anécdotas. Y eso tiene que ver con muchas cenas con amigos, mucho bar. El bar te da anécdotas. También haber estado mucho tiempo con Roberto Fontanarrosa, con quien trabajé, con Alejandro Dolina, con quien también trabajé. Ir a comer con Guillermo Francella, que es el gran contador de anécdotas argentino. O con Puma Goity. Toda gente con la que competíamos a ver quién tenía la mejor. Por no decir la más larga. Porque las mejores anécdotas no son largas. La clave es que sean cortas pero muy divertidas.

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