ENTREVISTA

Hugo Arana: "Hoy uno ve mujeres que quieren ocupar un lugar de poder, y es el lugar que aprendieron de los machos"

El popular actor argentino estará desde mañana en Teatro Metro, con La ratonera, de Agatha Christie

Hugo Arana
Hugo Arana, en Montevideo. Foto: Leonardo Mainé

Mañana llega al Teatro Metro el reconocido actor argentino de cine, teatro y televisión Hugo Arana, para interpretar La ratonera, junto a María Rosa Fugazot y un gran elenco. Intérprete con más de medio siglo de carrera, en la que recorrió los más variados personajes, muchos sin embargo lo asocian más a sus papeles televisivos más divertidos, entre ellos los del programa cómico televisivo Matrimonios y algo más (de los años 80), donde representó dos personajes de gran repercusión popular: “El Groncho” y “Huguito Araña”, un estereotipo de homosexual afeminado.

Ahora, lógicamente, el conocido actor aparecerá en el Metro en un registro muy diferente. “En La ratonera hay un crimen, un asesino suelto, y una investigación de quién es el asesino. En el escenario hay ocho personajes, y cualquiera puede ser el asesino. Y tiene esa cosa de los buenos policiales, en los que el lector, o en este caso el espectador, le quiere ganar al detective. La obra también tiene una ironía fina, humor, drama y hasta una cuota de ternura. Y a la vez es absolutamente popular: tiene un lenguaje y una trama clarísima”, adelanta Arana sobre este título, que se verá mañana a las 21.00, el sábado a las 20.30 y el domingo a las 20.00. Abitab, de $ 1690 a $ 990.

-¿Para hacer un nuevo personaje, por dónde lo agarrás?

-No tengo una fórmula, pero he entrenado mucho. Arranqué en el año 65 y siempre trabajé en armar la profesión. Es un oficio esto, pero no fue como un deber, como quien hace salto rana, sino desde el placer. Uno puede aprender a fabricarse herramientas, y usarlas. Y yo he hecho mucho sótano, haciendo pruebas con compañeros. Y creo que hay infinitas maneras de armar un personaje. Cada personaje despierta una inquietud nueva de por dónde arrancar a componerlo. Pero siempre hay que saber qué quiere tu personaje: es como en la vida, si no sabés qué querés, se te va a complicar. Y luego, ver quién es un personaje aliado, y quién me frena. Y siempre va a estar uno en el personaje. Pero lo fundamental: saber qué conviene que el espectador esté viendo.

-¿Te gustan los personajes altamente conflictuados, o preferís personajes más cotidianos?

-Me gustan todos. No elijo ninguno, y he podido recorrer prácticamente todos los géneros. En general los actores hombres nos gusta hacer de villanos, pero uno tiene la posibilidad de sacar hacia afuera toda una zona oscura. Es fascinante hacer un cretino. Pero los personajes de humor también me llenan de regocijo. Más allá de eso, creo que un actor se forma en el teatro. La televisión o el cine no forman a un actor. Más aun: un actor formado, haciendo televisión, se tiene que cuidar. Tiene mayor necesidad de ser profundamente verdadero, porque tiene la cámara encima y se ve hasta el pestañeo.

La ratonera
La ratonera, un clásico del teatro de suspenso, en su versión porteña. Foto: Difusión

-¿Cambió mucho el ambiente artístico desde que vos empezaste en el teatro?

-No quiero generalizar, pero creo que hoy hay cierta cultura de la hamburguesa. En cinco minutitos te hacen un plato de comida. Pero alimentate de eso, a ver cómo te va. Hoy hay algo apurado, y creo que el actor tiene que cuidarse de eso. El actor tiene que detenerse a elaborar. Yo comparo al actor con el cocinero. El deber de un cocinero es ampliar su propio paladar. Y el actor también tiene que ampliar sus posibilidades de expresión.

-Ahora los actores argentinos están haciendo público lo limitados que están económicamente, ¿cómo ves eso?

-Nunca diría si lo tienen que hacer público o no. Cada uno que haga lo que quiera. Pero somos laburantes, y está difícil la situación. La obra social de los actores en Argentina está peligrando. Porque ha caído el ingreso de dinero, por la caída de la ficción. Esto es real. No es una postura. Mi política es el teatro, tratar de contar cuentos que yo sienta que sirven para algo. En el tema político, en los últimos tiempos he empezado a recoger las redes. Porque he dicho cosas con toda nobleza, creyéndolas, y en las redes sociales, o en algunos programas, sacan frases de contexto, y ponen una sentencia. Y yo odio las sentencias. O sea que si algún día descubro que me da placer ser descuartizado, volveré a ser opinólogo político.

-¿Cómo recordás Matrimonios y algo más?

-Era una época en la que había autores muy buenos, y nosotros éramos actores de teatro. Se sostenían las situaciones. Yo te hablaba de la cultura de la hamburguesa: después empezaron a aparecer en la tele muchos caraduras simpáticos. Me preguntan si aquel tipo de humor hoy se podría sostener, con la lucha de género. Qué sé yo. Las cosas se han ido modificando. En algún sentido muy bien, en otro, me parece que patinan. Hoy uno ve mujeres que quieren ocupar un lugar de poder, y es el lugar que aprendieron de los machos, y es un lugar de poder feo.

-El personaje famoso que vos interpretaste, El Groncho, ¿qué tenía que gustaba tanto?

-Primero, estaba bien escrita. Pero más allá de eso, creo que detrás de todas las situaciones que presentaba, que eran divertidas y demás, la dama se enojaba y se ofendía con él por bruto. Pero él, que siempre hablaba de otras minas, jamás la engañó. El Groncho era un tipo noble, buena gente. Nunca hizo una macanita. Él podía decir cualquier barbaridad, porque nadie creía que la pudiera hacer. 

-Huguito Araña fue otro de tus personajes inolvidables.

-Sí, Matrimonios y algo más era un taller de investigación para mí. Hugo Móser, que lo escribía, no me marcaba cómo tenía que hacer los personajes. Y un día yo tenía que interpretar a un contorsionista, y en vestuario me dan una mallita con brillitos, y zapatilla de baile negra. Y un cámara dice ‘qué linda colita que tiene Arana’. Y empezamos a joder, y a reírnos. Y me piden que haga de mariquita. Y a Móser le encantó, lo empezó a escribir, y la puso Huguito Araña. Yo le dije, ‘Huguito Araña, dejate de joder’.

-¿Te acordás cuándo viniste a actuar por primera vez a Uruguay?

-Fue en 1970, en el Solís. Y me quedó grabado porque estábamos llegando al puerto, y había cinco, seis o siete ómnibus quedamos. Estaba todo el tema de la insurrección, y fue algo impresionante ver todos esos vehículos quemados. Me quedó grabado. Vinimos a hacer El preceptor, de Brecht, con un grupo independiente. 

Hugo Arana
Hugo Arana, llega al Metro. Foto: Leonardo Mainé

-Contame un poco de tu personaje en" La ratonera", ¿se parece algo a vos?

-Uno se parece a todos los personajes, uno se parece un poco a cada uno de sus personajes. Cada uno de nosotros somos un misterio a recorrer: dentro están todos los personajes. La ratonera trata sobre un matrimonio que va a cumplir un año de casados, tienen una gran casona arriba de la montaña, y deciden abrirlo como hostería. Entonces empiezan a llegar huéspedes, y una tormenta de nieve va cubriendo todo. Y mi personaje es el único que llega sin avisar, porque se le quedó el auto en la nieve. Mi personaje es pintoresco, extraño: aunque en realidad, los ocho personajes son extraños. Todos tienen algún colorcito que da la sensación de que chirría.

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