CRÍTICA: lA EXTRAVAGANCIA

Gran actriz que entra y sale de la pantalla

En Espacio Teatro, un texto de Rafael Spregelburd, un dramaturgo argentino que aporta mucho al teatro local

La extravagancia
Alicia Garateguy, en La extravagancia. Foto: Mandy Barrios

La fecunda dramaturgia del argentino Rafael Spregelburd siempre regresa. Ahora una gran actriz, Alicia Garateguy, está encarnando este texto difícil de llevar al escenario. En primer lugar, complejo porque obliga a desdoblarse en tres personajes, tres hermanas que viven una encrucijada familiar dura, con toques almodovarianos, con ribetes disparatados. En segundo lugar, por ser un texto imbricado, que hay que seguir con atención y que puede dejar al espectador en el camino.

Siempre es un gusto ver a actuar a Garateguy, con su estilo impulsivo, su rostro lleno de expresiones, su cuerpo vigoroso. Y en este caso, ese juego de desdoblamientos le exige (y le permite) una gran exhibición de su talento actoral, tanto en escena como en pantalla. La obra es cortita, vigorosa también en cuanto al ritmo escénico, aunque a la hora de pasar raya el resultado quizá sea más apreciado por los espectadores más intelectuales, esos que gustan de buscar sentidos profundos, que para el público más liviano. Como experiencia estética el montaje rinde más que como espectáculo de entretenimiento. La escenografía tiene interés.

El nombre de Rafael Spregelburd lleva más de dos décadas rondando la cartelera teatral montevideana, a la que ha hecho grandes aportes. Entre los directores teatrales que difundieron sus obras en Montevideo ocupa un lugar fundamental Mariana Percovich, quien tan temprano como en 1996 hizo Destino de dos cosas o de tres, un montaje que tuvo lugar en la estación de trenes de Colón. En un banco del andén estaban Roberto Suárez y César Troncoso, quienes realizaban un magnífico trabajo actoral, casi a la intemperie. Curiosamente, esa obra, con ese nombre premonitorio, marcó un hito en la carrera de Percovich, Suárez y Troncoso, quienes luego desarrollarían notables trayectorias individuales.

Luego la dramaturgia de Spregelburd siguió llegando a los escenarios locales. La extravagancia fue hecha en 2000, interpretada por Susana Anselmi, bajo dirección de María Dodera. En 2005, Rubén Coletto hizo Raspando la cruz, y Juan Carlos Moreno hizo Pánico dos años después. La tiniebla fue puesta en escena por Javier Tió, y Acassuso por María Mendive. Y la lista es más mucho más extensa. Incluso en este momento, en el Teatro Victoria, Lúcido está dando sus últimas funciones.

Pero además, la influencia de Spregelburd en los dramaturgos uruguayos es clara y reconocible. En muchos de los grandes autores actuales, como Sergio Blanco, se puede ver su influencia. Desde las eruditas referencias humanísticas hasta los juegos filológicos.

Hoy mucha gente conoce a Spregelburd más por su perfil de actor, como el protagonista de una película tan buena como El hombre de al lado. Pero su aporte a la escena uruguaya es rico y variado. Claro que el tiempo ha pasado, y actualmente hay una experimentación escénica que es distinta, a veces más divertida, menos existencial, más lúdica. Y más abierta a más públicos. En eso La extravagancia quizá acuse el paso de los años.

ficha

La extravagancia [***]

Texto: Rafael Spregelburd. Dirección: Daniel Romano. Actuación: Alicia Garateguy. Diseño de escenografía y vestuario: Hugo Millán. Productora ejecutiva: María Eugenia Viera Cánepa. Sala: Espacio Teatro (Mercedes 865 casi Andes). Funciones: sábados a las 21.00. Reservas, tel. 2900 0316. Entradas: $ 380, en venta en la boletería del teatro.

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