Crítica: Lo que mi mamá quería a mi papá

La historia de un actor puede ser la de un país

El polémico actor Franklin Rodríguez más autobiográfico que nunca en la Sala Zavala Muniz

Franklin Rodríguez
Franklin Rodríguez en su nuevo papel. Foto: María Fernández Russomagno

En Uruguay pasa una cosa rara: hay gente que se desgarra las vestiduras cuando ocurre una injusticia en el ambiente teatral, y sale a defender a un actor a capa y espada, pero luego no asisten al estreno de su obra. De hecho, hubo bastantes butacas vacías en el estreno de Lo que mi mamá quería a mi papá, la última obra de Franklin Rodríguez, algo curioso si se tiene en cuenta la dimensión pública que tomó el problema que el actor tuvo con El Galpón, FUTI y SUA.

Más llamó eso la atención porque se trata de un espectáculo autobiográfico, en el que en primera persona, el intérprete cuenta su vida, desde que nació hasta, justamente, los episodios de censura de los que ha sido objeto por parte del gremio de actores. Pero Franklin Rodríguez fue muy medido, y rozó apenas el tema con algún guiño irónico, evitando echar más leña a la hoguera.

Y es interesante ver este espectáculo (que el actor preparó mucho antes de tener sus líos con las tres grandes instituciones teatrales), para comprender más en profundidad a Rodríguez y su forma de ser, y su modo de vincularse al mundillo teatral.

Como espectáculo en sí, la puesta no ofrece mayores novedades, consistiendo en un unipersonal en el que el protagonista va narrando su vida y animando los distintos personajes en juego. Pero tiene un aspecto valioso, que es la naturalidad y soltura con que él anima todo el espectáculo, de punta a punta. Rodríguez vuelve a mostrar su familiaridad con el escenario, el modo en que puede ir cambiando de registros y códigos, sin exhibir la menor fisura, sin mostrar el artificio. Y el trabajo escénico es gracioso, divertido, el espectador pasa bien, es ameno.

Más en lo hondo, el actor se permite narrar una vida difícil en su infancia y adolescencia, contando con habilidad su historia personal y los problemas que tuvo que enfrentar, con la historia del país como telón de fondo, los años de la dictadura, y todo aquel mundo que además de dictatorial, tenía mucho de absurdo. Y el absurdo está muy presente en el humor de Rodríguez, quien parece en algún momento improvisar en escena, y no poder evitar la exageración. Porque el humor y la exageración muchas veces van de la mano, como es en este caso. Y cuando humor y exageración van juntos, el absurdo suele estar presente.

Todo el mundo, o casi todo el mundo, tiene una historia familiar detrás, en la que hay anécdotas graciosas y otras dramáticas, que hablan de un pasado que hoy aparece como lejano, y por tanto pintoresco. El mérito mayor de este actor, que también escribió el texto y se dirigió a sí mismo, fue armar eso como espectáculo, y como espectáculo eficaz. Un poco como hizo Pepe Vázquez en Paciencia y pan criollo, o Estela Medina en Solo una actriz de teatro, el teatro de corte autobiográfico tiene ese atractivo especial de mostrar entretelones de la escena. Y exhibir el rico pasado de una comunidad teatral, que (según Franklin Rodríguez) hoy está más dividida y peleada que décadas atrás.

ficha

"Lo que mi mamá quería a mi papá" [****]

Texto, dirección y actuación: Franklin Rodríguez. Ambientación sonora: Fernando Condon. Diseño de iluminación: Lucía Tayler. Diseño de escenografía, vestuario y gráfica: María Fernández Russomagno. Producción ejecutiva: Soledad Viera. Teatro: Sala Zavala Muniz, del Teatro Solís. Funciones: va mañana y el miércoles 5, y luego martes 11, miércoles 12 y jueves 13. Entradas: Tickantel, a $ 400.

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