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“La gente se vuelca por los clásicos”

El Ballet Nacional Sodre da hoy, con entradas agotadas, la última función de Romeo y Julieta, montaje que hizo estallar la taquilla y que estéticamente marca un punto altísimo de la compañía.

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Julio Bocca. Foto: Francisco Flores

Pero para el director artístico del BNS, Julio Bocca, este 2015 que se va tuvo también otros logros que quedarán en su memoria y en la de tantos uruguayos, entre ellos la gran gala con la que la compañía oficial de ballet festejó sus 80 años de trayectoria. Además, este año el prestigioso bailarín argentino recibió de manos del presidente Tabaré Vázquez la Medalla Delmira Agustini, otro de los logros que lo convierte una vez más en el artista del año.

-¿Qué coreógrafos le interesaría incorporar y no resulta fácil?

-Alguien que me costó fue John Cranko, del que al final el año que viene vamos a hacer Onegin. Otro de los coreógrafos que me está siendo difícil, no con él porque no está vivo, sino con los que tienen los derechos, que todavía son más complicados que los coreógrafos, es Maurice Béjart. Y más allá de ellos hay una variedad de coreógrafos contemporáneos (yo tengo un listado por ahí), que quiero incorporar a la compañía. Nos quedan por hacer muchas producciones, lógicamente. También estoy hablando con Demis Volpi para que haga una versión de un ballet completo, estamos viendo cuál. Con él tuvimos una linda relación: nos quedamos muy contentos con su obra, y él también quedó muy contento con la compañía. Me gustaría tenerlo como coreógrafo, para que cada tanto venga a montar algo. Y estoy hablando con Raúl Candal y Silvia Bazilis, para hacer una nueva producción de Bella durmiente, un clásico que nos falta, que será para el 2018.

-¿De Béjart le gustaría hacer Bolero?

-No, Gaîté Parisienn”. Podría haber otra, pero son otros costos. Pero la Gaîté tiene algo muy rico, que conecta con lo que es la historia. Y me resulta también más juvenil como producción, le puede quedar mejor a la compañía. Bolero no es fácil de conseguir, cuesta, y te lo dan si ya tenés otras cosas hechas de él.

-En cuanto a géneros, ¿tiene intenciones de incorporar nuevos lenguajes y hacer la compañía más amplia?


-No, no, no. Esta es una compañía clásica, y ojalá que cuando yo no esté que siga de esa forma. No hay muchas compañías clásicas: claro que incorporando cosas nuevas, diferentes, o contemporáneas. Ahora estuve hablando con Patrick Flynn, el director general de Kooza, el espectáculo de Cirque du Soleil que viene, para hacer un intercambio cuando estén acá con los bailarines. Esas cosas me gustan, me interesan, siempre que sea algo especial. Pero no es que cualquier cosa se pueda incorporar: todo hay que verlo, ver de desarrollarlo, y después incorporarlo a la programación.

-¿Con Deborah Colker no ha pensado en trabajar?

-Sí, he hablado con Deborah, pero ella está en duda entre hacer algo nuevo o traer algo propio. Pero el año que viene vamos a hacer algo de Graciela Figueroa, que es maestra de Deborah Colker, y va a ser algo totalmente diferente. Yo no me cierro: la idea es ir agregando cosas, lo que pasa es que yo tengo que ir viendo un poco también lo que el público quiere. Para nosotros, lo que es programa contemporáneo siempre es lo que más cuesta vender. A mí me gusta seguir haciéndolo, porque es un crecimiento para la compañía, y porque lo tenemos que tener. Pero si uno va a los números, Romeo y Julieta agota antes de estrenar. Es nuestro récord. Sabemos que con los clásicos, la gente, de diferentes edades, se vuelca a verlos. Lo contemporáneo, siempre cuesta. Acá, y también en otros lados, aunque no en Francia o Alemania.

-¿Cómo trabajan con respecto a los derechos de autor de los coreógrafos?

-Yo trato de tener siempre presente cuál es la fecha de vencimiento de los derechos de las obras que tenemos, y dentro de eso trato de reprogramar. Por ejemplo, volver a hacer Hamlet ruso para el 2017, antes de que se termine el período para hacerlo, de lo contrario, hay que volver a pedir los derechos y pagar de nuevo, lo que aumenta el costo. Los derechos suelen ser por cuatro o cinco años, y en ese período intentamos volver a darlo, para recuperar la inversión. En algunos casos, como Without Words, que es una obra que le queda muy bien a esta compañía, se nos había acabado el permiso, pero se pidió especialmente para una gira, y te lo dan sin tener que pagar todo de nuevo.

-¿Con qué criterio se eligen las obras que salen de gira?

-Hay lugares donde uno puede elegir, y otros donde uno tiene que mandar un repertorio y los programadores eligen qué quieren presentar en su país. No son cosas que uno decida solo, es un ida y vuelta de cosas. A veces uno manda lo que sirve para mostrar a la compañía, pero también a veces depende de si es un festival, o qué les gusta a los directores artísticos de los teatros.

-¿Qué balance hace de la gala aniversario?


-Fue un desafío, también para demostrar que se pueden hacer esta clase de espectáculos: fue un ritmo de trabajo muy exigente para los bailarines, de acordarse de todo lo que tenían que tener presente, incluso obras que habíamos hecho mucho tiempo atrás. También fue un desafío los cambios de telones, escenografías, que son muy complejos, con la orquesta presente, y el coro. Desde que yo estoy, es la primera vez que estábamos todos en un mismo espectáculo. Y fue muy variado, y todo en dos horas y cuarto.

-¿Qué otros objetivos cumplen estas galas?


-Los invitados que vinieron le dieron otro marco, y a la vez ellos ven todo lo que se hace acá. Y los bailarines de acá ven el nivel que hay en otros lados a través de los bailarines extranjeros. Además hubo periodistas invitados de Argentina, de España, que vieron la compañía por primera vez y en los diferentes estilos.

-¿Es cierto que este año se hicieron gestiones para festejar los 80 años del Ballet Nacional Sodre en el Estadio Centenario y al final no cuajó?

-No, no cuajó, eran muy complicados los costos, eran demasiados, y por los recortes que nos pidieron a todos, era imposible. Fue un asunto de costos, en un año que está todo más quieto. Pero bueno, el Centenario siempre está. 

-¿Van a hacer funciones en verano, como han hecho otras temporadas?


-No, hoy 27 de diciembre, cerramos: este año fue agotador, y estamos todos muy cansados. Y el año que viene vamos a trabajar en Navidad y en Año Nuevo, pero en España.

-¿Y usted en verano, qué va a hacer?

-Yo me voy a Punta, como siempre, y después a Miami, a un casamiento de una amiga, que tiene 80 años y se casa por primera vez.

Se planifica un título de Nacho Duato para 2019


Nacho Duato Barcia (Valencia, 1957), el gran coreógrafo español, director artístico de la Compañía Nacional de Danza desde 1990 hasta julio de 2010, es otro de los nombres que podrán figurar en la grilla del Ballet Nacional Sodre en las temporadas siguientes. “Con Nacho Duato estamos hablando para traer Castrati, que es una producción de él. Yo le pedí para que hiciera algo: no lo descartó, por suerte, pero habló del 2019, porque él tiene toda una programación y obras que tiene que hacer. Pero la programación viene muy bien, el año que viene hacemos Petit mort, de Jiri Kylián. Son dos grandes coreógrafos que les quedan bien a la compañía y me gusta seguir manteniéndolos”, adelanta el director artístico del BNS.

Pero antes, habrá mucho para ver junto al ballet oficial. El año próximo abre la temporada El lago de los cisnes, que con coreografía de Raúl Candal se verá desde el 31 de marzo al 16 de abril. Las entradas ya están a la venta en TickAntel, y valen desde $ 160 a $ 810. En 2016 habrá también una Gala de Ballet, integrada por Paquita, de Luis Ortigoza, Petite mort, de Jiri Kylián, y Estreno Creación, de la destacada coreógrafa uruguaya Graciela Figueroa, que irá desde el 2 al 12 de junio.

A LARGO PLAZO


“En el futuro, ¿a qué isla me voy”


Consultado sobre si se volvería a Argentina, Bocca responde: “No me vino por la cabeza todavía, y creo que no. Uno va cambiando y aprendiendo. Por ahora no, pero es no por Argentina, sino por las grandes ciudades. No me siento viviendo en una ciudad enorme. Argentina tiene otros lugares maravillosos que también podrían ser. Uruguay lo que tiene es eso de lindo: que estás en una ciudad que es vivible para una persona como yo que le gusta la tranquilidad. Si te gusta la fiesta, el descontrol, la variedad, Buenos Aires te da mucho más. Es cierto que acá, si querés ver espectáculos, hay una gran variedad, y de calidad. No creo que vuelva a vivir en una ciudad grande, al contrario, siempre pienso, en el futuro, a qué isla me voy”.

Y sobre qué le rechina de vivir en Montevideo, explica:

“Como puede pasar en todos lados, me quejo de muchas cosas, como la suciedad, que es una cuestión cultural. El otro día llevaba a un invitado inglés por la Ciudad Vieja, y no encontrábamos los carteles de los nombres de las calles. Montevideo no está preparada para el turismo. Y la inseguridad, que está creciendo muchísimo: ojalá la puedan controlar, y que en vez de cárceles, construyan escuelas. Balancear para el otro lado: que no sean los delincuentes los favoritos”.

El BNS ya tiene planificado el año 2017


 La temporada 2017 también está siendo elaborada, y en este momento están en proceso de confirmación las siguientes obras: por un lado, se planifica volver sobre uno de los mayores títulos que ha hecho el BNS en los últimos tiempos, Hamlet ruso, espectáculo cuya coreografía es tan atrapante como su montaje.

Otro título que estuvo entre lo mejor de la compañía tendrá una segunda edición en un par de años: Un tranvía llamado deseo, que ofreció una alta cuota de teatralidad y también de gran interés en el montaje. La temporada 2017 se completaría con Don Quijote, Études, Adagietto, La consagración de la primavera y El Cascanueces. Por otra parte, para el 2016 también se prepara Carmen, de Marcia Haydée, y Onegin, de John Cranko.

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