ENTREVISTA CON SERGIO bLANCO

“Hoy puedo decir que vivo de mis obras teatrales”

Hoy se presenta en el Solís Tebas Land, uno de los más premiados textos del teatro uruguayo

Sergio Blanco
Sergio Blanco, un artista uruguayo que va a más. Foto: Darwin Borrelli

Es en este momento el dramaturgo uruguayo más representado en el exterior, y que ha conquistado los mayores premios, entre ellos el prestigioso galardón británico Award Off West End en Londres, por su obra Tebas Land. Ese mismo título se presenta hoy a las 21.00 en el escenario mayor del Solís, en su versión uruguaya. Y la oportunidad dio pie para hablar con este gran creador uruguayo, que hace 25 años que vive en París, desde donde está conquistando los grandes escenarios del mundo.

-¿Tebas Land es tu mejor obra?

-Cuando uno tiene un éxito, una obra que funciona mucho, se puede quedar estancado en el regodeo. Le debo un antes y un después en mi carrera, pero no me gusta pensar que es mi mejor obra. Pero soy consciente de que escribí una gran obra: ahora me contactaron de Lisboa para hacerla, también se va a hacer en Estambul, Nueva Delhi, Tokio.

-Disculpá la pregunta, ¿has hecho dinero con los derechos de autor?

-No, no hay que disculparse por la pregunta. Françoise Sagan decía una cosa muy linda: el dinero es cómodo. Sí, hoy en día puedo vivir de mis derechos de autor, que percibo tanto en Uruguay como en el exterior. Es un lujo que tengo, junto con mi actividad académica: conferencias, seminarios. Pero sí, en este momento tengo siete u ocho obras que se están haciendo en distintos países, y en el total del año, van a ser unas treinta. Pero es muy difícil lograrlo: no quiere decir que sea fácil. Hoy puedo decir que vivo de mis obras teatrales. Y Tebas me ha dado también muchas satisfacciones pecuniarias.

-Cuando Tebas Land fue premiada en Londres por acá se dijo que la crítica montevideana en su momento no la había considerado. ¿Eso fue así?

-No, en Montevideo tuvo una recepción muy buena. En los premios Florencio la obra estuvo nominada en varias categorías, entre ellas Mejor Autor Nacional. Ese año el premio no lo gané yo, sino Santiago Sanguinetti, que fue alumno mío: que un estudiante esté en la terna con uno y le gane, es lo mejor que te puede pasar. No es justo decir eso: Tebas Land fue muy bien recibida en Uruguay, tuvo una crítica excelente. Esta es la sexta temporada que hace, y siempre a sala llena.

-¿Qué fue lo que hizo que Tebas tenga tanta aceptación?

-Por un lado, el tema. Habla del encuentro de dos mundos muy dispares. Por un lado, aparece ese dramaturgo que es un intelectual, un hombre de cierto refinamiento en el hablar. Y este otro personaje, el parricida, de una clase social que está en las antípodas. Y sin embargo, esos dos mundos se encuentran, en el reconocimiento de esa frontera. La obra habla de la necesidad de ese otro, distinto a mí.

-Y también por la forma.

-Sí, la forma en que está escrita. Es una obra de teatro dentro del teatro, que te va contando cómo se escribe una obra de teatro. Tiene como un juego de cajas chinas, y eso es muy seductor para el público. Es como entrar al disco duro de un creador.

-¿Qué versiones viste y qué diferencias notaste?

-Vi varias: la de Londres, la de Madrid, la chilena, la de Buenos Aires, la de Berlín. Y el teatro tiene eso paradójico: hay diferencias y a la vez es siempre lo mismo. Quizá la diferencia mayor sea en el vínculo que se establece entre los personajes. Algunos lo trabajan más como un vínculo padre-hijo. Otros más desde un vínculo de seducción. Otros desde profesor-alumno. Son opciones.

-¿Cuál es tu próximo estreno en Uruguay?

-Va a ser el año que viene: Cuando pase sobre mi tumba, ese texto que escribí con sangre. En estos días se está resolviendo el asunto de la sala. En Montevideo las salas están muy solicitadas, y a veces no están bien equipadas. Y yo hago un tipo de teatro en el que necesita determinada infraestructura técnica, que acá es difícil de conseguir. Acá la tienen pocos escenarios.

-Esa obra manuscrita también tiene un valor plástico.

-Sí, de hecho en el MoMa se va a hacer una exposición sobre escrituras performáticas, y fui invitado: se está organizando para el 2020. Esa exposición reúne cinco escritores de distintos continentes, y va a venir a San Pablo, va a ir al Reina Sofía, va a girar por cuatro o cinco museos internacionales. Yo hacía mucho que no escribía a mano, y al escribir a mano el tiempo es otro. Y eso además era escribir con pluma. Mi escritorio lo cubrí con nylon: parecía más un taller de un plástico que un escritorio. Y está escrita en cinco libros, que me mandé traer de Florencia, hechos por la misma papelería que abastecía a la familia Medici. Es un papel que absorbe muy bien la tinta. La historia del pensamiento se escribió a mano, y yo quería pasar por esa experiencia. Me gusta que lo que hago no se circunscriba al escenario.

-¿Se puede decir que sos francés por voluntad propia?

-Sí. Yo lo elegí. A los 10 años, cuando oí hablar en francés, a mi profesora de francés, supe que quería vivir en esa lengua. Sentí que era una lengua que a mí me abría el pensamiento. El español es una lengua con la que me llevo muy mal. Por eso escribo en español: es un terreno de combate. Yo era como Madame Bovary: abría el mapa de París y lo miraba. Sí, soy un francés por elección.

-¿Cómo es tu casa en París?

-Vivo en Sacre-Coeur, que es un barrio hermoso, en una zona que se llama la Goutte-d’Or. Un barrio de tradición de inmigrantes, que desde la Edad Media siempre estuvo frecuentado por bandidos, traficantes, clandestinos. Mi casa es absolutamente francesa, con mucho libro, y mi gato. Tengo un problema y es que yo no sé hacer nada dentro de una casa. Me da vergüenza decirlo: lo único que sé hacer es escribir y leer, y hacerme algún café con leche.

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