Entrevista a Marcos Mundstock

“Hoy al humor hay que buscarlo con lupa”

Les Luthiers llega al Sodre en setiembre y el líder histórico del grupo contó los entretelones

Marcos Mundstock
Marcos Mundstock, un humorista de primer nivel. Foto: Carolina Martínez Gónez

"Somos un grupo mayormente judío, pero no hacemos humor judío. Tenemos esa influencia y ese estilo, aunque sea en las fuentes que hemos abrevado”, dice Marcos Mundstock con su voz grave de locutor formal. Y agrega sobre Les Luthiers: “La caligrafía del humorismo que hacemos tiene que ver con cierta elegancia en la forma de presentar los chistes. Y hasta de elegir los chistes. Es un estilo, que por suerte nos ha salido lindo”.

Con ese estilo inconfundible, con el que ha atravesado medio siglo y conquistado el premio Princesa de Asturias, el histórico grupo de humoristas argentinos se presentará en cuatro funciones, desde el miércoles 26 al sábado 29 de setiembre en el Auditorio Nacional Adela Reta, a las 21.00. Las entradas están en Tickantel.

Les Luthiers. Gran Reserva es un show que estamos disfrutando mucho, como nos está pasando cuando hacemos antologías, que son números que los elegimos por la repercusión que han tenido, y por el placer que nos da a nosotros hacerlas. Comparada con las anteriores antologías que hemos hecho, ésta no tiene hilo conductor. Acá el hilo conductor es que no hay. Hemos vuelto a la sucesión de números, con algún comentario, que nosotros llamamos Carpeta roja, que son las presentaciones que hago yo. Este show es un amontonado de cosas fantásticas”, promete Mundstock.

“Ya estamos pensando una nueva antología, y por ahí nos pica el bichito de escribir algo. Y seguir con las giras, que salvo por lo de hacer la valija y el avión, son fantásticas”, explica el humorista sobre los planes de futuro del grupo, que seguramente ahora en setiembre, una vez más, vuelva a llenar el enorme teatro del Auditorio Sodre.

-¿Con qué aparatos raros se va a encontrar el público uruguayo sobre el escenario?

-Dejame pensar: lo más nuevo que tenemos y que vamos a llevar es el Bolarmonio, que usamos en la Rhapsody in balls, que es este especie de órgano con pelotas de playa anaranjadas. También la marimba de cocos, que como vistosa es fantástica, además de sonar muy bien. Y está otro, en el que el intérprete se mete dentro del instrumento, que es un barril. Creo que esos aparatos musicales tan raros, además de la función que cumplen en el espectáculo, también visten el escenario, y funcionan como una escenografía.

-¿Con todo el discurso de los políticamente correcto, se ha limitado más la expresión humorística?

-Sí, hay ciertas cosas que uno por ahí en otro momento quizá no hubiera contemplado tanto, como eso de burlarse de una minoría, o citarla simplemente. Ahora uno tiene que tener cuidado, aunque nosotros nunca hemos pensado en eso previamente. Pero es cierto que nos hemos topado con ese tema. Teníamos por ejemplo una Serenata intimidatoria, del tipo que le canta a la mujer y amenaza con que le va a pegar. Y al final como la mina no le daba pelota, terminaba diciendo, ‘no importa, esa es una lesbiana’. Incluso cuando se hizo ese número, hace ya como 20 años, que no estaba tan al rojo el tema de lo políticamente correcto, nos vinieron a decir que eso no lo veían muy bien.

-Como que a veces la crítica a eso no tiene en cuenta el sentido irónico.

​-Claro, obviamente lo que nosotros queríamos decir es que el tipo ese era un energúmeno, jugando con cómo piensa un energúmeno. Y no hubo caso: la palabra lesbiana resultaba muy molesta. En España también: alguna vez hacíamos como un radioteatro, La cieguita, y nos decían que era como un menosprecio. Y es al contrario, nosotros nos burlábamos de la radionovela que hace hincapié en eso. Por suerte nosotros nunca nos basamos en ese tipo de resortes para hacer reír. O sea que mucho ni nos enteremos de cómo han cambiado las cosas en ese aspecto. Pero bueno, sea como sea, bienvenido el cuidado que hoy tiene la sociedad con no herir a las minorías. A pesar de que algunas veces se producen excesos en ese cuidado, que son hasta cómicos. Pero bueno.

-¿Cómo definirías el buen humor?


-Hay que definir primero de qué humorismo hablamos. Una cosa es la sutileza de un texto literario, y otra cosa es la inmediatez de un chiste en el escenario. En nuestro caso, como ya tenemos ese pacto con el público, desde hace 50 años, es que nosotros hacemos algo sobre el escenario que provoca carcajadas en los momentos de los remates. Y muy seguido, en menos de un minuto. Esa es una de las medidas posibles del humorismo, la eficacia de la carcajada en un público de teatro.

-¿Y cómo ves el humor en los medios?

-El humor siempre fue el mismo: han variado los envases. Acá en Argentina en los diarios hay columnistas que son humoristas, y son muy buenos. Pero también se han ido perfilando diversos estilos, a partir de que todo el medio ha cambiado. Antes, por ejemplo en la televisión, en horario central había un programa cómico, que tenía sus características determinadas. Ese formato se ha perdido. El humor está cambiando el packaging. No quiero hacer demagogia con los uruguayos, pero lo que antes era Telecataplum, o Hupumorpo, ahora lo que hay no es que sea malo: es que no hay. No hay cosas de esa elaboración, esa calidad. El humor hoy está desperdigado por ahí. Hoy al humor hay que buscarlo con lupa, y creo que en ese aspecto el humor ha bajado. Pero eso ocurre en la televisión, se ha perdido como ese hábito. Pero más allá de eso, el humorismo sigue siendo lo mismo. Un buen chiste sigue siendo un buen chiste, igual hoy que hace 40 años. Y lo mismo pasa en el teatro: un espectáculo que hace reír, una comedia, o un espectáculo como el nuestro, eso no ha cambiado en el gusto de la gente. En ese sentido pesan también las calidades, y el oficio para hacerlo bien. Hoy el público no exige menos.

-¿Ustedes en el público latino de Estados Unidos no han entrado mucho?

-En el público latino de Estados Unidos hemos hecho algún intento, en Miami, pero, como dice en las guías de turismo, no justifica el viaje. Tenemos destinos directos que no atendemos lo suficiente, como para apostar a eso. Lo mismo nos pasó con Israel, con su colonia de argentinos y latinoamericanos. Pero irse hasta allá, no significó la respuesta que tenemos, por ejemplo, en cualquier ciudad de España. Creo que tiene que ver con los gustos de ese tipo de población. También en los años 80 tocamos en el Lincoln Center de Nueva York, con muy buenas críticas, pero no nos convenía viajar tantos kilómetros para hacer, de pronto, un par de funciones. Cuando cruzamos a Montevideo y hacemos más. O las giras por España, donde las ciudades quedan cada 50 kilómetros y si quisiéramos… nos quedaríamos a vivir.

-Tú trabajaste con Santiago Segura, en Torrente 3. Es un salto en el humor muy grande de tu humor al de él, ¿no?

-Sí, Segura tiene muchos altibajos, tiene cosas que uno diría ‘no, pará, es muy ordinario’. Hay chistes de él que, por cierto, yo no haría ni aunque me obligaran con un revólver. Y tiene otras cosas que son geniales, y con la posibilidad de llegarle a tanta gente. Y tiene un oficio de director de cine que no es despreciable. La escena que yo hice con él era en un comando de asesinos especializados, y yo era el que vendía eso. Y el que venía a comprar era Fabio Testi, el mítico actor italiano que había laburado con De Sica. Yo ese recuerdo me lo atesoro. Una cosa divertida que tiene Segura es que junta esas cosas.

-¿Extrañás a Daniel Rabinovich?

-Por supuesto, era un hermano, un hermano compinche, en la vida y en el escenario. Por suerte en el escenario, la nueva formación es bárbara, y el que un poco ha tomado la posta de los números que yo tenía con él es Martín O’Connor, con el que ya jugamos de taquito. Con Daniel nos conocíamos tanto que surgía el timing naturalmente. Con Martín eso está saliendo, y el nuevo grupo es fantástico, y nos ha permitido bajar el promedio de edad. Y se nota, porque tenemos la referencia de la carcajada. Con la nueva formación sale igual o mejor que antes. Son más jóvenes y aportaron un impulso, una potencia un poco mejorada. Ahora que en el grupo somos seis, y por cierto suena fantástico con las nuevas incorporaciones. Tenemos el número del cuarteto que son músicos clásicos, que los confunden con un grupo de bailanta. Y tocan música barroca, y suena fantástico.

-Tu padre era relojero. ¿Te acordás algo de relojería? ¿Tiene eso algo que ver con el timing del humor?

-Sí, lo poquito que aprendí, pero no llegué más que a lo más elemental de la relojería. Nunca pasé de los despertadores a los relojes pulsera. Pero no, el timing escénico y la relojería no tienen nada que ver. Al contrario: la relojería es  parar y ver bien cómo es, y mirarlo de nuevo. El timing en el escenario es casi, te diría, que lo contrario.

Marcos Mundstock
Instrucciones para el uso del Bolarmonio, un instrumento que llega al Sodre
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