TEATRO ARGENTINO

Gerardo Romano toma la palabra de la cuestión judía

El veterano galán argentino en Un judío común y corriente, en Sala Nelly Goitiño

Gerardo Romano
Gerardo Romano. Foto: Ricardo Figueredo

El actor argentino Gerardo Romano vuelve este jueves a la Sala Nelly Goitiño, con su unipersonal Un judío común y corriente, obra escrita por Charles Lewinsky en versión en español de Lázaro Droznes. Dará cuatro funciones (del jueves al sábado a las 21.00 y el domingo a las 19.00) y las entradas están en Tickantel y en la sala (Av. 18 de julio 930), a $ 1800 y $ 1500.

La obra parte del conflicto que debe resolver un judío alemán que vive en Alemania, cuando recibe la invitación de un profesor de Ciencias Sociales de una escuela secundaria, cuyos alumnos, luego de estudiar el nazismo, quieren conocer a un judío, hablar con él, saber sus puntos de vista. Es entonces que el protagonista pasa revista a los principales puntos de argumentación por los que considera que no debe aceptar la invitación. Y de esa manera ilustra a la audiencia sobre la problemática contemporánea de los judíos fuera de Israel, y sobre los problemas específicos que plantea para un judío la vida en un país cuya población vive bajo el peso sicológico de las consecuencias del nazismo.

No exenta de toques de humor, y a la vez de poseedora un gran peso dramático y una carga emotiva acorde al tema, Un judío común y corriente es un exigente trabajo actoral para Gerardo Romano, quien volvió con esta obra al formato de monólogo teatral, bajo la dirección de Manuel González Gil, prestigioso director argentino que ha presentado numerosos títulos en Montevideo, tanto con elenco argentino como uruguayo.

Romano también tiene una larga historia con la escena montevideana, que se remonta a espectáculos muy comprometidos, de carácter explosivo, como fue A corazón abierto. Pero en esta obra que viene haciendo con éxito, se lo puede ver en un registro igual de comprometido, pero con una reflexión mucho más honda. Es que Un judío común y corriente explora los entretelones de la religión, a través de ese argumento sencillo, aunque lleno de vitalidad, que le obliga a sostener a un único personaje en escena a lo largo de toda la obra.

“Esta obra es complicada, porque tiene una exigencia que no tienen otros unipersonales, dado que obliga a un tránsito emocional mucho más comprometido. Es más difícil estar haciendo un solo relato, con cierta cronología. Y una carga emocional mucho más compleja para la escena más temida del actor, que es la de perderse. Quedar en blanco. Como cuando estás hablando con alguien y te olvidás de lo que estabas diciendo, pero ante 500 espectadores”, comentó el intérprete sobre este trabajo que vuelve a presentar a Uruguay.

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